Cómo funciona la calefacción por infrarrojos y qué tiene que ver con la acumulación de polvo en casa

Edu Molina

22 de enero de 2026 15:47 h

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La manera en que se calientan los hogares ha cambiado con el desarrollo de nuevas tecnologías, ofreciendo alternativas que buscan mejorar tanto la eficiencia energética como el confort interior. La calefacción por infrarrojos se ha posicionado como una de estas soluciones, ya que distribuye el calor de forma diferente a los sistemas tradicionales. Su funcionamiento no solo afecta la sensación térmica, sino que también influye en cómo se comporta el ambiente dentro de la vivienda, desde la temperatura de las superficies hasta la percepción del calor por parte de las personas.

Más allá del propio funcionamiento, la elección de un sistema de calefacción tiene consecuencias sobre otros aspectos del hogar, como la limpieza y la calidad del aire. Comprender cómo se transmite la radiación infrarroja y cómo esta interactúa con las partículas presentes en la vivienda permite tomar decisiones más informadas sobre qué tipo de calefacción instalar. Este conocimiento resulta especialmente útil para quienes buscan un entorno en el que el calor se distribuya de manera uniforme y la acumulación de polvo no afecte la vida diaria.

Cómo funciona la calefacción por infrarrojos

La calefacción por infrarrojos se basa en un principio distinto al de los sistemas tradicionales: en lugar de calentar el aire, emite radiación que llega directamente a los objetos, las superficies y las personas presentes en la habitación. Al recibir estas ondas, los cuerpos absorben la energía y liberan calor hacia el entorno, generando una sensación de confort térmico uniforme sin necesidad de elevar primero la temperatura del aire. Este mecanismo reproduce de manera práctica el efecto del sol, proporcionando calor de forma inmediata y directa sobre los elementos con los que entra en contacto.

Los dispositivos que utilizan esta tecnología funcionan mediante la emisión controlada de radiación infrarroja. Las ondas viajan a través del espacio hasta impactar en los cuerpos y superficies, transformándose en calor al ser absorbidas. Este calor es progresivamente transferido al aire circundante de manera indirecta, lo que significa que la temperatura de la habitación aumenta de forma gradual a medida que los objetos irradiantes calientan el espacio.

Entre sus ventajas más destacadas se encuentra la rapidez en la percepción del calor y la eficiencia energética. Al calentar directamente los cuerpos en lugar del aire, los emisores por infrarrojos permiten disfrutar de un ambiente cálido desde el primer momento. Además, al no producir la estratificación del aire —el fenómeno por el cual el aire caliente asciende y el frío queda en la parte inferior—, el calor se mantiene más estable, evitando variaciones bruscas de temperatura en distintos puntos de la estancia y optimizando el consumo energético frente a métodos tradicionales.

Relación con la acumulación de polvo en casa

La calefacción por infrarrojos tiene la particularidad de no mover el aire dentro de la habitación. Al calentar directamente a las personas y los objetos, las partículas de polvo no se levantan ni se agitan, lo que hace que el ambiente se sienta más limpio y estable. Esto evita que el polvo se disperse constantemente y que se formen nubes de partículas en suspensión, algo habitual con los sistemas de calefacción que dependen de corrientes de aire para distribuir el calor.

Aun así, esto no significa que el polvo desaparezca por completo. Con el tiempo, las partículas siguen depositándose sobre suelos, muebles y otras superficies debido a la actividad diaria, la ventilación o la presencia de textiles y mascotas. Por eso, aunque el aire se mantenga más estable y con menos polvo flotante, la limpieza regular sigue siendo necesaria para que la casa permanezca cómoda y saludable.