El bailarín Juan Berlanga, tras la agresión por manifestantes en apoyo a Ceuta: “Seguí bailando, no iba a dejarles salirse con la suya”
El bailarín jiennense Juan Berlanga dice tener mal cuerpo todavía, no entender nada. Han pasado cinco días desde que en la inauguración del ciclo CallejeArtes en Manzanares (Ciudad Real) sufrió una agresión mientras bailaba en la plaza de la Constitución: recibió insultos, le arrojaron una silla e intentaron detener la representación haciendo sonar bocinas. Los ataques vinieron por parte de algunas de las personas que se habían congregado en esa misma plaza como parte de las concentraciones convocadas por el PP, con el apoyo de Vox, con motivo del Día de Ceuta.
Berlanga no es alguien nuevo en la profesión, es bailarín del Ballet Nacional, desde hace tres años dirige su propia compañía y justo con la pieza que estaba mostrando en el municipio de Ciudad Real, Juancaballo, recibió este año el Premio Max al mejor intérprete masculino. Estas tablas le dieron la fortaleza para tomar una determinación: no dejar de bailar a pesar de los ataques.
Juan Berlanga atiende a elDiario.es desde Tenerife, donde está bailando con el Ballet Nacional. Con Juancaballo continua una larga gira que en los próximos meses le llevará a Dinamarca y Perú. Y ya está preparando una gran pieza para diciembre que estrenará en el Centro de Danza Matadero (Madrid), El salto de Bultes, en la que contará con la dirección musical de Niño de Elche y la dramaturgia de Alberto Conejero, con quien también colaboró para Juancaballo.
¿Podría contar qué pasó exactamente?
El Ayuntamiento nos informó que esa noche había una manifestación por Ceuta, pacífica en todo momento, nos dijeron, a la misma hora en el lado opuesto de la misma plaza. Llegamos antes para preparar todo, la plaza estaba de bote en bote. Ellos en un lado y nosotros con sillas para que el público pudiese ver, en el otro. Y cuando comenzó el espectáculo a las ocho de la tarde y se empezó a oír la música, empezaron a acercarse y a pitar.
¿Con qué intención se acercaban?
Querían parar la pieza. En los primeros cuatro minutos empezaron a gritar, a no dejar escuchar con las bocinas… Se fueron calentando y comenzaron los insultos. Yo decidí no parar, en el comienzo estoy yo solo en el espacio, en un linóleo de ocho por 10 metros que estaba a ras de suelo. Podían haber entrado sin dificultad, pero me sentí con fuerza, estaba haciendo mi trabajo y decidí seguir y hasta que el Ayuntamiento no decidiera pararlo, continuar. Seguí bailando, no iba a dejarles salirse con la suya.
¿Qué clase de insultos escuchó?
Al principio eran más generales, parecía que les daba igual si fuese una pieza de danza o cualquier otra manifestación artística, pero la cosa se fue complicando y comenzaron a ir contra la pieza, contra mí directamente. Eran insultos a nivel personal, incluso de naturaleza homófoba. Querían parar la obra e incluso llegaron a desenchufar uno de los altavoces y amenazaron al técnico. Hubo un momento complicado, la verdad, que empeoró cuando alguien tiró una silla al escenario.
En ese momento, ¿decidió parar?
No, seguí bailando, en ningún momento paré. Fue cuando entró mi compañero Arthur Bernard a escena que el Ayuntamiento decidió parar la pieza. La Guardia Civil y la Policía intentaron acordonar la zona y alejar a los manifestantes porque la situación se estaba yendo de madre, pero yo nunca paré, hice mi trabajo.
¿Qué pasó luego?
Nos quedamos atrás y luego la Policía nos llevó a camerinos. Una hora más tarde pudimos recomenzar cuando buena parte de los manifestantes ya se habían dispersado. Volvimos a hacerla entera, mucho público decidió quedarse, se aplaudió y salió una función especialmente emotiva. Quería aprovechar para agradecer a ese público que se quedó y nos defendió.
