Tortitas de queso cottage: el desayuno alto en proteínas y fácil de preparar
Aunque se ha puesto de moda hace relativamente poco, el queso cottage tiene una larga historia a sus espaldas. La palabra cottage significa casa de campo o cabaña, y hace referencia a los hogares rurales en los que tradicionalmente se elaboraban quesos frescos para aprovechar la leche sobrante. Aunque suele relacionarse su origen con el Reino Unido, una de las primeras referencias escritas al cottage cheese apareció en Estados Unidos en 1831, en la revista Lady's Book. Su consumo recibió un importante impulso durante la Primera Guerra Mundial, cuando se promovió como una fuente de proteínas económica y una alternativa a la carne.
Su elaboración es relativamente sencilla y apenas ha cambiado con el paso del tiempo. Para prepararlo, se añade cuajo o un ingrediente ácido a la leche, lo que hace que se separe en dos partes, la cuajada y el suero. Después, la cuajada se corta en pequeños gránulos, se escurre y se lava para reducir su acidez. El resultado es un queso fresco, de textura granulada y sabor suave, que conserva cierta humedad y al que, en ocasiones, se añade nata para conseguir una consistencia más cremosa.
Uno de los principales atractivos del queso cottage es su perfil nutricional. Destaca especialmente por su contenido en proteínas, aunque las cantidades pueden variar según el fabricante. Como referencia, la base de datos alimentaria de la Universidad Miguel Hernández recoge un queso cottage que aporta 14 gramos de proteínas por cada 100 gramos de producto, una cantidad comparable a la que encontramos en el huevo. Además, contiene calcio y puede ser una alternativa a otros quesos más grasos.
Precisamente su riqueza en proteínas es una de las razones por las que se ha convertido en uno de los ingredientes estrella de tostadas, ensaladas y otras preparaciones que triunfan en las redes sociales. Su sabor suave y ligeramente ácido lo convierte en un alimento muy versátil, que combina igual de bien con ingredientes dulces que salados. Eso sí, su textura húmeda y granulada no convence a todos. La buena noticia es que esta particularidad pasa prácticamente desapercibida cuando se utiliza en recetas como estas tortitas de queso cottage, una alternativa a las tradicionales que permite preparar un desayuno rico en proteínas, saciante y sin demasiadas complicaciones.
Además, no hace falta ser especialmente habilidoso en la cocina para prepararlas. Con unos pocos ingredientes y apenas unos minutos, es posible conseguir unas tortitas tiernas y esponjosas, perfectas para acompañar con fruta fresca, yogur, frutos secos o un poco de miel.
Receta de tortitas de queso cottage
Las tortitas de queso cottage no solo aportan un valor añadido en lo nutricional, también en el resultado final de este delicioso postre. Y es que, el queso cottage, al ser un lácteo fermentado, añade aire al resultado final. Se trata de unas tortitas que recuerdan a las que tradicionalmente se preparan en Estados Unidos, con un interior suave, tierno y muy esponjoso.
Para prepararlas, se recomienda que tengas a mano una varilla eléctrica, que te facilite la tarea de disolver los gránulos del queso cottage y de batir los huevos a la perfección. También necesitarás una lengua de repostería, aunque puedes sustituirla por una cuchara grande. Teniendo esto en cuenta, necesitarás los siguientes ingredientes para preparar las tortitas:
- 3 huevos tamaño M
- 170 gramos de queso cottage
- 60 mililitros de leche
- 60 gramos de harina de repostería
- Media cucharada de azúcar
- Una pizca de sal
- Mantequilla o aceite de girasol
En el caso de que no encuentres queso cottage en tu quesería de confianza o en un comercio generalista, puedes decantarte por otros quesos frescos de textura granulada, como el requesón o la ricotta, sin tener que alterar las cantidades de la receta. Lo que sí cambiará es el sabor final de este postre, por lo que tenlo en cuenta.
A nivel de textura, el resultado será el mismo, el de una tortita esponjosa y saciante. Para prepararla, deberás seguir los siguientes pasos:
- Casca los huevos y separa las claras y las yemas en dos cuencos diferentes. Después, bate las yemas con las varillas eléctricas hasta que queden uniformes.
- Escurre el queso cottage, retirándole el suero, y añádelo a las yemas de huevo. Bate hasta que se incorpore. No pasa nada si la mezcla queda con pequeños grumos, es normal. Agrega la leche y azúcar y bate medio minuto, hasta que se integren todos los ingredientes.
- Sobre este bol, tamiza la harina y la sal e incorpóralas a la masa, esta vez con la varilla eléctrica apagada o con varillas manuales.
- Por otro lado, bate las claras hasta que queden casi a punto de nieve. Al elevar la batidora deben formarse pequeños picos, sin que las claras terminen de estar completamente firmes.
- Añade poco a poco las claras al bol con la masa de tortitas. Incorpora las claras en tandas y movimientos envolventes. No pasa nada si no queda totalmente homogénea o si sigue presentando grumos del queso.
- Engrasa una sartén antiadherente con un poco de mantequilla o aceite de girasol. Podrás medir las cantidades para cada tortita con la ayuda de una taza pequeña de café.
- Cuando salgan burbujas en la masa, voltéala en la sartén y dora la otra cara.
- Sirve las tortitas bien calientes.