Un médico explica cómo protegerse de la enfermedad de Lyme que transmiten las garrapatas y crece en España
En muchas familias norteamericanas con casa en el campo, la revisión de garrapatas al volver de un paseo por el bosque es un ritual tan habitual como lavarse las manos. En España, por el contrario, aunque las garrapatas son bien conocidas, la mayoría de las personas no han oído hablar de la enfermedad de Lyme. Ese desconocimiento tiene consecuencias: la infección avanza y muchos casos se diagnostican tarde por no relacionar los síntomas con una picadura de garrapata que quizás ocurrió semanas antes.
De dónde viene la enfermedad de Lyme
El conocimiento de la enfermedad de Lyme es relativamente reciente. Fue descrita por primera vez en 1975 en la localidad de Old Lyme, en Connecticut (Estados Unidos), cuando una inusual concentración de casos de artritis en niños llamó la atención de los epidemiólogos. La bacteria responsable, identificada en 1982, es la espiroqueta Borrelia burgdorferi sensu lato, y su vector principal en Europa y América del Norte es la garrapata del género Ixodes: concretamente Ixodes ricinus en Europa e Ixodes scapularis en el noreste de Estados Unidos.
El doctor José Barberán López, jefe de Servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario HM Montepríncipe y especialista en enfermedades infecciosas, explica que aunque la enfermedad se popularizó en Estados Unidos, su presencia en España es real: “Es prevalente, bastante prevalente. Hay muchas garrapatas en las zonas del norte, La Rioja, la Cornisa Cantábrica y la zona norte de Castilla. El primer caso diagnosticado como tal en España fue en los años ochenta, en un paciente que venía de Nueva Inglaterra, en Estados Unidos”.
La enfermedad de Lyme se considera una zoonosis emergente en Europa, y el cambio climático está contribuyendo a su expansión: los inviernos más suaves alargan la temporada activa de las garrapatas y amplían su distribución geográfica hacia altitudes y latitudes que antes eran demasiado frías para ellas.
Una enfermedad que crece en España
España no tiene un sistema de notificación obligatoria nacional para la enfermedad de Lyme, lo que dificulta obtener datos precisos. Sin embargo, el informe del ISCIII de 2022 documentó un aumento de las hospitalizaciones por Lyme del 191,8% entre 2005 y 2019, con 1.865 ingresos hospitalarios en ese período. La infección es más frecuente en comunidades con mayor densidad de bosques húmedos y presencia de fauna silvestre: Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, Navarra, La Rioja, el norte de Castilla y León y zonas de Aragón y Cataluña.
El doctor Barberán subraya la importancia de las zonas de riesgo: “La garrapata es muy prevalente en el norte de Castilla, La Rioja y la Cornisa Cantábrica. Ayer mismo vi a un paciente que venía de Castilla-La Mancha con una garrapata. El problema es que muchas veces la persona no se da cuenta de que le ha picado, porque la garrapata produce una especie de anestésico al morder y puede estar chupando sangre durante horas o días sin que el portador lo note”.
La importancia de tratar la enfermedad cuanto antes
La enfermedad de Lyme evoluciona, si no se trata, en tres fases progresivas. “La primera señal es el eritema migrante, que aparece en el lugar de la picadura entre tres y treinta días después. Tiene la forma de una diana, con anillos rojos concéntricos que se expanden. Es una infección cutánea local”, explica el doctor Barberán.
Si no se trata en esa fase inicial, la bacteria pasa al torrente sanguíneo y aparece la segunda fase, sistémica con fiebre, escalofríos, dolor articular, y un cuadro general parecido a una gripe. En la tercera fase, el organismo ya tiene manifestaciones en órganos vitales: “Tiene predilección por dos órganos: el corazón y el sistema nervioso”, afirma el doctor Barberán. “En el corazón puede producir arritmias, bloqueos de la conducción y miocarditis. En el sistema nervioso puede causar meningitis, encefalitis o neuritis periférica, y yambién artritis articular”, explica el especialista.
La buena noticia es que, detectada a tiempo, la enfermedad responde bien a los antibióticos. “Si se trata en la fase del eritema migrante, con una semana de tratamiento es suficiente y no llega a las fases sistémicas. El problema es que muchos pacientes no se dan cuenta de la picadura ni relacionan los síntomas con ella”, señala Barberán.
El tiempo de picadura importa
Uno de los aspectos más relevantes para la prevención es que la transmisión de Borrelia no es inmediata. La bacteria vive en el intestino de la garrapata y tarda en activarse y pasar a la saliva cuando ésta se alimenta. “El riesgo de infección es directamente proporcional al tiempo que la garrapata lleva adherida. Cuanto más tiempo está, mayor es la carga bacteriana que transmite”, advierte el doctor Barberán. “No se puede establecer un umbral exacto, pero la probabilidad aumenta de forma progresiva. Si se retira en pocas horas, el riesgo es muy bajo”, añade.
La literatura médica anglosajona suele citar un umbral orientativo de entre 24 y 48 horas como el tiempo a partir del cual el riesgo se considera significativo, aunque no existe un umbral absoluto. En cualquier caso, cuanto antes se detecte y retire la garrapata, mejor.
Cómo retirar una garrapata correctamente
La técnica de extracción importa tanto como la rapidez. Las recomendaciones de las principales guías clínicas coinciden en los puntos esenciales. No obstante, lo ideal es que lo haga personal sanitario.
- Usar pinzas de punta fina y sujetar la garrapata lo más cerca posible de la piel, sin apretar el cuerpo del parásito. Tirar de forma firme y perpendicular a la piel, sin girar ni aplastar.
- No usar vaselina, alcohol, calor ni esmalte de uñas para intentar asfixiarla o quemarla: estas técnicas hacen que la garrapata regurgite el contenido de su intestino en la herida, aumentando el riesgo de transmisión.
- Limpiar la zona con antiséptico tras la extracción y guardar la garrapata en un frasco con alcohol por si fuera necesaria una identificación posterior.
- Vigilar la zona durante 30 días. Si aparece el eritema migrante característico (mancha roja que se expande, con o sin anillos), consultar al médico inmediatamente para iniciar tratamiento antibiótico.
Prevención: cómo reducir el riesgo en el campo
Barberán resume las medidas de protección básicas: “Las garrapatas viven en zonas oscuras y húmedas, bajo las hojas, en la vegetación baja. Si vas al campo o al bosque, no te tumbes en el suelo directamente, lleva botas altas y calzado cerrado para proteger las piernas”.
A esas medidas se suman otras con respaldo sólido: usar repelentes con DEET o icaridina en zonas expuestas, llevar ropa de colores claros para detectar las garrapatas con mayor facilidad, y revisar todo el cuerpo al llegar a casa, prestando especial atención a las zonas de pliegue donde la garrapata puede pasar desapercibida: cuero cabelludo, detrás de las orejas, axilas, ingles, corvas y entre los dedos de los pies.
La temporada de mayor actividad de las garrapatas en España va de primavera a otoño, con picos en junio y septiembre. Las garrapatas se están extendiendo a parques urbanos, lo que hace que esta enfermedad sea cada vez menos exótica y más un riesgo real.