¿Cuándo estaba bailando, era consciente de lo que pasaba, oía los insultos?
Sí, era plenamente consciente. Me gritaban que no era español, perroflauta…
También hubo insultos homófobos, ¿no?
Sí, maricón, que es el insulto básico de este tipo de personas.
Este país está yendo hacia un lugar muy feo, por eso he decidido hablar y dar a conocer lo que pasó. Hay que posicionarse. Entiendo que se manifiesten, lo respeto, incluso lo apoyo, yo me he manifestado en otras ocasiones, pero lo que pasó fue otra cosa
¿Le había pasado algo parecido alguna vez?
Nunca, fue muy desagradable. Este país está yendo hacia un lugar muy feo, por eso he decidido hablar y dar a conocer lo que pasó. Hay que posicionarse. Entiendo que se manifiesten, lo respeto, incluso lo apoyo, yo me he manifestado en otras ocasiones, pero lo que pasó fue otra cosa.
¿Cómo se le ha quedado el cuerpo?
Por suerte a nivel físico estamos bien, no nos ocurrió nada, pero a nivel emocional te deja tocado, no entiendes muy bien el porqué. Es verdad que yo me mantuve firme y fuerte, pero con los días lo vas viendo con cierta perspectiva… En estos días me ha ayudado sentir el apoyo de mucha gente, de las instituciones...
La SGAE, la Red Nacional de Teatros Públicos y el Ballet Nacional donde usted es bailarín, ya han condenado estos hechos…
Es importante ese apoyo, pero también el de toda la profesión, el de amigos e incluso gente desconocida que me han escrito y me alaban el no haber parado, creo que hice bien, que no parar fue ya un posicionamiento, defendí algo que siento que es mío. En vez de avanzar estamos retrocediendo y pienso que es más importante que nunca posicionarse y defenderse.
El grupo de música Tanxugueiras sufrió un episodio similar en Palencia. Las integrantes han realizado un comunicado donde piden visibilizar este tipo de actos y abrir un debate donde predomine el respeto, el cariño y el amor, ¿está de acuerdo?
Totalmente de acuerdo, transmití también el mismo mensaje. Hay que visibilizarlo y denunciarlo, no nos podemos quedar callados.
Estamos en una sociedad que por suerte ha ido avanzando, pero últimamente hay un claro retroceso. No se trata solo de la danza, los ataques homófobos están aumentando en todos los sectores de la sociedad
Hace unos meses, el bailaor Manuel Liñán (Premio Nacional de Danza) sufrió una oleada de ataques homófobos en las redes por presentar una pieza donde bailaba con falda. La danza es un arte que muchas veces es diana de la homofobia, ¿está de acuerdo?
Aquello fue tremendo, intolerable. Estamos en una sociedad que por suerte ha ido avanzando, pero últimamente hay un claro retroceso. No se trata solo de la danza, los ataques homófobos están aumentando en todos los sectores de la sociedad.
Liñán contaba que empezó a bailar a los cinco años y que de niño, por miedo a que lo insultasen, se encerraba en su cuarto a bailar… Quiero decir, estos ataques no son algo nuevo…
En absoluto, yo también sufrí acoso y bullying por ser diferente. Era una sociedad, la de los noventa, que simplemente no permitía una realidad. Eras el maricón de la clase. Sigo preguntándome por qué, como a un niño que está creciendo, formándose, se le puede señalar de ese modo. Sigo sin entender por qué hay que atacar a alguien por su condición sexual.
No sé si ha sacado alguna conclusión de todo lo que ha pasado…
Que hay que defender lo que uno es y su trabajo, siempre. Esa es la conclusión. Y no estoy en contra de nadie, incluso podría llegar a manifestarme por lo que está pasando en Ceuta, lo que no me voy a unir es a ese grupo de individuos que venden una manifestación pacífica cuando no es así. Su actitud es otra, son como unos gremlins a los que se les echa agua.