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Elisa Pascual, la escritora aragonesa de 12 años que visibiliza la dislexia: “Es una forma diferente de ver el mundo”

Elisa Pascual en la presentación del libro

María Bosque Senero

10 de mayo de 2026 02:36 h

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Son las 11 de la mañana, en el suelo de la Biblioteca del CEIP Ferrer y Racaj no se ve una baldosa. El alumnado ha acampado en el espacio entre las estanterías repletas de libros y las ventanas que ofrecen una vista espectacular de la estanca del Gancho de La Llana, en plena explosión de la primavera. El centro celebra sus Jornadas Culturales, y mientras en la sala de música José Miguel 'El Baño' —saxofonista de Sabina y Sergio Dalma, entre muchos otros artistas— charla con una parte del alumnado sobre música, saxofón en mano, los estudiantes de los últimos cursos esperan para escucharla a ella, a Elisa, la escritora que hoy presenta su primer libro publicado; una niña que tiene casi la misma edad que el expectante público que no le quita ojo. 

En un panorama literario donde la experiencia suele llegar con los años, la historia de Elisa Pascual rompe moldes. Con 11 años, esta joven de La Puebla de Alfindén (Zaragoza) ha publicado su primer libro, 'Aurora y los niños intrépidos', una obra que no solo destaca por su creatividad, sino por el mensaje que transmite: la dislexia no es un límite, es una forma distinta de entender el mundo.

Elisa comenzó a escribir esta historia cuando tenía ocho años. Lectora voraz, las palabras alimentan una imaginación desbordante que, sumada a una afición temprana por contar relatos, la impulsaron a trabajar durante casi un año en este primer libro de aventuras que trata sobre valores tan importantes como la amistad, la superación o la diversidad. 

Elisa Pascual presenta el libro ante otros niños de su edad

Lo que comenzó siendo un juego ha terminado convirtiéndose, dos años después, en un proyecto editorial real, con presentación pública y una clara vocación inclusiva, porque la ópera prima de Elisa está adaptada con una tipografía llamada opendyslexic especialmente diseñada —con fondos más pesados y espaciado más amplio entre las letras— con el objetivo de aumentar y facilitar la legibilidad de los lectores con dislexia. Además, dentro de poco será traducida también al lenguaje braille, un trabajo que se llevará a cabo con la colaboración de la Fundación ONCE. 

Una historia que nace de la dificultad

El caso de Elisa tiene una dimensión especial porque convive con dificultades en la lectoescritura, concretamente dislexia y disortografía, trastornos que afectan a la capacidad de leer y escribir correctamente.  Lejos de frenar su vocación, estas dificultades han marcado la forma de crear de esta jovencísima escritora. La propia Elisa defiende que la dislexia es “una forma diferente de ver el mundo”, una idea que también comparten especialistas y asociaciones, que insisten en que no se trata de una falta de inteligencia, sino de una manera distinta de procesar la información.

Amante de las letras, en todas sus dimensiones, Elisa comenzó a escribir en su pueblo, en la Asociación Literaria local y animada por Cristina, quien no solo le daba consejos, si no que la animaba a seguir dando rienda suelta a su imaginación, a dar forma a la historia y a los personajes. “Compartíamos una hora, repasábamos lo que había trabajado y me llevaba deberes para casa”, recuerda Elisa. Gracias a todo ese trabajo, al apoyo de las personas que ha ido encontrando en su camino, como Cristina, sus padres y la editorial Zafiro que la publica, esta joven ha podido ver su libro en las estanterías de una librería a la venta: “Me siento muy feliz cada vez que lo veo en una librería”, les confesaba sonriente a los niños del colegio de La Llana.  

Su primer libro publicado, 'Aurora y los niños intrépidos', tiene como protagonistas a tres jóvenes que viven aventuras en distintos lugares del mundo. A lo largo de sus páginas e ilustraciones, la autora habla al lector del valor de la amistad, la valentía y el poder de superación. Pero, en el fondo, las historias que acompañan a los personajes a los que Elisa ha creado, dibujan el reflejo de su propia experiencia.

¿Qué es la dislexia?

