La temperatura ideal a la que dejar la calefacción por la noche para mantener la casa caliente y ahorrar en la factura
Durante el invierno sentimos la tentación de dejar la calefacción encendida durante todo el día y a máxima potencia con el fin de espantar el frío de la calle. Pero esto no solo sería perjudicial para el medioambiente, también dispararía de forma desorbitada la factura de la luz. No solo eso: contrario a lo que pueda parecer, esta no sería la opción más eficiente de mantener una temperatura estable en casa, especialmente por la noche. Existe, de hecho, una temperatura ideal que mantiene el equilibrio entre tener la casa caliente mientras dormimos, al tiempo que ahorramos dinero.
La calefacción es la principal protagonista de las facturas de la luz. De acuerdo el Centro Nacional de Educación Ambiental (CENEAM), la calefacción es responsable del 63% del consumo energético. En otras palabras, consumimos más energía en mantener nuestra casa caliente que en nuestros electrodomésticos, cocina e iluminación juntos. Teniendo esto en cuenta, muchos han puesto los ojos en sus sistemas de calefacción, y en cómo ahorrarse dinero en su factura de la luz.
Temperatura ideal para dejar la calefacción de noche
Antes de nada hay que aclarar que lo ideal, según el Instituto para la Diversificación y el Ahorro de Energía (IDAE), es apagar la calefacción por la noche. Esta organización estatal, dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, detalla que la temperatura ambiente en la habitación mientras dormimos puede mantenerse entre los 15 y los 17 grados. “Suficiente para dormir confortablemente”, explican.
Sin embargo, muchos conviven con el hecho de que su vivienda no está bien aislada y pierde mucho calor por la noche. Para estos casos el IDAE recomienda dejar la calefacción puesta, pero con el termostato bajado a unos 15 o 17 grados. Y es que, por cada grado que se incrementa la temperatura de un edificio o vivienda mediante la calefacción, el consumo energético aumenta en un 7%, al igual que el gasto en calefacción y las emisiones de CO2, advierten desde el IDAE: “Como norma, apagar por la noche y encender [la calefacción] unos minutos al levantarse es mucho más eficiente que dejarla encendida toda la noche”, explican.
Cuándo dejar la calefacción encendida
Como hemos comentado, no hace falta mantener la calefacción encendida durante todo el día para mantener la temperatura de nuestra vivienda estable. En principio, puede parecer que tener que encender la calefacción después de un tiempo para calentar una estancia supondrá consumir mucha más electricidad que si lo dejásemos encendido. Sin embargo, debes saber que se trata de lo contrario.
Mantener una temperatura en el hogar dejando el calefactor encendido todo el día requiere de un aporte de energía constante. La vivienda, por muy eficiente que sea en su construcción pierde calor a través de sus muros, techos, puertas y ventanas. Esto es un hecho que los sistemas de calefacción tratarán de compensar a lo largo de la jornada, aumentando el consumo.
Por el contrario, a medida que la casa pierde calor, la casa se enfriará menos. Esto es así porque tendrá una temperatura cada vez más similar a la de la calle, evitando grandes disipaciones de calor. Es por ello que, cuando se apaga la calefacción el sistema deja de gastar energía para compensar las pérdidas de calor, y la energía que se deja de gastar es más que la que se necesita para recuperar la temperatura.
Para mantener la casa caliente no es necesario que esté encendida la calefacción todo el día, tampoco en todas las zonas de la casa. Lo óptimo es que apagues la calefacción cuando salgas de casa, con independencia de si estarás fuera durante todo el día o solo unas horas. Deberás tener en cuenta, eso sí, que por lo general se tarda aproximadamente un grado en aumentar la temperatura desde que se enciende la calefacción, y después 45 minutos para que aumente otro grado.
De hecho, la temperatura no tiene por qué ser la misma en todas las estancias, ya que no llevaremos a cabo la misma actividad en todas ellas ni pasaremos el mismo tiempo. El CENEAM distingue entre distintos espacios, a los que conviene mantener bajo una temperatura determinada:
- Estancias sin calefactar: son aquellas en las que no se permanece mucho tiempo, cómo los sótanos que no se utilizan con fines recreativos o habitacionales; o los trasteros.
- Estancias frescas: se trata de espacios de tránsito, como los pasillos (aunque entran en esta categoría los dormitorios). Se pueden mantener a una temperatura relativamente baja, de entre unos 15 a 17 grados.
- Estancias con un nivel intermedio de calor: el CENEAM los describe como aquellos espacios en los que, a diferencia de los dormitorios, no permaneceremos al abrigo de unas sábanas, pero donde se desarrolla un nivel de actividad física que puede mantenernos calientes. Por ejemplo, el espacio donde solemos hacer ejercicio en casa. Otro caso, por ejemplo, es el de la cocina, donde además se suele producir un calor moderado a través de los fogones. Por ello, podemos dejar el termostato en estos espacios a unos 18 grados de temperatura.
- Estancias más calientes: son espacios en los que tenemos una actividad muy sedentaria, como el salón o el comedor. Estas se pueden mantener a unos 19 o 20 grados.
Como puedes observar, ajustando el termostato teniendo en cuenta la actividad y el tiempo que pasas en cada estancia puede permitirte rebajar de forma significativa la potencia de tu calefacción sin tener que pasar frío. De esta forma, podrás ahorrar en tu factura de la luz.
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