La Universitat de València retira la placa con el nombre de la rectora de la valla 'antibotellón'
La Universitat de València (UV) ha ordenado la retirada de la placa inaugural de la valla 'antibotellón' que lleva el nombre de la rectora y el decano de la facultad de Economía. La retirada se produjo al día siguiente de conocer la colocación de la placa a través de las redes sociales, que provocó el enfado de parte de la comunidad universitaria. La rectora, al parecer, desconocía la existencia de la placa que lleva su nombre, según el entorno académico.
Las inauguraciones y la colocación de distintivos son prácticas obsoletas en la Universitat de València. Según recuerdan en la comunidad académica, el anterior equipo de gobierno de la UV ya no colocaba placas ni otros distintivos y, aunque la institución no tiene código ético propio, trabaja en la elaboración de uno y se nutre de aportaciones de otras instituciones. Según indicaron fuentes de la Universitat, se trabaja en un código de buen gobierno colectivo para las universidades públicas. La Conselleria de Transparencia, con competencias en calidad democrática, baraja pedir a todas las universidades públicas valencianas que suscriban su código de buen gobierno, que impide inauguraciones y distintivos y refuerza los compromisos en materia de transparencia, un valor en alza para las instituciones nutridas por fondos públicos.
La placa conmemoraba una obra que ha causado polémica. El objetivo del muro es, a priori, evitar los macrobotellones que se daban en el campus de Tarongers, cercano a varias zonas de pubs y discotecas donde se celebraban los jueves universitarios y las fiestas Erasmus. El botellón, además de estar prohibido en la ciudad, hace años que se desplazó del campus y las tradicionales paellas universitarias fueron privatizadas. Desde hace varios cursos ya no se organizan por los alumnos, sino que corren a cargo de empresas privadas, promotoras de otros festivales, que las organizan como eventos musicales en zonas próximas al Puerto de Valencia.
Los críticos con el muro, obra licitada por 2,7 millones de euros, critican que cierra el paso fuera del horario lectivo, interrumpe la circulación y el paso de algunos carriles bici. La cerca afecta a la percepción que se tiene sobre la universidad, que pasa de un espacio abierto, en el sentido metafórico y literal, a otro que, a partir de las once de la noche, cierra sus puertas.