Del miedo al olvido: el negocio de los kits de supervivencia se enfría un año después del gran apagón
El 26 de marzo de 2025, apenas un mes antes del mayor apagón en la historia reciente de España, la Comisión Europea lanzó una recomendación que pasó relativamente desapercibida hasta que la realidad la puso a prueba: cada ciudadano debería contar con un kit de supervivencia para 72 horas ante posibles emergencias.
No era una obligación ni una orden, sino una sugerencia dentro de su Estrategia de Alerta y Previsión. La idea era simple: estar preparados ante cualquier incidencia que interrumpa servicios básicos como la electricidad, las comunicaciones o el suministro de agua.
El contenido estaba definido en lo esencial: agua potable, alimentos no perecederos, medicamentos, linternas, radios que funcionen sin electricidad, baterías externas, dinero en efectivo y documentación importante protegida.
El Ejecutivo comunitario también insistió en otra idea clave. No basta con comprar el kit, hay que mantenerlo y revisarlo. En España no existe todavía una guía oficial equivalente, a diferencia de lo que ocurre en países como Suecia, Finlandia o Francia.
El apagón que lo cambió todo
Un mes después de esa recomendación de Bruselas, el 28 de abril de 2025 a las 12:30 horas, la península ibérica se quedó sin suministro eléctrico y sufrió el mayor apagón de su historia reciente. Hace un año, millones de personas se quedaron sin luz, sin conexión y, en muchos casos, sin información durante horas.
Ese pico también tuvo su reflejo en internet. Las búsquedas en Google de “kit de supervivencia” y términos relacionados se multiplicaron en los días posteriores al apagón, tal como muestra el gráfico adjunto, marcando un máximo histórico que luego iría descendiendo drásticamente con el paso de los meses.
El gráfico de búsquedas en Google ilustra bien esta evolución: un ascenso abrupto tras el apagón y una caída progresiva posterior. No hasta el punto de volver al inicio, pero sí lo suficiente como para confirmar que el fenómeno fue, en gran medida, coyuntural. Kike Aganzo, portavoz del comparador de precios idealo.es, resume el fenómeno: “Se observa un doble comportamiento: picos muy intensos en momentos concretos, pero también un interés sostenido que indica un consumidor más planificado”.
Un nuevo nicho comercial
En su momento, la reacción fue inmediata. Según datos de Idealo, las búsquedas de productos relacionados con emergencias se dispararon en cuestión de horas: generadores eléctricos (un 639%), hornillos de camping gas (con un repunte del 547%), placas fotovoltaicas (400%), estaciones de energía portátiles (375%) y radios (205%).
A partir de entonces, comenzó a tomar forma un nuevo ecosistema comercial. Tiendas online y físicas empezaron a ofrecer kits de supervivencia ya preparados, empaquetando en una sola compra los productos recomendados por la Comisión Europea.
Al mismo tiempo, muchos consumidores optaron por crear sus propios kits comprando artículos por separado. El propio Idealo detecta que, más allá del pico inicial, el interés se ha mantenido en niveles más altos que antes del apagón: las búsquedas de linternas crecieron un 278,6% entre julio de 2025 y enero de 2026; las de hornillos, un 247,7% y las de radios, más de un 100%.
Ferreterías: entre la curiosidad y el impulso
En el comercio de proximidad, el fenómeno se percibe con matices. Varias ferreterías consultadas coinciden en que ha habido más interés, pero sin llegar a un cambio estructural. “Sí que hemos notado algo más de movimiento en ese tipo de productos, sobre todo linternas, pilas y garrafas de agua. No es una locura, pero sí más que otros años”, explican desde un establecimiento. “También hay más gente preguntando, aunque luego no siempre compran”.
Otros negocios apuntan a una estabilidad general: “No hemos visto un cambio especialmente significativo. Sí hay picos puntuales cuando aparecen noticias sobre apagones, pero la demanda se mantiene bastante estable”. En algunos casos, la percepción es más clara: “En los últimos meses, hemos vendido más radios a pilas, linternas potentes y baterías externas. Mucha gente viene preguntando directamente por ‘cosas por si pasa algo”.
Y hay quien lo resume como un comportamiento cíclico: “Cuando se habla en medios de posibles cortes de luz o crisis, se disparan las ventas durante unos días. Luego vuelve a la normalidad. Es más reactivo que constante”.
El papel del miedo en el consumo
Desde la Federación de Consumidores y Usuarios (CECU) llaman a contextualizar este fenómeno. “En contextos de incertidumbre, es habitual que surjan productos que apelan a la seguridad y al control, pero es importante evitar el alarmismo”, señalan.
La organización subraya que España cuenta con un sistema eléctrico robusto y que no existen recomendaciones oficiales que justifiquen la compra generalizada de estos kits. Por ello, recomiendan informarse a través de fuentes oficiales y evitar decisiones impulsivas. “La mejor protección del consumidor pasa por información veraz, transparencia y responsabilidad por parte de las empresas, no por alimentar narrativas de riesgo desproporcionadas”, añaden.
Un año después, el 'boom' de este tipo de kits muestra signos claros de enfriamiento. Según Idealo, el pico de búsquedas tras el apagón se replicó en otros países europeos donde opera el comparador, lo que apunta a una reacción muy vinculada al impacto concreto del corte eléctrico en la península.
Al mismo tiempo, el mercado ha evolucionado más por la tecnología que por la urgencia. “Lo que sí hemos visto es productos cada vez más preparados para funcionar sin electricidad”, explican desde Idealo, con ejemplos como radios solares con dinamo o estaciones de energía portátiles más asequibles, algunas por debajo de los 250 euros. Es decir, más que kits cerrados, lo que gana terreno son soluciones individuales adaptables a distintos usos, desde emergencias hasta el camping o las caravanas.
Los precios, además, se han mantenido relativamente estables, con variaciones leves: radios (+2,3%), hornillos (+1,9%) o incluso descensos en linternas (-7,3%), según Idealo.
Desde CECU, la organización insiste en que, en España, “no hay recomendaciones oficiales que justifiquen la compra de estos kits de forma generalizada” y ponen el foco en no convertir la prevención en un mercado basado en el miedo.
El resultado es un segmento de negocio que no ha desaparecido, pero sí ha perdido intensidad. El kit de supervivencia ha pasado de ser una compra urgente a una opción más reflexiva, en un punto intermedio entre la prevención razonable y el impulso motivado por el miedo. Queda, eso sí, una huella: más conocimiento, más oferta y una cierta conciencia de vulnerabilidad. Lo suficiente para sostener un negocio, pero no para mantener el boom.