Vuelta al cole entre ladrillos y barracones en Alboraia: una constructora mantiene paradas las obras de mejora de los dos centros públicos
“Entre la normativa de seguridad por la COVID-19 y el parón de las obras que han dejado el centro empantanado esto es un absoluto caos, hemos perdido el patio, los niños deben salir por turnos a los espacios libres habilitados de recreo, los cuales están separados con vallas de las zonas de obras y en el caso de los más pequeños las mismas aulas se usan de comedor, mientras para los mayores se ha habilitado un barracón”.
Así describe Ricardo Herranz, presidente de la Asociación de Madres y Padres de Alumnos (AMPA) del colegio público de educación infantil y primaria Cervantes de Alboraia, la situación que se han encontrado los 370 alumnos de entre 3 y 12 años en el inicio del curso.
En el otro centro público de la localidad, el Ausiàs March, la paralización de los trabajos de mejora del centro y de construcción de un nuevo comedor escolar supuso las pasadas Navidades el traslado de sus 200 alumnos a barracones ubicados en un polideportivo aledaño, donde también han iniciado el presente curso, según lamenta Blanca Pérez, vicepresidenta del AMPA.
En ambos casos, el Ayuntamiento impulsó sendos proyectos de adecuación de los centros y de los comedores escolares en el marco del Plan Edificant de la Conselleria de Educación, por el cual los ayuntamientos realizan y tramitan los proyectos y el departamento autonómico los financia. En el caso del Cervantes, además, se incluyó la construcción de un gimnasio, que ha quedado con dos tabiques levantados en mitad del antiguo patio, también pendiente de remodelar.
Según informa la concejala de Urbanismo del Ayuntamiento de Alboraia, Ana Bru, los proyectos de ambos centros se adjudicaron a la empresa Contratas Vilor S.L., una compañía de dilatada experiencia tanto en el sector público como en el privado. En el caso del Ausiàs March, salieron a licitación por 964.430 euros y se adjudicaron por 843.437 euros, mientras el Cervantes salió a licitación por 1,3 millones de euros y se adjudicó por 1,2 millones de euros, en función de la oferta presentada por la propia empresa.
Las obras arrancaron en ambos casos a finales del pasado año con la idea de que estuvieran acabadas para el inicio del presente curso, pero irrumpió la pandemia y se paralizaron en el mes de marzo por el inicio del estado de alarma. Desde entonces, no se han vuelto a reiniciar.
Bru comenta que tras el estado de alarma, la empresa alegó que tenía cobros pendientes por parte de la conselleria. Sin embargo, Educación se puso al día en las certificaciones en el mes de junio y entonces la compañía, que ha declinado hacer declaraciones al respecto, se descolgó solicitando una compensación de 20.000 euros en concepto de mascarillas y otros elementos de protección frente al coronavirus y presentó modificaciones de los proyectos, que en el caso del colegio Cervantes implicaban un incremento de un 30% de los precios de adjudicación: “Estamos trabajando con el modificado que han presentado de este centro y estamos a la espera de que presenten el del Ausiàs March; consultaremos con a los redactores y al director de obra para valorarlo todo y reunirnos con la empresa constructora”.
En caso de no alcanzar un acuerdo, el último recurso sería rescindir el contrato e iniciar de nuevo el expediente de adjudicación, una opción que retrasaría de forma importante el reinicio y la finalización de las obras.