Organizarse la vida para acampar en Sol por Maricarmen: “Cuando no pueda teletrabajar cogeré vacaciones”
Mientras la acampada de la Puerta del Sol continúa a base de talleres, asambleas comunitarias y soluciones improvisadas contra la lluvia, las vidas de quienes organizan la concentración no se detienen. En la mañana de este lunes, dos días después de que la protesta por el desahucio de Maricarmen se materializara en esta acción de indignación, una imagen habitual ha sido la de manifestantes sentados en sillas plegables o tiendas de campaña trabajando desde sus ordenadores portátiles. Es el primer día laborable desde el estallido social.
Junto al puesto de reparto de comida del Sindicato de Inquilinas de Madrid, dos miembros de la organización cuentan sus experiencias. “No me he pedido el día libre. Supuestamente, yo ahora mismo estoy trabajando”, admite Darío (que prefiere no desvelar su nombre real). “Soy ingeniero informático en una empresa y trabajo desde casa. Estoy un poco pendiente al móvil y me he traído el portátil, pero hoy lo importante era estar aquí”, añade, en declaraciones a Somos Madrid.
A su lado, Clara cuenta que ella trabaja como azafata en una exposición y este lunes por suerte es su día libre. “A partir de mañana la cosa será ir al trabajo y volver. El museo está cerca y tengo turno partido”, dice, al tiempo que admite que está viviendo “unos días muy intensos un poco disociada”.
“La idea es establecer algún hueco de teletrabajo en la acampada para la peña”, avanza Clara. Hasta entonces, toca organizarse con medios un poco más precarios. En un hueco entre tiendas de campaña y sobre varias sillas de playa, dos jóvenes no apartan la mirada de sus portátiles mientras una tercera compañera mira el móvil y sujeta una bolsa con comida. “Yo soy autónoma”, contesta Andrea, que puede reorganizar su agenda para dedicar muchas horas a la acampada durante al menos unos días.
Acampar hasta que dure la batería
“Nosotras estamos aquí teletrabajando hasta que nos dure la batería. Vivimos cerca así que podemos ir turnándonos para ir y venir”, cuenta Paula, que se dedica al sector de las mudanzas internacionales para una empresa holandesa y puede trabajar a distancia todos los días. Quienes viven más lejos tienen incluso la opción de echar mano de una bolsa con baterías que les permite continuar con su actividad laboral sin desplazarse del asentamiento.
Jesús, ingeniero químico que pide aparecer en el reportaje con un nombre ficticio, tiene dos días de teletrabajo a la semana que piensa utilizar este lunes y este martes: “Cuando los gaste y no pueda teletrabajar más hasta el lunes que viene, si hace falta, cogeré vacaciones”.
Claro que no todo el mundo puede permitirse trabajar a distancia ni siquiera un día a la semana, de ahí la importancia de que colaboren quienes sí pueden hacerlo o quienes están fuera del mercado laboral. “Hemos dormido en la tienda de unas chicas que se tenían que ir a trabajar fuera y las hemos cubierto”, explica Paula.
Una protesta ecléctica de duración incierta
Además de autónomos o empleadas y empleados que hacen malabares con sus turnos, la acampada sale adelante gracias al esfuerzo de estudiantes que faltan a clase, personas desempleadas, pensionistas o hasta opositores que están a la espera de tomar posesión de las plazas que han conseguido en la administración. “Aquí ves todas las variables del arcoíris”, resume Lara, del Sindicato de Inquilinas.
“Ha habido un montón de gente voluntaria y eso nos permite rotar en puestos o repartir tareas. Así, quien necesita irse para trabajar o cuidar de familiares, puede hacerlo sin que la acampada decaiga”, relata Diego, otro miembro de la entidad en defensa de los derechos de arrendatarios.
Es esa coordinación y esa fuerza colectiva la que ha permitido desplegar una importante agenda de iniciativas apenas 48 horas después del inicio de la concentración. Asesorías legales, asambleas participativas, espacios para el cuidado de menores, juegos, un puesto para enviar cartas a Maricarmen... Poco a poco se van sumando distintos colectivos sociales, políticos, vecinales o sindicales. Las educadoras infantiles cuentan con su propia carpa tras la manifestación educativa del domingo y se ven grupos que abogan por la liberación del pueblo saharaui o el fin del genocidio en Gaza.
Ninguno de los asistentes sabe hasta cuándo durará este nuevo 15M, aunque están dispuestos a organizarse para alargarlo lo necesario. La portavoz del Sindicato de Inquilinas de Madrid, Alicia del Río, ha vinculado en declaraciones a los medios la continuidad de la protesta con el contenido del Real Decreto que este martes aprobará el Consejo de Ministros. “Tiene que salir el Decreto Maricarmen íntegramente”, ha afirmado, apuntando directamente a la instauración de los contratos indefinidos de renovación automática como “la medida que no se puede quitar”.
“Vamos a seguir apretando y dándolo todo hasta el martes, después veremos cómo se convalida en el Congreso”, ha añadido. Del Río adelanta que los planes sobre la acampada y el resto de acciones del Sindicato “se irán anunciando, pero toda la presión para el martes”. De momento Darío, Jesús y Paula ya saben que mañana les tocará trabajar entre carpas, sacos de dormir y una indignación que puede convertirse en esperanza.