Entrevista Premio Nacional de Artes Plásticas

Pilar Albarracín: “Hay gente a la que no le gusto y eso me halaga y me reconforta”

“Estaba tan tranquila intentando terminar mi tesis cuando de repente el móvil no paraba de sonar”. Al otro lado de la línea del móvil de Pilar Albarracín estaba el Ministerio de Cultura, deseando comunicarle que le habían concedido este año el premio Nacional de Artes Plásticas.

De esta forma, con esa llamada, ha llegado un reconocimiento público a un trabajo de décadas construido a partir de los tópicos más arraigados de la cultura española y andaluza, y que comenzó desde la sorpresa ante la imagen que se tenía de España en el extranjero. A través de la performance, la fotografía, el vídeo y la instalación, Albarracín ha convertido el folclore, las tradiciones y los estereotipos de género en un territorio de juego, crítica y provocación. Están presentes, por supuesto, los arquetipos del torero o de la flamenca, además de otras imágenes que no quieren verse.

En 1992, con la performance Sangre en la calle, Pilar Albarracín se tendió inmóvil y ensangrentada en las calles Sevilla para interpelar la reacción de quienes se encontraban con una escena de violencia. Con los años, la pieza se ha leído como una temprana forma de visibilizar la violencia contra las mujeres.

Una visión y un talento que ya han sido apreciados igualmente fuera de España, donde se han expuesto sus obras en museos como el MoMA PS1 de Nueva York o el Hamburger Bahnhof de Berlín.

El jurado destaca que revisa las “estructuras de poder”, pero ahora le premia el propio Estado. ¿Cambia algo cuando esa crítica se reconoce oficialmente?

El diálogo entre los artistas y las instituciones oficiales, en estados democráticos, siempre ha de estar abierto. Me parece un puente necesario para actualizar la revisión autocrítica que, tanto a la institución como a cualquiera, nos vienen siempre bien.

Desafortunadamente, ni las denuncias por parte de los artistas sobre situaciones que requieren ser revisadas y cambiadas con urgencia, ni el reconocimiento de esta necesidad por parte de las instituciones generan un cambio repentino. Los cambios de unas estructuras fuertemente enraizadas requieren mucho más que arte, pero el reconocimiento oficial de esta necesidad se suma a la evidencia de que nos tenemos que poner de acuerdo para colocarle el cascabel al gato.

Hace unos años dijo en una entrevista que había un problema de desconocimiento del arte contemporáneo español en la sociedad española, ¿cree que seguimos igual?

Creo que el interés por el arte contemporáneo continúa siendo minoritario. Por un lado, está el desconocimiento, fruto del desinterés en las prácticas más contemporáneas; y, por otro, y más alarmante, el crecimiento exponencial de una industria cultural del entretenimiento asociada al consumo rápido, no de arte sino de todo, que desplaza del foco de interés las propuestas que requieren de la reflexión para ser activadas.

Es muy importante, en este sentido, señalar la labor fundamental que se hace desde la enseñanza, la mediación y otras formas de mirar para reconectar a las personas con el arte y la cultura como espacios para la reflexión colectiva.

Su premio llega después del que se concedió a Fina Miralles. ¿Nota que algo se mueve en cómo el arte español reconoce a sus mujeres?

Algo se mueve en el mundo, no solo en España. Afortunadamente y aunque sea de forma lenta, pero imparable, algunas fallas sistémicas se van salvando gracias al trabajo previo y a la lucha de nuestras predecesoras que, pese a su invisibilización, contribuyeron desde sus prácticas a lo que estaba por venir, que ya es nuestra responsabilidad. Hay que estarles siempre agradecidas, a las artistas y a tantas otras mujeres anónimas que trabajaron para que hoy podamos disfrutar de lo que ellas generosamente pelearon para el futuro.

Cumplió 58 años antes del fallo, y muchas de tus acciones dependen del riesgo físico, ¿ha cambiado lo que le pide al cuerpo?

Supongo que, para ser razonable, tendría que decir que sí, pero conociéndome y conociendo también la implicación de mi cuerpo en mi trabajo, diré que, desde el principio, he funcionado de manera que, mientras la razón me indicaba cosas razonables, mi cuerpo se activaba para llevarle la contraria. Así que, sinceramente, no sé qué me deparará la próxima vez, ni siquiera si la habrá… Pero, si la hay, continuaré escuchando lo que me diga mi cuerpo.

