Claves para prepararse para la temporada de alergias
Sale el sol de entre las nubes y el aire se llena de otros aromas. Los árboles reverdecen, los días se alargan, las flores se abren y, para mucha gente, salir al exterior se convierte en un concierto de estornudos incesantes, picor de ojos, moqueo y una fatiga que parece que viene de la nada. Bienvenidos a la temporada de alergias, un fenómeno que, gracias al cambio climático, cada vez llega antes y dura más semanas.
La alergia ya no es una molestia exclusiva de mayo. El periodo de polinización es cada vez más duradero, un fenómeno atribuible sin duda al cambio climático. Aunque tradicionalmente la temporada alta de las gramíneas, la segunda causa más frecuente de alergia respiratoria en España, se concentraba entre mayo y junio, hoy es posible encontrar picos de polen incluso en septiembre.
Hay otros motivos que tienen que ver con la globalización y las especies invasoras. Un estudio publicado sobre la región de Madrid descubrió que las especies de gramíneas exóticas florecen más tarde que las autóctonas mediterráneas. Es más, algunas gramíneas ornamentales, como la Cortaderia selloana (conocida como plumero), están provocando una segunda temporada de polen en otoño, con las consiguientes implicaciones para la salud pública. Esto significa que la 'temporada de alergias' puede durar meses en lugar de semanas.
El problema de salud de las alergias
La Organización Mundial de la Salud considera las enfermedades alérgicas como una de las seis patologías más frecuentes del mundo, que sufre aproximadamente el 25% de la población global. En España, la rinitis alérgica afecta a una de cada cinco personas y una de cada cuatro sufre algún tipo de trastorno alérgico en nuestro país, lo que la convierte en una de las enfermedades más prevalentes.
Cuando pensamos en alergia primaveral, la imagen típica es la de alguien estornudando sin control. Pero el cuadro clínico es mucho más complejo y se distingue de un resfriado común. En la alergia no aparece fiebre, ni secreción nasal verdosa (es clara), ni dolores musculares. En cambio, son muy característicos el picor de nariz y ojos, los estornudos en salva y el picor en el paladar.
Las alergias primaverales afectan a múltiples sistemas interconectados en el organismo. No solo provocan rinitis, también pueden desencadenar crisis de asma (especialmente nocturnas, ya que los músculos bronquiales se relajan por la noche), brotes de eczema en la piel y conjuntivitis, con ojos enrojecidos, hinchados y llorosos. Este conjunto de síntomas a lo largo de la vida se conoce como marcha alérgica o atópica, donde una afección suele llevar a la otra, creando un círculo vicioso difícil de romper.
Prepararse para la tormenta de polen
La clave para sobrevivir a la temporada de alergias no es esperar a que los síntomas aparezcan, sino adelantarse. Los expertos recomiendan comenzar las medidas preventivas entre seis y ocho semanas antes del pico de polinización. Este margen permite reducir la inflamación, estabilizar los mastocitos (las células que liberan histamina) y mejorar la capacidad del organismo para procesar esta sustancia.
- Conocer los niveles de polen:
El primer paso es conocer los niveles de polen, que se pueden consultar en sitios como la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC). Las recomendaciones básicas incluyen evitar salidas al campo, jardines o parques durante los días de alta polinización, especialmente si son secos, soleados y ventosos, ya que el viento remueve el polen depositado en el suelo. Para quienes viven en zonas costeras, hay un respiro: la concentración de polen en el aire es menor cerca del mar. En casa, es preferible ventilar las habitaciones al mediodía durante periodos cortos y dormir con las ventanas cerradas. Si se utiliza aire acondicionado, es fundamental usar filtros específicos antipolen.
- El cuidado personal como escudo:
La higiene personal es fundamental. Ducharse y lavarse el pelo al llegar a casa elimina el polen acumulado en la piel y el cabello, impidiendo que termine en la almohada durante la noche. Usar gafas de sol que cubran bien los ojos puede reducir significativamente la conjuntivitis alérgica.
- Alimentación:
Existe una relación directa entre la alimentación y la intensidad de los síntomas. La histamina es el químico principal que causa los síntomas alérgicos, y cuando el organismo no puede descomponerla eficazmente, los síntomas se intensifican. Reducir la carga de histamina a través de la dieta puede ser una ayuda considerable. En las semanas previas a la temporada alta, conviene limitar el consumo de alimentos ricos en histamina, como quesos curados, embutidos, tomates, espinacas, chocolate, vino tinto y alimentos fermentados. La vitamina C puede ayudar como un antihistamínico natural y los ácidos grasos omega-3 contribuyen a reducir la inflamación general.
- El tratamiento farmacológico y la ayuda profesional:
Cualquier tratamiento farmacológico debe seguir las indicaciones de un especialista. Los corticoides intranasales son considerados el tratamiento de primera línea para la rinitis alérgica, mientras que los antihistamínicos orales actúan como terapia complementaria. Existen también colirios con antihistamínicos o estabilizadores de mastocitos para los ojos. Es fundamental acudir al médico ante los primeros síntomas. Si persisten, puede ser posible realizar o repetir pruebas para identificar los alérgenos específicos. Una vez descubiertos, se pueden valorar tratamientos de inmunoterapia (las conocidas “vacunas para la alergia”), que pueden ofrecer una solución a largo plazo.
La primavera no tiene por qué ser una condena alérgica. Con información, preparación y la ayuda de profesionales, las personas alérgicas también pueden disfrutar del buen tiempo.