En España, la dislexia está reconocida como Dificultad Específica de Aprendizaje (DEA), de origen neurobiológico. Se define como un trastorno del neurodesarrollo que afecta principalmente a la lectura y la escritura, y se estima que afecta a entre un 5% y un 10% de la población. La dislexia se manifiesta en dificultades para reconocer palabras, leer con fluidez o comprender textos escritos. Entre sus características más comunes están: la lectura lenta o con errores, dificultad para relacionar letras y sonidos, problemas de ortografía o puntuación, y confusión de letras similares —como “b” y “d”—. 

“Leer un texto escrito por Elisa era un galimatías”, confiesa su madre. Y así, prestando atención a errores como confundir letras o alterar el orden de las sílabas —algo habitual en estos perfiles— los profesionales detectaron que Elisa “no era vaga, ni mucho menos distraída”. Elisa era una niña con una dificultad para el aprendizaje que se podía salvar adaptando el sistema: que el profesor lea el examen en voz alta, un simple cambio, puede hacer que Elisa entienda o no las preguntas y, por lo tanto, que tenga la oportunidad de demostrar sus conocimientos, o todo lo contrario. 

Cartel anunciador de la presentación del libro de Elisa Pascual

Sin embargo, las personas con dislexia suelen desarrollar otras habilidades que no solo resultan útiles en entornos profesionales, también a la hora de desenvolverse en entornos sociales. Entre esas habilidades se encuentran la creatividad, el pensamiento visual o la capacidad narrativa. 

De hecho, no son pocos los escritores que han convivido con esta dificultad y han encontrado en la escritura una vía de expresión. Una lista que encabezan: la dama del crimen, Agatha Christie; el autor de 'Matilda', Roald Dahl; el español Jordi Sierra i Fabra o F. Scott Fitzgerald, padre de la novela 'El Gran Gatsby'. 

Visibilidad desde Aragón

El caso de Elisa Pascual pone el foco en una realidad todavía poco comprendida. En la comunidad, la Asociación de Dislexia de Aragón trabaja desde hace años para dar apoyo a familias y sensibilizar a la sociedad sobre este trastorno, insistiendo en la importancia de la detección temprana y la adaptación educativa. Si estas dos variables se dan, la vida académica de una persona —niño o adulto— con dislexia multiplica la garantía de éxito.

Desde la Asociación recuerdan que llevan años denunciando la falta de visibilidad, de apoyo y sobre todo de formación para el profesorado, que son quienes se enfrentan a estos casos, cada día. Una realidad que comparten el cuerpo docente, que reconocen “no estar preparados” ni tener herramientas para abordar de manera adecuada un caso de dislexia en sus aulas. 

La visibilidad y la concienciación son fundamentales para sacar de la sobra esta dificultad de aprendizaje y, en el último tiempo, la joven autora zaragozana se ha convertido en un referente inesperado, y muy necesario, especialmente para otros niños que atraviesan las mismas dificultades a las que Elisa hace frente en su día a día. 'Aurora y los niños intrépidos' no solo está pensado como un libro para entretener, sino también para demostrar que leer y escribir pueden ser accesibles para todos si ambas acciones —fundamentales para cualquier ser humano— se adaptan a través de las herramientas adecuadas.

Más allá de las dificultades

Elisa no solo escribe: también estudia en el colegio de su pueblo, aprende música, monta a caballo y sigue imaginando nuevas historias. Su primera obra, esta novela corta de menos de cien páginas, tiene un final abierto y ya está trabajando en la segunda parte, a la vez que ha empezado a escribir de manera simultánea otra obra totalmente diferente. 

Pero es que su historia, la de Elisa, es en sí misma un mensaje: las dificultades de aprendizaje no definen el talento, simplemente lo moldean de otra manera.

En un contexto educativo donde la dislexia sigue siendo una barrera para una gran parte del alumnado, voces como la de Elisa Pascual contribuyen a cambiar la mirada y a dar un giro a la historia: de problema a oportunidad, de obstáculo a impulso creativo. Porque, como demuestra su caso, a veces las letras no se colocan como deberían, pero las historias siguen encontrando su camino.

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