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Ridley Scott: “La crítica me crucificó por 'Blade Runner' y eso me enseñó a no leer lo que la prensa dice de mí”

Javier Zurro

24 de agosto de 2026 22:17 h

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Cada promoción de una película de Ridley Scott es como una montaña rusa constante. Al director le gusta mantener esa pose de persona que dice las cosas sin filtros y nunca se sabe si va a soltar una boutade o no. Hace poco, con motivo del estreno de La Odisea, se recuperó un vídeo donde un periodista le leía a Scott los piropos que le había hecho Nolan durante la promoción de Oppenheimer. “¿Qué siente al ver que un director como él tiene tanta estima por su trabajo?”, le preguntaron, a lo que Scott dijo, con una sonrisa maliciosa, que se le “saltaban las lágrimas”. “¿De verdad?”, le repreguntaron, a lo que directamente contestó entre risas: “No”.

Es sardónico, con esa flema británica que hace que siempre esté buscando un tono entre el juego y lo serio. Y lo volvió a demostrar en la rueda de prensa de La constelación del perro, su nueva película —que llega este miércoles a las salas— con la que adapta la novela de Peter Heller sobre un mundo postapocalíptico donde una enfermedad ha arrasado a casi toda la humanidad y los supervivientes viven aislados defendiéndose de grupos que intentan arramplar con las pocas provisiones que quedan. En ese entorno, Jacob Elordi es el absoluto protagonista junto a su perro Jasper. Ambos buscarán una especie de oasis que actúa como un Oz para ellos, la promesa de un mundo mejor y en compañía.

Elordi, junto a sus compañeros Josh Brolin y Guy Pearce, acompañaron a Scott en la rueda de prensa, pero fue el director el que sacó a pasear su ironía para justificar su decisión de rodar en Italia porque “la comida es mucho mejor”, y recordar cómo la crítica le masacró cuando estrenó Blade Runner y, desde entonces intenta “ocultar” lo que piensa. “Al ser celta tiendo a ser muy oscuro”, volvió a bromear, pero recordó la anécdota: “Me mataron por ser tan oscuro en Blade Runner. Nunca lo he olvidado. Me refiero a vosotros, los críticos, me crucificasteis. Pauline Kael hizo una crítica en el New Yorker de cuatro páginas destruyendo la película. Las tengo enmarcadas en mi oficina. Lo que aprendí de eso es que no debes leer lo que la prensa diga de ti. Sea bueno o sea malo. Porque si es bueno te crees que eres el dueño del mundo y si es malo, ¿te lo crees? Yo no, así que simplemente hago lo que tengo que hacer”, atajó.

Tanto la película como el libro que adapta se leen, claramente, como una metáfora del mundo post Covid, y Scott no lo niega, pero cree que sirve también como reflejo del momento actual, un momento en el que “la gente no ve las noticias”. “Yo soy un adicto a las noticias. Las veo todos los días, dos veces. Y muchas de las que vemos en la película ya están sucediendo. Todos tenemos una visión limitada del cambio climático, pero el caos es aún peor en ciertos territorios del mundo. No voy a mencionar esos países, pero hay un caos similar al de las calamidades que se ven”, sugiere sin mojarse del todo.

Concede que por eso eligió el proyecto, por sus vínculos con el presente, pero que siempre tiene claro que no quiere que sus películas sean “documentales”, sino que la misión siempre es la misma: “entretener”. “Pero el entretenimiento también debe desafiarte. No puedes simplemente sentarte ahí sonriendo ante una película tonta, es genial cuando un filme empieza a decirte algo. La película empieza a hablarte. Y creo que esta película te habla, pero más allá de eso, intento hablar del comportamiento humano, y encontrar la empatía, la simpatía y el humor”, añade.

Ese humor es algo que siempre está en sus películas, y recuerda la polémica cuando los Globos de Oro eligieron Marte para competir en la categoría de comedia. “Dijeron que era una comedia. Y yo dije: 'Vale'. ¿Cómo no iba a serlo? El tipo sobrevive comiendo comida cultivada con su propio estiércol. Eso es gracioso. Si no te parece gracioso, no te avergüences”, lanza medio en broma medio en serio y añade que “a menos que estés haciendo Macbeth, siempre tienes que intentar encontrar un resquicio, un elemento de humor”.

En 2008 nos enfrentamos al abismo financiero por los bancos y su avaricia. Eso es un símbolo básico de todo lo que luego salió mal

Para él La constelación del perro es un filme que habla de “supervivencia”, y no es un término que diga al azar, porque cree que desde hace casi dos décadas todos estamos sobreviviendo: “En 2008 todos nos enfrentamos al abismo financiero. Los bancos y su avaricia hicieron que los banqueros cobraran un porcentaje por decirte en qué invertir y otro porcentaje sobre las ganancias. Eso es un símbolo básico de todo lo que luego salió mal, porque no se prestó atención. El banco más antiguo del mundo quebró. Si a eso se le suma una pandemia y la llegada de personas del norte de África, como está sucediendo, tenemos el comienzo de un problema grave. ¿Quieren que siga y me ponga deprimente?”.

Recuerda una película que quiso dirigir con Jodie Foster como protagonista sobre una crisis por un brote del ébola. Se llamaba Crisis in the Hot Zone y estaba basada en el famoso artículo y libro de Richard Preston. Nunca se hizo. “Acaba de ocurrir de nuevo y está fuera de control porque hemos recortado el presupuesto global de los CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) mientras EEUU debería ser el gran guardián del mundo, porque eso es lo que siempre ha sido”, opina.

A pesar de la oscuridad de la propuesta de La constelación del perro —aderezada con ese particular sentido del humor—, Ridley Scott apuesta por aportar “belleza”. Para él, “la poesía está en el lenguaje visual”. “La belleza de la fotografía es donde está la poesía de cualquier película, ya sea de terror o de comedia. Siempre debería haberla, el problema es que, con frecuencia, no la hay porque la gente no sabe dónde colocar la cámara”, critica.

Una poesía que estaba en el cine del que aprendió, que no fue el de EEUU. “Mi escuela estuvo en el cine italiano y en el cine francés, incluso más que Hollywood”, confiesa, y lamenta que ambos países no estén apostando por los rodajes internacionales. “Francia no tiene desgravaciones fiscales, no tienen ese tipo de industria, y en Italia se han dado cuenta y están mejorando”, añade y cuenta otra batallita, cuando conoció a Fellini en “un barco gigante y vestido con un impermeable Burberry”. Una máquina de anécdotas que se niega a retirarse con 88 años y que ya tiene su próximo proyecto en marcha, una adaptación de La isla del tesoro.