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La recuperación del melón autóctono de Torres de Berrellén: un símbolo rural e identitario que trasciende lo agrícola

El proyecto de recuperación del melón de Torres de Berrellén arrancó en 2015

María Bosque Senero

27 de abril de 2026 22:21 h

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Torres de Berrellén vuelve a ser conocido como “el pueblo de los melones”. Un apelativo que le acompañó durante décadas hasta que el paso del tiempo, la mecanización agrícola y el abandono de cultivos tradicionales provocaron la desaparición de este cultivo, uno de los productos más emblemáticos de la ribera alta del Ebro. La historia no ha acabado, solo ha sido un alto en un camino que, tras más de diez años de trabajo e investigación, continúa para el melón autóctono de Torres de Berrellén, que ha vuelto a abrirse paso en los campos aragoneses, convertido en símbolo de identidad, innovación y futuro rural.

El proyecto de recuperación arrancó en 2015 impulsado por vecinos del municipio, con el apoyo de instituciones científicas como el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA). El objetivo era claro: rescatar el “melón verdadero”, una variedad tipo Tendral muy valorada en el siglo pasado, pero que había desaparecido sin causas del todo claras.

El punto de partida fue casi novelesco: unas semillas halladas en un antiguo granero fueron el detonante de un largo proceso de investigación, selección y cultivo experimental que se ha prolongado a lo largo de más de una década.

Un proceso científico, agrícola y social

La recuperación del melón de Torres de Berrellén ha sido el resultado de un largo proceso que ha combinado investigación científica, trabajo agrícola y colaboración social. Lejos de ser una iniciativa rápida, el proyecto se ha desarrollado por fases bien definidas. En primer lugar, se llevó a cabo la recopilación y conservación de semillas, gracias a la aportación de agricultores locales que aún guardaban variedades antiguas. A partir de ahí, se iniciaron ensayos de cultivo tanto en los campos del municipio como en las instalaciones del Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA), con el objetivo de comprobar su adaptación y calidad.

Posteriormente, los investigadores abordaron la selección y depuración genética mediante análisis físico-químicos y sensoriales, con los que se buscaba recuperar las características originales del fruto. Una vez estabilizada la variedad, se procedió a la multiplicación de semillas para facilitar su reintroducción entre los agricultores. Desde 2018, además, se han impulsado cultivos ecológicos y pequeñas pruebas de comercialización.

Venta del melón de Torres de Berrellén

El proceso alcanzó un hito fundamental en 2025 con la inscripción oficial de la semilla en el registro de variedades de conservación, lo que asegura su protección y difusión a futuro. Tras una década de trabajo, el CITA ha logrado recuperar dos tipos de simientes —verde y blanco— que hoy se conservan en el Banco de Germoplasma Hortícola, donde permanecen deshidratadas y congeladas a -18 °C para garantizar su viabilidad a largo plazo. Además, el centro puso en circulación más de 6.000 semillas para su cultivo en la campaña de 2025, consolidando así el regreso de este producto emblemático a los campos aragoneses.

Actuaciones para consolidar el proyecto

Más allá del ámbito estrictamente agrícola, la recuperación del melón de Torres de Berrellén se ha apoyado en una serie de actuaciones de carácter social y cultural que han resultado ser claves para consolidar el proyecto y asegurar su continuidad. Entre ellas destaca la creación de la Asociación Amigos del Melón de Torres de Berrellén, entidad encargada de coordinar los esfuerzos y dar cohesión a la iniciativa. También se ha registrado una marca comercial que permite identificar y proteger este producto autóctono en el mercado.

El impulso de huertos comunitarios y cultivos ecológicos ha sido otra de las líneas de actuación, en algunos casos vinculados a proyectos de inclusión social, como Gardeniers, lo que ha añadido una dimensión solidaria al proyecto. Al mismo tiempo, se han ido desarrollando numerosas actividades culturales y divulgativas —como rutas, catas, talleres, publicaciones y documentales— destinadas a sensibilizar a la población y a dar a conocer el valor histórico y gastronómico de este particular melón.

Mientras tanto, la conservación de las semillas en el Banco de Germoplasma garantiza su preservación a largo plazo, evitando que esta variedad autóctona vuelva a perderse. En conjunto, todas estas iniciativas han permitido no solo devolver al presente un cultivo tradicional, sino también reconstruir en torno a él un auténtico ecosistema agrícola, social y cultural. Y todo esto ha sido posible gracias a la implicación de vecinos, entidades públicas y profesionales de múltiples ámbitos.

Mucho más que un melón: identidad y futuro

Por todo lo anterior, la recuperación del melón de Torres de Berrellén va mucho más allá de la simple reintroducción de un cultivo tradicional a la tierra de donde procede. Su regreso supone, en primer lugar, la recuperación de la memoria colectiva de todo un municipio, al devolver a sus vecinos un símbolo profundamente ligado a su historia y a su identidad. Este fruto, que durante décadas formó parte del paisaje y de la vida cotidiana del pueblo, vuelve ahora a ocupar un lugar central en la cultura local.

Al mismo tiempo, la iniciativa contribuye a poner más en valor el medio rural como un ejemplo de apuesta por productos de proximidad y de alta calidad frente a modelos agrícolas intensivos y de menor valor añadido. En este contexto, el melón se convierte también en motor económico, porque con su entrada de nuevo en escena ha impulsado la aparición de nuevas oportunidades en ámbitos como la producción, la comercialización y el turismo gastronómico, cada vez más vinculado a la autenticidad y a los productos de origen que cuentan su propia historia.

Otro de los pilares del proyecto es la preservación de la biodiversidad agrícola. La recuperación de este melón autóctono es un ejemplo de protección de una variedad tradicional que había estado al borde de desaparecer frente a la estandarización del mercado global. Finalmente, el proceso —en el que se han invertido mucho tiempo y recursos humanos y tecnológicos— ha servido para fortalecer la cohesión social al implicar en un objetivo común a agricultores, investigadores, instituciones y vecinos, demostrando que la colaboración puede ser clave para recuperar y proyectar el patrimonio rural —también el agroalimentario— hacia el futuro.

La historia ha sido recogida en un documental en el que se cita esta frase: “De una semilla nace un pueblo”. Y en este caso, no es solo una metáfora. El melón de Torres de Berrellén ha pasado de ser un recuerdo a convertirse en un ejemplo de cómo la tradición, la ciencia y la comunidad pueden unirse para recuperar el pasado y sembrar futuro.

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