Ha destacado que sus obras representan problemáticas que usted misma o gente de su entorno han experimentado. Se ha vestido de torera, de flamenca, de folclórica… ¿Cuál de esos personajes le ha resultado más incómodo y cuál más natural?

Las representaciones no me incomodan, lo que me entristece es la dificultad generalizada de deconstruir patrones impuestos, hegemónicos, que no permiten que la mirada vaya un poquito más allá de una mera apariencia.

La ironía está presente continuamente a lo largo de su obra, ¿qué significa para usted?

Para mí la ironía es a la vez una herramienta para la autocrítica que me hace reconocer y aceptar mi vulnerabilidad, y también es un motor que me empuja a reírme de lo imposible y a recuperar la esperanza en lo que significa ser humanos. Bueno, en una parte porque, tristemente, hay casos perdidos.

Se habla muy poco de dinero en el arte, y de cómo sobreviven los artistas, ¿cómo se sostiene una carrera basada en el arte y en la performance artística?

Fundamentalmente con mucho trabajo, persistencia, humor, amor y sin poner expectativas en cosas que se disfrutan de manera individual. La variedad de las prácticas artísticas muestra la riqueza del tejido cultural de un territorio, son un barómetro de lo que ocurre, cómo ocurre y a quién afecta. Por eso se debería proteger una práctica que no tiene como único y principal aliciente el económico, aunque los artistas, inevitablemente, dependamos de él para nuestra vida diaria.

Siempre ha puesto su cuerpo por decisión propia y bajo tu control. Hoy cualquiera puede fabricar el cuerpo de una mujer con IA sin su permiso, y España ha impulsado que Europa lo prohíba. ¿Cambia eso también el sentido de poner el cuerpo?

Pienso que la IA tiene muchos aspectos buenos y supone avances, pero yo continúo interesada en ese margen de error que nos hace irrepetibles y humanos, y quién sabe si, un día, ese error lo reconoceremos en forma de arte efímero o poesía.

Su trabajo habla continuamente sobre tu posición como mujer, poniendo sobre la mesa la perspectiva de las mujeres, con trabajos tan variados como Sangre en la calle, Mandalas, Lunares o Espejito Mágico, por citar de las más famosas. Si tuviera que buscar en su árbol genealógico, ¿qué figura femenina cree que late con más fuerza detrás de tus acciones y performances, aunque no mencione su nombre?

Yo no concibo lo que late detrás de mi trabajo como algo vinculado a un nombre concreto o a una individualidad, sino como una fuerza que solo es posible en colectividad, una fuerza que nos engloba a todas las mujeres y, como decía la cantaora Bernarda de Utrera, “yo dejo la puerta entorná, por si alguna vez te diera la tentación de empujá”. Esas son mis condiciones indispensables: sin nombres propios y siempre con la puerta entorná.

Trabajos suyos que en los años 90 o 2000 generaban incomodidad o escándalo hoy se leen desde un feminismo muy consolidado. ¿Siente que la sociedad ha entendido finalmente el mensaje o temes que algunas de tus piezas se sigan viendo desde el cliché?

Hemos tenido muchos avances, pero aún quedan cuestiones pendientes y otras nuevas que han ido surgiendo. Lo importante es que se continúe avanzando y no tengamos un retroceso en el camino andado.

Por otro lado, hay un momento en el que no tienes que prestar atención a lo que dicen de tu trabajo, porque si no, no trabajas. Tampoco me parece que la finalidad última de cualquier tipo de propuesta artística tenga que incluir el hecho de ser del gusto o interés de todo el mundo. A mí hay gente a la que me halaga y reconforta no gustarle.

Ha abordado desde diferentes perspectivas y técnicas los mismos temas sobre la identidad, sobre el género y sobre las desigualdades sociales, ¿cuál es el camino o la técnica que más le está interesando últimamente?

Me gustan todas las técnicas, aunque en cada propuesta utilizo la que me parece que funciona mejor; siempre es una decisión subjetiva. Lo que me interesa, verdaderamente, es comprobar cómo el arte o la práctica artística, en cualquiera de sus posibles formas, acompaña de manera precursora, posibilita un espacio y alienta perspectivas para las que la sociedad aún no se ha pronunciado.