Análisis

El Madrid “precioso y elegante” que ha venido a rodar Woody Allen solo existe en las películas

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La ciudad de Madrid “preciosa y elegante” que ha venido a rodar Woody Allen (son sus palabras), ¿dónde está? Probablemente, esa ciudad ideal solo exista en las películas.

Si Madrid es preciosa, lo es debajo de las múltiples capas que conforman el cómo está o el cómo la hacen estar: está fea, está sucia, está hedionda, está intransitable, está desordenada y está malcriada.

¿Elegante? Ni de lejos. Madrid es chabacana, vulgar, cateta, chusca, hortera, chunga y paleta. Me permito decir esto porque he nacido en Madrid y llevo más de 51 años pateando aceras, plazas, líneas de metro, portales y azoteas. Haciendo en ellas, escribiendo sobre ellas. Desde el cariño lo digo. (Y nos encanta tal como es, por eso nos quedamos).

Romance, intriga e infidelidad en los madriles

Woody Allen, que ha venido a rodar a nuestra entrañable ciudad su película número 51, una comedia con romance, intriga e infidelidad, se ha encontrado con que la preciosa y elegante (no) Puerta del Sol, esa sartén del kilómetro cero donde uno solo se quiere detener en ella para aliviar el sofoco, estaba un poquito ocupada esta semana, impidiendo la posibilidad de un rodaje que no fuera para mostrar la verdadera ciudad tal y como es: encendida, exasperada, aguerrida, combativa, valiente, brava, indómita y salvaje.

No sabemos si el alcalde Almeida tiene pensado poner unas señales a partir del lunes en la Puerta del Sol que digan: “Prohibido acampar por rodaje del 5 al 11 de octubre, llamamos grúa”. Pero si rodar en Sol fuera el plan, el director de Annie Hall ya se puede ir buscando otra localización preciosa y elegante para su película madrileña.

Mas todas estas son cosas que al cineasta —que planea rodar en Aranjuez y no se sabe dónde más— no le interesan. Él se define como “persona no política” y dice que su interés son las “relaciones humanas” y su especialidad, lo “existencial” o “romántico”. Extrañamente, después de decir esto en la rueda de prensa que realizó junto a Almeida y Ayuso este jueves, acometió un alegato antifascista.

“Me parece terrible y el mundo está en una frase crítica ahora mismo. Siempre estoy rotundamente en contra del fascismo, ya sea en el Gobierno, en el teatro, en la censura... Me preocupa mucho y estoy en contra”, dijo, delante de Ayuso y Almeida.

Entonces, ¿en qué quedamos, Woody?

Madrid como 'product placement'

En realidad, ya sabemos en qué quedamos: en intentar no molestar a quien pone el dinero. No es verdad que Woody Allen sea un cineasta no político. Allen ha criticado estructuras como la familia, la religión, la intelectualidad y el poder. No lo ha hecho con la crudeza y la potencia del cine militante, ni tampoco lo ha hecho con obviedades, pero ya todos sabemos que cualquier visión del mundo es política por naturaleza, y qué es una película sino la elección de un punto de vista.

Y una parte del dinero, en este caso, proviene de las dos administraciones locales cuyos máximos representantes se hicieron la foto con el cineasta (y le regalaron una guitarra flamenca del luthier Manuel Rodríguez, una amplificada —sin caja— de unos 1.400 euros, curiosa elección). El Ayuntamiento de Madrid y la Comunidad han invertido en conjunto tres millones de euros, la mitad cada uno, que salen de sus presupuestos de promoción turística. ¿Por qué, qué es si no la cultura para estas administraciones más que una vía para atraer más turistas?

Madrid será un product placement en el cine de Woody Allen, como uno de esos botellines de cerveza que el actor agarra providencialmente por la parte donde no hay etiqueta. De hecho, sin ningún rubor, Almeida dijo en la presentación que la película, aún sin título, será “para Madrid un antes y un después desde el punto de vista de la imagen y de marca”. Madrid marca, Madrid escaparate, Madrid oportunidad única.

Madrid, con su feísmo y su malismo, con sus cubos de basura desbordados, sus edificios como hornos y sus acacias derrumbadas por el calor o la lluvia, con sus esculturas sin criterio (Plensa, Botero, El Legionario, el caballo flotante de la plaza del Carmen, el Goya enano, las meninas de colorines), ese Madrid está más guapo que nunca gracias a la Acampada Maricarmen en la Puerta del Sol. Hay una belleza en las tiendas de campaña, los carteles cartoneros y los plásticos como toldos que no hacen a la ciudad preciosa y elegante, pero si hermosa y verdadera. ¿Quién va a rodar la película sobre ese Madrid?