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La ermita medieval de Tauste: patrimonio rural salvado por sus vecinos tras décadas de deterioro

Imágenes de la ermita de Tauste durante la restauración

María Bosque Senero

26 de abril de 2026 22:54 h

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A las afueras de Tauste, sobre una pequeña elevación del terreno que durante siglos ha dado la bienvenida a viajeros y vecinos, se alza —o más bien resistía— la ermita dedicada a Santa Ana y San José. Durante décadas, marcado por las grietas y después apuntalado y tapiado, este edificio ha sido símbolo de un patrimonio en peligro, pero también del esfuerzo colectivo por evitar su desaparición. Tras décadas de lucha y espera, la ermita volverá a ser visitable en mayo de este año, gracias a una profunda intervención en la que se han respetado tanto su diseño como los materiales originales empleados en su construcción, con el objetivo de devolver una imagen lo más fiel posible a la original. 

Una intervención Patrimonial que no solo garantiza la supervivencia de un edificio, sino la continuidad de las tradiciones asociadas al mismo, como la romería que cada 19 de marzo la vecindad de Tauste hace hasta este paraje, en familia, con amigos y acompañados de promesas y de una receta dulce típica de la villa, el fullatre. 

La ermita se remonta al siglo XV y constituye uno de los edificios más antiguos de la localidad zaragozana, solo superado en antigüedad por las iglesias de Santa María la Mayor y San Antón. Su arquitectura, de estilo gótico popular, presenta una nave rectangular, cubierta de madera y elementos constructivos humildes como mampostería, tapial y ladrillo.

Interior de la ermita de Tauste restaurada

Más allá de su valor arquitectónico, el templo ha estado profundamente ligado a la vida social y económica de Tauste. Durante siglos, los apicultores locales —organizados en la cofradía de Santa Ana— se encargaron de su mantenimiento, en una época en la que la producción de miel y cera tenía gran relevancia en la comarca.

La ermita fue también escenario de tradiciones arraigadas en la localidad, como el 'voto a San José', instaurado en 1599 tras una epidemia, que obligaba a los vecinos a acudir en procesión hasta el templo cada 19 de marzo, una costumbre que aún pervive. Romerías, celebraciones religiosas y elementos simbólicos convirtieron este espacio en un referente cultural y espiritual para generaciones de taustanos.

De centro de vida a edificio en ruina

Sin embargo, el paso del tiempo y la falta de mantenimiento acabaron por deteriorar gravemente el edificio. A lo largo del siglo XX, la ermita fue perdiendo uso y sus bienes artísticos —como retablos y esculturas— fueron trasladados a otros templos para garantizar su conservación.

La ermita de Tauste hace 40 años

El estado de la nave ha sido crítico: problemas estructurales, humedades, grietas y deformaciones han llevado a que sus muros tengan que ser apuntalados para evitar el colapso. La degradación ha sido tal que en noviembre de 2021 la ermita fue incluida en la Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra, un catálogo que recoge monumentos españoles en riesgo de desaparición.

La entrada en esta lista no solo evidenciaba el peligro, sino también la urgencia de actuar. Hispania Nostra subrayó la “importancia histórica y antropológica extraordinaria” y la necesidad de impulsar la rehabilitación de este inmueble para preservar, en cierta manera, una parte importante de la memoria colectiva del municipio.

Salvada por la vecindad

Lejos de resignarse, la comunidad local se ha ido movilizando a lo largo de los últimos años para mantener en pie la ermita: se construyeron paredes de ladrillo provisionales y se apuntaló la estructura para evitar su colapso. Pero no era suficiente. En 2025, el Ayuntamiento de Tauste programó una modificación presupuestaria dotada de 500.000 euros destinada a acometer las obras pertinentes para la consolidación y rehabilitación de la ermita de Santa Ana y San José. 

