Las urgencias valencianas rozan el colapso: de estar tres horas en el hospital a esperar cinco para ser atendidos
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El sistema sanitario público valenciano se encamina hacia un verano de extrema complejidad asistencial. CCOO y UGT han alertado ante lo que califican como una falta crónica de inversión en personal y recortes estructurales que amenazan con colapsar los servicios de urgencias hospitalarias de todo el territorio valenciano. La situación se ve agravada por dos factores concurrentes: el colapso previo de la Atención Primaria —que aboca a los pacientes a acudir a los hospitales con patologías ya agravadas— y el hecho de que la Conselleria de Sanidad todavía no les ha facilitado los detalles del Plan de Vacaciones para el periodo estival, según denuncian los sindicatos.
El escenario más alarmante se localiza en el Hospital Arnau de Vilanova, en València, cuyas urgencias se encuentran al borde del colapso tras registrar un incremento de más de 10.000 asistencias anuales entre 2019 y 2025. Los profesionales denuncian que se precisan al menos 14 médicos más para cubrir el servicio de forma digna, ya que el hacinamiento de pacientes en pasillos y en observación es una constante diaria. La situación empeorará en verano, cuando un tercio de la plantilla se marche de vacaciones.
El nuevo plan formativo de los MIR —que reduce sus guardias obligatorias en urgencias— compromete aún más la viabilidad de los turnos, dado que ningún facultativo externo acepta contratos de sustitución en estas condiciones. Una asfixia similar por volumen de pacientes sufre el Hospital de Sagunto, que ha pasado de 75.000 atenciones en urgencias en 2018 a unas 88.000 en 2025, tras haber sufrido recientemente la fuga de tres residentes que optaron por contratos más atractivos en otros departamentos. Además, alertan que en este mismo centro hospitalario han pasado en los últimos tiempos de que los pacientes pasen tres horas en urgencias a tener que esperar hasta cinco horas para ser atendidos.
Ante la escasez de efectivos en las bolsas de empleo, las direcciones de varios departamentos han comenzado a aplicar medidas restrictivas que aumentan el desgaste de un personal cada vez más “quemado”. En el Hospital de La Vila Joiosa (la Marina Baixa), la gerencia ya ha trasladado que las libranzas y días de descanso solo se concederán si hay personal disponible para la cobertura, y han advertido de que las bajas sobrevenidas podrían quedarse sin cubrir.
El conflicto laboral también ha estallado en el Hospital de Gandia, donde la dirección pretende obligar a los médicos a realizar seis guardias al mes alegando “necesidades del servicio”, una imposición que cuenta con el rechazo unánime de un equipo mermado que también sufre la falta de enfermeras y Técnicos en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE). Por su parte, en el Hospital de Xàtiva, la combinación de cuatro bajas médicas sin cubrir y las vacaciones prevé dejar al servicio con siete médicos menos en agosto, obligando a los facultativos restantes a asumir más de seis guardias individuales en un clima de alta ansiedad.
La precariedad es igualmente palpable en la provincia de Alicante. En el Hospital General de Alicante, los facultativos critican que la Administración mantenga el mismo número de efectivos para el verano sin realizar contrataciones de refuerzo ni cubrir las numerosas bajas actuales. Esta situación contrasta con la del Hospital de Torrevieja, que se ve obligado a recurrir sistemáticamente al pago de guardias extraordinarias durante todo el año para poder parchear la falta de estabilidad de su plantilla de urgencias. En el interior, centros comarcales con menor capacidad de absorción de recursos, como el de Alcoi, ya acusan la situación mediante el cierre físico de camas hospitalarias.
Una población que aumenta en periodo estival
La presión asistencial se desplaza en verano de forma masiva hacia los hospitales costeros, donde la población estacional se multiplica de forma exponencial. El ejemplo más paradigmático es el Hospital de Vinaròs, en Castellón, cuyo departamento atiende a municipios eminentemente turísticos como Peñíscola, que pasa de 8.500 habitantes a más de 100.000 en los meses estivales. Las urgencias de Vinaròs afrontan esta oleada en una situación límite: las bajas de facultativos no se sustituyen, solo hay un médico residente asignado a las guardias y la dirección baraja obligar a los médicos internistas a asumir turnos de urgencias.
Finalmente, el Hospital General de Castellón o el Consorcio Hospital General de València suman a la falta de personal el problema de las obras estructurales en sus instalaciones. En Castellón, la remodelación por fases de las urgencias y los paritorios ha obligado a desmantelar servicios enteros, como la planta de ginecología. Desde el centro castellonense advierten que el ritmo de trabajo no ha bajado desde el invierno y que afrontan un verano “duro” donde la escasez de espacio y de camas chocará con la llegada masiva de turistas y la celebración de festivales multitudinarios. Ante esta radiografía, los sindicatos exigen una auditoría global y la cobertura inmediata del 100% de las ausencias para evitar la degradación de la atención sanitaria.
Consultada por elDiario.es, la Conselleria de Sanidad no ha realizado ninguna valoración al respecto de las situaciones descritas por los sindicatos.