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De 'Jackie Brown' a 'El padrino': grandes libros que han quedado eclipsados por sus adaptaciones al cine

Sergio Diez

6 de julio de 2026 21:57 h

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Alfred Hitchcock decía, en la famosísima entrevista que le hizo François Truffaut, convertida desde entonces en libro de referencia para los cinéfilos, que más valía adaptar al cine novelas mediocres pero con potencial y elementos interesantes que pretender llevar a la pantalla una obra maestra de la literatura. Pero hay films que han barrido con los libros en los que se basaban, aunque estos ya fueran maravillosos. Es el caso, por ejemplo, de El padrino de Mario Puzo (publicado en 1969) y de Cóctel explosivo de Elmore Leonard (cuyo título original es Rum Punch, algo así como “ponche de ron”), publicado en 1992. Ambas tienen en común que enseguida hubo interés en llevarlas al cine, y que se estrenaron poco tiempo después de su publicación: tres años en el caso de El padrino (1972); y cinco en el de Jackie Brown (1997), la película de Tarantino que adaptó la novela de Leonard.

El clásico de Mario Puzo sobre un hijo que se vuelve peor que su padre

La primera sorpresa que nos podemos llevar al acercarnos a la novela de El padrino es comprobar que es un libro muy bueno, nada de literatura mediocre. Abarca prácticamente el mismo periodo que la primera película dirigida por Francis Ford Coppola, aunque el libro nos cuenta también la infancia y juventud de Vito Corleone (nacido en realidad Vito Andolini), por lo que también incluye gran parte de la trama que protagonizaba Robert De Niro en El padrino. Parte II (1974).

El filme original es una adaptación muy fiel del libro, casi casi literal. Y algunas de sus frases más famosas vienen de la novela. La principal diferencia entre los dos El padrino es, principalmente, que la obra de Puzo cuenta con toda una subtrama ambientada en Hollywood y en las Vegas que desaparece en la película. Está protagonizada por el cantante Johnny Fontane y retrata con dureza el mundo del espectáculo. Pero hay una serie de matices que hacen que, si te gustó la película, merezca claramente la pena acercarse el libro. Por ejemplo, desarrolla con mayor profundidad personajes tan interesantes como Tom Hagen (interpretado por Robert Duvall), el consigliere de la familia mafiosa, de origen irlandés, hijo adoptivo de Don Corleone; o el de Santino ‘Sonny’ Corleone (encarnado por James Caan), que gana en complejidad: nos lo muestran también como alguien que trata de estar a la altura de un desafío que claramente lo supera, el de dirigir a los Corleone en la guerra contra las otras familias mafiosas, después del intento de asesinato que sufre su padre.

En este punto, la novela de El padrino hace una cosa muy interesante. Termina un capítulo con Sonny dispuesto a dar un gran golpe, con la impresión de que pronto pondrá fin a la guerra entre mafiosos. Sin embargo, el capítulo que Mario Puzo presenta después lo protagoniza el empresario de la funeraria que, al principio de la película (y prácticamente también de la novela) le había pedido un favor a Don Corleone. Le piden ir a trabajar de noche, y que lo haga con discreción. Cuando llega a la funeraria se encuentra con que Tom Hagen y el propio Vito Corleone le traen el cadáver de Sonny, que ha sido tiroteado. Al contrario que en la película, en el libro juegan a presentar la muerte de Sonny por sorpresa cuando estaba a punto de conseguir una victoria... Un poco como hacen en el mundo de Juego de tronos con Robb Stark, un personaje con el que Sonny tiene similitudes.

Otro personaje que gana en el papel es, sin duda, Kay Adams (interpretada Diane Keaton en la adaptación de Coppola). No solo nos cuentan más sobre su vida, sus orígenes, su relación con sus padres… También nos habla más de su relación con Michael Corleone, sus sentimientos, cómo lleva toda la espera y la separación el tiempo que Mike tiene que esconderse en Sicilia, la relación que entabla con la señora Corleone (su futura suegra)… Kay evoluciona, a la vez, como víctima de las decisiones de Michael, pero también como persona cegada por un amor que le impide ver bien dónde se mete. De hecho, es tal su importancia que el final del libro se centra en su personaje.

El padrino está adaptada al cine con maestría y con grandes hallazgos cinematográficos: empieza de una forma mucho más condensada y potente que el libro; y adapta de forma magistral y escalofriante el momento en el que Michael Corleone decide barrer a sus rivales, en el famosísimo montaje de los asesinatos, que se nos muestra a la vez que el bautismo del ahijado de Mike. Pero la novela tiene un tono más crudo y duro, oscuro y complejo, y deja más claro que Michael se convierte en un monstruo, algo que se explora mejor en el cine en las dos siguientes películas de la trilogía. Michael, que juzgaba con dureza a su padre y se prometía no seguir sus pasos, se acaba volviendo alguien mucho peor.