Interior de la ermita de Tauste antes de la restauración

Un año después “los trabajos se encuentran en fase de finalización”, asegura el alcalde, Miguel Ángel Francés, que espera que en mayo se celebre la inauguración del edificio ya rehabilitado “con una fiesta por todo lo alto”, asegura el primer edil. Así mismo, en 2026, el Ayuntamiento de Tauste ha aprobado una nueva partida de 400.000 euros que se destinarán a “habilitar un paseo que conecte el pueblo con la ermita”, concluye Francés.

¿Por qué ahora? El alcalde de la localidad asegura que es el momento porque “las cuentas municipales están saneadas y hay remanente” suficiente para que el Ayuntamiento se permita afrontar una inversión de estas características. La vecindad está satisfecha y el objetivo común es claro: consolidar la estructura, frenar su deterioro y, a la mayor brevedad posible, devolverle parte de su función como espacio cultural y simbólico.

La inclusión en la Lista Roja, de hecho, funciona como una llamada de atención que facilita la visibilidad de monumentos como esta ermita, datada del siglo XV y profundamente ligada a la historia y tradición de la villa de Tauste. En este proceso la implicación vecinal y el propio Ayuntamiento han sido claves, siguiendo el ejemplo de otros monumentos que han logrado salir de la Lista Roja gracias a la colaboración entre ciudadanía e instituciones.

El yeso aragonés, protagonista de esta restauración

La restauración de la ermita se ha planteado con el objetivo de respetar al máximo los materiales y técnicas originales, tal y como asegura María Aragüés, arquitecta del proyecto. El material principal utilizado para revestir nuevamente las paredes es el yeso tradicional aragonés, elaborado de forma artesanal, ya que es el único compatible con los muros originales, también hechos con yeso. Se ha mantenido el sistema constructivo original del edificio con arcos fajones de ladrillo, sobre los que se apoya una cubierta reconstruida con vigas de madera y teja árabe, apunta Jaime Carbonell, aparejador de la obra y un firme defensor de la recuperación del patrimonio aragonés, implicado personal y profesionalmente en distintas obras de este tipo en la comunidad.

Exterior de la ermita de Tauste antes de la restauración

En el suelo de la ermita también se ha recuperado el uso del yeso, aunque apoyado sobre una solera de hormigón de cal transpirable —evitando el cemento por ser perjudicial—. En algunos elementos concretos, como el óculo, se ha introducido alabastro para permitir la entrada de luz.

En cuanto a las zonas intervenidas, la actuación ha sido amplia: desde la cubierta —con la reconstrucción tras su hundimiento, recuperando su estructura tradicional—, hasta la espadaña —recuperando su parte superior para devolverle su aspecto original—. Asimismo, se han consolidado y reconstruido los muros, incluyendo el muro oriental, donde se ha añadido un nuevo arco fajón para dar continuidad al edificio, y se ha repuesto el suelo y enlucido de paredes. En cuanto a las capillas laterales, no se han reconstruido, pero se conservan sus huellas —cimentación y accesos—.

En la parte exterior, se ha recuperado el antiguo porche orientado hacia la localidad de Pradilla. Y se ha intervenido en el entorno, mejorando el espacio y demoliendo construcciones posteriores carentes de valor, como la casa del santero.

En conjunto, la intervención ha cumplido el deseo del pueblo y de los profesionales que la han hecho posible: llevar a cabo una restauración fiel de los elementos originales, con actuaciones puntuales para garantizar la estabilidad y funcionalidad de la ermita, respetando el carácter histórico de este singular y querido edificio de Tauste.

Un futuro por escribir

La ermita de Santa Ana y San José encarna una realidad frecuente en el patrimonio rural español: edificios de enorme valor histórico que, sin uso ni mantenimiento, se enfrentan a la ruina. Pero también representa una oportunidad.

Su historia, ligada a la religiosidad popular, a la economía tradicional y a la identidad de Tauste, sigue viva en la memoria colectiva. Y esa memoria, se ha transformado en acción. Entre muros agrietados y vigas de refuerzo, se abrió paso una nueva etapa en la que la recuperación ya no es solo un deseo, sino un proyecto compartido que, gracias a la suma de todas las fuerzas, se ha hecho realidad. 

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