María Jesús Puchades, nefróloga, explica cómo prevenir los cálculos en el riñón: “Hay que producir al menos dos litros de orina al día”

Los riñones son, probablemente, de los órganos más discretos del cuerpo. Filtran impurezas silenciosamente 24 horas al día sin que seamos conscientes de su trabajo, pero esa discreción es un arma de doble filo, ya que cualquier patología puede tardar, incluso años, en ser identificada. En este contexto, la hidratación no es solo un hábito saludable, sino el pilar fundamental para cuidar y prevenir posibles problemas renales.

“Aunque realmente la evidencia es escasa, es recomendable aumentar la ingesta de agua para conseguir al menos producir de 2 a 2,5 litros de orina al día”, confirma la doctora María Jesús Puchades, secretaria de la Sociedad Española de Nefrología (S.E.N.). “La razón es que ayuda a disminuir la concentración de calcio, oxalato y otras sales en la orina, lo que puede ayudar a disminuir el proceso de formación de cálculos”, explica. 

Cuando no bebemos lo suficiente, nuestro organismo “aumenta la concentración de estas sales minerales y por tanto, favorece que precipiten y que formen nuevos cálculos o aumente el tamaño de los que ya existen”, argumenta Puchades, que recomienda aumentar el consumo de agua, también en caso de tener cálculos ya formados, “a no ser que el paciente tenga una contraindicación”.

La receta para la salud renal

Por supuesto, no todo es agua. Estas piedras pueden aparecer ligadas a otras causas y pueden tener diferentes orígenes y composición, según la experta. “En general, la obesidad y el alto consumo de sal son factores predisponentes a padecer cálculos”, explica la nefróloga, que aprovecha para desmentir que las dietas bajas en calcio puedan prevenir la formación de cálculos: “Contrariamente a lo que se pudiera pensar, no hay evidencia que lo respalde”.

Para proteger el riñón y disminuir la formación de cálculos, la receta de la especialista incluye una dieta equilibrada “con un aporte normal de calcio, reducción de la sal, proteínas animales moderadas, alimentos ricos en oxalato limitados si procede, evitar excesos de suplementos como vitamina C o vitamina D y las bebidas de cola y aumentar las frutas cítricas”.

Un órgano silencioso

Una prevención activa es especialmente importante debido a que la mayoría de las patologías renales no presentan síntomas iniciales. “Una persona puede tener enfermedad renal y no saberlo durante años si no se hace una analítica de sangre y orina”, advierte la doctora Puchades. Por eso, destaca la importancia de vigilar los parámetros que miden el funcionamiento renal, “la creatinina en sangre y la albúmina en orina, que es algo muy sencillo y económico”, además de la tensión arterial y la glucosa, que califica de “pilares de la salud renal”. 

“Sin embargo, si una piedra se ubica en una zona donde impide el tránsito de la orina, dentro del riñón o a lo largo de la vía urinaria, desencadenará un cólico renal, que es un proceso muy doloroso y que puede comprometer de forma grave el funcionamiento del riñón”, reconoce la nefróloga, que aclara que tampoco todos los problemas son silentes. 

Puchades también incide en que la presencia de sangre en orina, denominada hematuria, debe ser motivo de consulta inmediata con el especialista, ya que puede ser “consecuencia del roce de la piedra con el tejido renal o la mucosa de la vía urinaria, es decir, puede ser también una señal de que hay una piedra”.