Isabel Allende: “No podría escribir una novela sobre Trump, necesito la distancia del tiempo”

Francisco Gámiz

9 de abril de 2026 18:16 h

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Isabel Allende (Lima, 1942) siempre ha sido consciente del poder de las palabras. Tanto es así que las palabras han sido la base de la trayectoria de la autora, y no únicamente por la extensa bibliografía a la que han dado forma, sino por lo que ha decidido contar a través de ellas. A lo largo de las décadas, la escritora ha aprovechado su altavoz para hacer un tremendo ejercicio de memoria, sobre todo desde que empezó, en el exilio, una carta a su abuelo moribundo el 8 de enero de 1981, que acabaría siendo la semilla de su clásico La casa de los espíritus.

Con la preocupación ante lo que está ocurriendo en el presente, pero con la mirada puesta en el pasado para recordar todo aquello por lo que ha pasado, Isabel Allende ha declarado este jueves en rueda de prensa que “la memoria lo transforma todo”. La autora regresa a las librerías con La palabra mágica. Una vida escrita, obra en la que explica lo que ha supuesto para ella ser autora y que sirve como reflexión sobre el papel que ha tenido este oficio. Un oficio para el que reconoce que ha necesitado de la distancia del tiempo, pues ha afirmado que tiene que separarse de los hechos para poder escribir sobre ellos.

“Escribí La casa de los espíritus en 1982. Estábamos en plena dictadura, pero el golpe militar y el exilio habían ocurrido mucho tiempo antes. Necesité tiempo para poder verlo con la distancia y la ironía necesarias. Hoy no podría escribir una novela sobre Trump o sobre lo que está pasando en EEUU”, ha explicado Allende, que ha agregado que para una circunstancia mayor, para una visión panorámica de lo que ocurre, se necesita la “distancia del tiempo” y perspectiva. “En este momento no estoy preparada para escribir sobre eso”, ha señalado, concretando que solo lo estaría si estuviéramos hablando de “casos particulares”.

Aun así, la escritora ha expresado su descontento con la situación actual en EEUU, y ha aconsejado que para dedicarse a la escritura es importante evitar las distracciones, pues “el silencio interior es fundamental”: “Si cojo el teléfono y veo todas las brutalidades que ha hecho Trump, se me arruina el día”. Isabel Allende ha denunciado que en el país estadounidense se esté controlando “lo que se enseña en las clases”. “Se está censurando la mitad de la historia de este país, lo que tenga que ver con razas, con la lucha de los trabajadores. Solo La casa de los espíritus está censurado en varios estados, lo cual me parece un honor, por algo los censuran”, ha indicado.

Esta no es la única de las cosas sobre las que ha puesto el foco la escritora. Allende también ha apuntado que sigue existiendo un sesgo machista en la crítica por parte de la prensa especializada. “Yo no controlo lo que se va a decir de mí, pero la crítica es brutal con las mujeres”, ha declarado. “Si una mujer escribe El amor en los tiempos del cólera, la habrían tildado de sentimental, pero como lo escribe un hombre nadie piensa eso”, argumenta sobre el libro de Gabriel García Márquez. “Si una mujer escribe una novela histórica, tiene que estar absolutamente investigada a fondo y tiene que competir con otras novelas históricas muy inferiores que están escritas por hombres”, explica, sentenciando que “la crítica es muy fuerte contra la mujer” y que, aunque “ahora hay un poco más de respeto”, este “sigue faltando”.

Asimismo, la autora ha hecho hincapié en la autocensura a la que llegan los propios escritores. “En el caso de la ficción, no tengo problemas en usar a miembros de mi familia porque los transformo”, ha destacado, alegando que tiene “libertad” para hacer lo que le convenga. “En una memoria, en cambio, son personas, no son personajes, y tengo que tener mucho más cuidado”, ha contado en la rueda de prensa. “Para no tener miedo, escribo todo lo que quiero y luego lo reviso para ver si es cierto. Después, le muestro el manuscrito a las personas que están mencionadas, y ellas deciden si quieren o no estar en el libro, pero no lo cambio porque esa es mi visión”, ha añadido para reclamar que “hay que perder el miedo”.

