La indignación por el timo de las preferentes y el odio a los bancos como motores del primer thriller de Daniel Sánchez Arévalo
Más de 700.000 personas se vieron afectadas en España por el fraude de las preferentes. En 2008, con la crisis financiera empezando a pasar factura, los bancos decidieron que la mejor forma de ampliar su capital ante la recesión era engañar a sus clientes. Vendieron a gente sin conocimientos financieros y escondiendo las condiciones reales productos de renta variable haciéndoles creer que era de renta fija y que podrían recuperar sus ahorros cuando quisieran. Cuando la burbuja terminó de estallar, muchas personas vieron cómo sus ahorros desaparecían en el peor momento, ya que no podían pedir su dinero de vuelta. Habían firmado, fiándose de sus banqueros de confianza, un pacto con el diablo.
¿Qué hubiera pasado si una de esas personas afectadas por el timo de las preferentes hubiera podido vengarse del banco en forma de atraco? Eso es lo que plantea Daniel Sánchez Arévalo en su primer thriller, Colisión, que ha llegado el fin de semana a Netflix y ya se encuentra en el primer puesto de las películas más vistas. El cineasta usa el odio a los bancos y aquel hecho histórico en plena crisis como marco temporal y como gatillo detonante de un filme lleno de giros y cuya mayor novedad es una estructura donde el mismo suceso se ve desde diferentes puntos de vista o líneas temporales.
Daniel Sánchez Arévalo le quita importancia al hecho de que sea su primer filme de acción y suspense. Lo que a él le gusta es “contar historias”, y el formato viene después. En esta ocasión fue una sugerencia de su productor, Ramón Campos, cuando estaban terminando Rondallas. Le pasó media página de guion y ahí estaba ya uno de esos elementos diferenciadores del que no quiere hablar mucho para no caer en el spoiler, pero que incluso define como “multiverso”, como si de un filme de Marvel se tratara. Y algo de eso hay.
No niega que al principio tuvo cierto miedo. “Me preguntaba si podía haber un borrón en mi cinematografía, o algo que se despegara demasiado y estuviera metiendo la pata. Pero, por otro lado, me apetecía y siempre había querido hacer un thriller. Luego lo que me provocó alejarme de mis otras películas y que fuera coescrita fue, curiosamente, una gran sensación de libertad. Me dio alas, me hizo sentirme más ligero y me permitió arriesgar más y probar más. Para mí esta película es como una atracción de un parque de atracciones donde coges al espectador, lo montas y lo llevas para arriba, para abajo, para un lado, para el otro, le pierdes, lo recuperas…”, explica.
Hay algo que cree que une esta película con las otras de su filmografía a pesar del giro en el género, y es que es una película “de personajes”. “No es la acción por la acción”, aclara sobre un tipo de películas que le “aburren soberanamente”. Por eso hasta prefiere definir Colisión como “una película de movimiento, más que de acción”. La otra idea que la une es que de fondo había un contexto histórico que le interesaba. “La película sucede en 2013, cuando España está en una crisis muy profunda que veníamos arrastrando desde cinco años antes y donde a los bancos, que son obviamente los malos de la película, les han rescatado y la gente ha perdido sus ahorros”, subraya sobre el trasfondo de su filme.
El contexto es casi el mismo que en 2013. Un pueblo oprimido, jodido, frustrado y que no puede acceder a una vivienda. Entonces arrebataban las viviendas a la gente, y son los mismos responsables
En ese marco social había algo que le hizo empatizar con esas personas que cometen el atraco. “Quieres que les salga bien”, asegura. “Para mí era muy importante ver cómo se relacionan dentro de esa banda, los conflictos que tienen dentro, las cosas que arrastran y qué es lo que les lleva a cometer ese atraco. Sus conflictos internos. Ahí sí es donde yo creo que hay algo que se vincula directamente con mis pelis, pero también es verdad que no se ahonda tanto, porque al final es un thriller”, concede.
Ese trasfondo de banqueros fastidiando a los de abajo se une con el presente y con “un 2026 donde el contexto es casi el mismo, con un pueblo oprimido, jodido, frustrado y que no puede acceder a una vivienda”. “Entonces arrebataban las viviendas a la gente, y creo que son los mismos responsables. Y la gente de arriba sigue sin hacer absolutamente nada. Para mí, el hecho de encontrar la clave en ese año 2013 anclaba la película a una realidad social y me daba una base para luego poder volar, porque ese contexto ya cuenta muchas cosas”, subraya.
Cuando estrenó Rondallas y ya se encontraba preparando Colisión, Sánchez Arévalo decía sin dudar que le seguía pareciendo más complicada la comedia que el thriller. Meses después, sigue pensando lo mismo: “El drama creo que sale siempre de manera más natural, mientras que la comedia, para que también sea natural, hay que rebuscar mucho más. En el thriller hay otra serie de licencias. Hay cosas que entran o cuelas al espectador porque estás proponiendo un viaje tan trepidante que hay cosas que puedes pasar porque las vemos en las películas y aunque no cuadren mucho la película te arrastra y no te lo planteas tanto. Pero de repente me apetece volver a algo como 17, que es donde yo me siento como en casa, a volver a algo más pequeño, no tan coral. Contar una historia chiquitita, pero intentar hacerla también grande”.
Con Colisión recién llegada, Netflix acaba de anunciar su nuevo proyecto juntos, Chapapote, donde abordará la tragedia del Prestige desde un punto de vista de comedia dramática, ese tono que tanto le gusta. Encadena otro trabajo, algo que cree que tiene algo de “casualidad”, pero que también achaca a su momento vital. “El pasar la barrera de los 50 me ha hecho tener más prisa. Antes entre proyecto y proyecto iba más de creador con su rollo, además vivía solo y el dinero me duraba más. Ahora tengo una familia, una hija y muchos más gastos, y me ha entrado la prisa”, analiza. Además, su hija es más mayor y ya pueden “conciliar de una forma más sencilla”, algo que considera “fundamental”. Todo eso le ha ayudado también a “no darle tanta importancia”. Antes “vivía solo para eso”, y ahora el cine ya no es lo primero. O al menos no es lo único.