Una novela negra de Elmore Leonard llena de melancolía

Elmore Leonard fue un escritor muy reconocido por sus novelas negras, pero empezó escribiendo westerns (Hombre, Que viene Valdez o El tren de las 3:10 a Yuma). Varias de sus historias han sido llevadas al cine, pero consideraba que Jackie Brown era la mejor adaptación de todas. Al leer Cóctel explosivo, llama la atención que la protagonista se llama en realidad Jackie Burke. Y que el personaje originalmente era de raza blanca y rubio, y no una mujer negra. Pero Tarantino siempre tuvo claro que quería que su protagonista fuera Pam Grier, la estrella de películas de culto de los años 70. Y cambiar la raza y el apellido de la protagonista no supuso ningún quebradero de cabeza para nadie, y mucho menos para Leonard.

Cóctel explosivo cuenta la historia de una azafata de cuarenta y pocos años, con un sueldo muy bajo, a la que la policía detiene por llevar dinero (y droga, aunque esto último ella no lo sabía) para un traficante de armas llamado Ordell Robbie (en la película, interpretado por Samuel L. Jackson, en uno de sus mejores papeles). Jackie, que se ve entre la espada y la pared, decide tomar las riendas de su vida y elabora un plan con el que engañar tanto al traficante de armas como a la policía, quedándose ella con el dinero (y consiguiendo a los agentes, eso sí, la cabeza del criminal). Pero la de Jackie Burke (o Brown) es también una historia de amor, o algo que se le parece mucho. Porque por ahí está también Max Cherry, agente de fianzas (interpretado en el film por Robert Forster, nominado al Oscar a mejor actor secundario por su personaje). Un tipo de cincuenta y muchos que parece bastante triste y perdido, que se queda fascinado con Jackie y que decide ayudar a la protagonista con su plan para quedarse con el dinero.

La novela se ambienta en Florida, y no en Los Ángeles. Y tiene toda una subtrama que implica a neonazis que Tarantino elimina en su adaptación. Por lo demás, cambia algunas cosas mínimamente de sitio, y elimina algunos detalles interesantes pero que quizá, en pantalla, se veían algo forzados. Evidentemente, Tarantino también se ve obligado a simplificar en parte el desarrollo de los personajes. Pero se asegura de que el centro de su historia siga siendo el retrato emotivo y triste de unos perdedores que no saben muy bien qué hacer con sus vidas y que se enfrentan como pueden al paso del tiempo. “¿Quieres discutir sobre el envejecimiento? ¿De qué sirve? Tengo la sensación de que siempre estoy volviendo a empezar. Y cuando me dé cuenta ya no podré elegir. Me tendré que quedar con lo que me toque”, comentan Max y Jackie en la novela, en una conversación que el cineasta dejó también en la película.

La variación más importante que establece Tarantino en su película es que la historia de amor entre Jackie y Max nunca se materializa del todo, salvo por ese tierno beso final. Es una situationship, un “es complicado”, un “casi algo” continuo; mientras que en la novela sí que tienen un romance más apasionado, aunque igualmente tierno y melancólico. El libro te deja con la duda de si se van a ir juntos, de si van a empezar una historia de amor y, aunque es un final abierto, parece que hay bastantes posibilidades. En la película sí cuentan que Jackie se irá sola y, de alguna forma, parecen sugerir más claramente que no acabarán juntos (aunque nunca se sabe).

Después del fenómeno que supuso Pulp Fiction, Tarantino había decidido romper con las expectativas, no intentar hacer la misma jugada dos veces, y entregó una película más lenta, en parte más triste, también más emocional, con mayor desarrollo de personajes en muchos aspectos. Aquí no juega a ordenar la narración de una forma distinta a la cronológica, y no divide el relato en capítulos con diferentes nombres. Lo máximo que se permite son bromas con algunos rótulos, como ese “Tres minutos después” para hacer una elipsis en una escena de sexo o para aclarar que el centro comercial en el que se sitúan algunas de las escenas más importantes de la película es “el más grande del mundo”.

A pesar de ser una adaptación sobria y bastante literal, Jackie Brown tiene ideas cinematográficas muy originales: por ejemplo, el uso de la pantalla partida para contar que Jackie no está indefensa y que se ha hecho con una pistola de Max para protegerse de Ordell. También es muy interesante cómo se cuenta, desde diferentes puntos de vista (algo que también está en el libro) el momento culmen del intercambio del dinero. O la escena en la furgoneta entre Louis y Ordell, el momento en el que Tarantino aguanta mucho tiempo un primer plano de Samuel L. Jackson para mostrar cómo este ata cabos, y finalmente se da cuenta de que se la ha jugado la azafata.

Tras Jackie Brown, Tarantino no volvió a hacer una historia de delincuentes situada íntegramente en Los Ángeles. Tampoco volvió a adaptar ninguna novela al cine, y ya solo escribió guiones originales. Quién sabe si esa décima película que aún tiene pendiente, pues ha comentado alguna vez que se retirará cuando haya dirigido un film más, será de nuevo una adaptación de novela negra ambientada en nuestro tiempo, quizá una del propio Elmore Leonard.