Hoy, la mayor parte de la gente joven tiene miedo a la página porque están acostumbrados a la pantalla y lo quieren todo visual

A lo que también ha invitado la autora a perder el miedo es a la página en blanco, ya que “uno no va a contar la gran novela americana”. “Da miedo cuando uno piensa en un proyecto enorme. Si vamos día a día y página a página, se va haciendo. A mí lo que más me cuesta son las dos o tres primeras semanas de escritura, porque tengo que quitarme de la cabeza la ambición de hacer algo extraordinario”, ha reflexionado. “No puedo escribir con un guion, porque no sé lo que va a pasar. El propósito de La palabra mágica. Una vida escrita es quitarle el miedo a la gente: no solo el miedo a escribir, también el miedo a leer. La mayor parte de la gente joven hoy tiene miedo a la página porque están acostumbrados a la pantalla y lo quieren todo visual”, ha declarado.

Por otro lado, Isabel Allende ha querido pronunciarse sobre la importancia de tomarse en serio el trabajo. “Soy muy disciplinada porque este es mi trabajo”, ha alegado, agregando que siempre le ha sobrado “energía” y que es “hiperactiva”. “Todos los días me siento temprano a escribir. Si lo que quieres es dedicarte a cualquier trabajo creativo, la inspiración y el talento son fantásticos, pero sin la disciplina no llegas a nada”, ha resaltado. “No tengo más vida que esto. Esto es todo lo que hago, me apasiona y ocupa todo mi tiempo. Lo único que hago es escribir, jugar con mis perros y amar a mi marido”, ha comentado, señalando que es una “vida muy simple” y que le “sobran horas”. “No me podría jubilar porque volvería loca a toda mi familia”, ha bromeado.

Las presencias de las que se nutre la escritora

Con respecto a la memoria, la autora también ha indicado que “existen muchas dimensiones de la realidad”, que “controlamos muy poco” y que “cualquier cosa puede pasar”. “No veo fantasmas y no soy particularmente supersticiosa, pero me rodeo de presencias. Esas presencias son de la gente a la que quiero que ya no está aquí, pero que en un ejercicio de memoria y de amor los tengo presentes”, ha reflexionado. “Todos ellos son partes de mi realidad, y los personajes, que son inventados, también tienen algo de alguien que he conocido. Cuando termino mi día, cierro la puerta de mi oficina y no quiero que nadie entre a limpiar, porque ahí están esas presencias esperando. Ese realismo mágico es una manera de vivir en una realidad múltiple que no es solamente lo palpable. Hay mucho más, y está la memoria y todo lo que uno ha vivido”, ha contado.

“Cuando alguien se pone vieja como yo, se recuerda mejor y más intensamente lo más antiguo. Ahora estoy recordando mucho la infancia, lo que me pasó cuando era joven, y la mayor parte de las cosas que recuerdo me dan una vergüenza tremenda. ¿Cómo pude haber sido tan ignorante, tan impulsiva, tan indiscreta?”, cuestiona Allende. “Pero tengo una ventaja inmensa respecto a la memoria, y es que compartí con mi madre una cantidad inmensa de cartas, que tengo guardadas. La memoria lo transforma todo, es como la imaginación: le das vueltas y, al cabo del tiempo, lo que recuerdas no pasó así. Pero esas cartas son mi memoria viva”, ha aclarado.

Unas semanas después de la publicación del libro, el 29 de abril, Prime Video estrenará a nivel mundial la serie basada en la novela La casa de los espíritus, que supondrá la primera adaptación televisiva en español de la aclamada obra. “En 1995 se hizo la película, y en aquella época la gente no leía subtítulos. Para que tuviera éxito internacional tenía que ser en inglés, tenía que tener estrellas de Hollywood. No tenía el sabor latinoamericano del libro, pero era una buena película”, ha apuntado sobre el filme de Bille August que contaba en el reparto con Meryl Streep, Jeremy Irons o Antonio Banderas. “Esto es muy diferente porque son ocho episodios y te permite contar la historia con calma. Tengo una ilusión tremenda de que le guste a la gente y, si es posible, que atraiga a los jóvenes”, ha concluido.