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La UE echa el freno a la agenda verde ante la presión de los agricultores

Irene Castro

Corresponsal en Bruselas —

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El nerviosismo se está apoderando de las principales capitales europeas y también de la Comisión Europea a las puertas de unas elecciones cruciales en las que se da por descartado que la extrema derecha aumentará sustancialmente su representación. Que las fuerzas populistas dejen de capitalizar el descontento, en concreto del sector agrícola, es uno de los objetivos de la dirigencia europea. La gran amenaza sobrevuela sobre la agenda verde, que está en la diana de las protestas de los agricultores que recorren el continente.

La primera oleada de protestas de agricultores hace unos meses ya señaló el camino que ahora ha emprendido la Comisión Europea. Las movilizaciones del sector primario llevaron a los presidentes de Francia y Bélgica, los liberales Emmanuel Macron y Alexander de Croo (que tiene elecciones este mismo año), a plantear una “pausa” en la normativa medioambiental, que ha llevado a la UE a ser el continente más avanzado hacia el compromiso de la neutralidad climática. “Deberíamos prestar atención a la capacidad de absorción”, dijo entonces la presidenta del gobierno comunitario, Ursula von der Leyen.

Ahora, a cuatro meses de las elecciones europeas, la alemana ha dado un paso más al dar directamente marcha atrás en una de las medidas estrellas del Pacto Verde Europeo: la regulación con la que la UE pretendía reducir en un 50% el uso de pesticidas químicos. La propia Comisión Europea defendió al impulsarla en 2022 que era necesario ese recorte por los importantes riesgos para la salud de los ciudadanos relacionados con el uso de plaguicidas químicos, especialmente para aquellas personas que los utilizan, pero también para los grupos vulnerables y los niños. Los pesticidas químicos pueden tener efectos dermatológicos, gastrointestinales, neurológicos, cancerígenos, respiratorios, reproductivos y endocrinos.

Alrededor de 385 millones de casos de intoxicaciones agudas no intencionales con pesticidas ocurren anualmente en todo el mundo, incluidas alrededor de 11.000 muertes. En áreas agrícolas, el uso de algunos pesticidas químicos contribuye a la disminución de polinizadores que son necesarios para alimentar a una población mundial en crecimiento. El 75% de los tipos de cultivos alimentarios mundiales dependen de la polinización animal y el 50% de la tierra en la UE cultivada con cultivos dependientes de polinizadores ya se enfrenta a un déficit de polinización.

Pero esa regulación, que el Parlamento Europeo rechazó con los votos del Partido Popular y que estaba bloqueada en el Consejo, ha sido uno de los principales caballos de batalla de las organizaciones agrícolas. “La ambición de los objetivos propuestos contrasta con la poca información sobre las soluciones, las alternativas técnicas y el marco de apoyo a los agricultores, lo que conducirá a deficiencias en la legislación en las explotaciones”, se quejó en su momento Asaja.

“La Comisión propuso la regulación para el uso sostenible de los pesticidas (SUR), con el digno objetivo de reducir los riesgos de los productos químicos fitosanitarios. Pero la propuesta SUR se ha convertido en un símbolo de polarización”, señaló Von der Leyen este martes en el Parlamento Europeo. “Para avanzar, se necesita más diálogo y un enfoque diferente. Y sobre esta base, la Comisión podría hacer una nueva propuesta mucho más madurada con la participación de las partes interesadas”, agregó la presidenta del gobierno comunitario, que aspira a que salgan propuestas del diálogo estratégico que ha puesto en marcha para tratar de calmar al campo y que, en todo caso, se impulsarán ya en el próximo mandato.

La marcha atrás con los pesticidas ha sido el gran gesto de Von der Leyen seis días después de que los agricultores desplazaran la 'tractorada' al barrio europeo de Bruselas coincidiendo con la cumbre de líderes. Pero no es el único. La Comisión Europea ha publicado también este martes la comunicación sobre los objetivos climáticos hasta 2040 y se queda en la horquilla baja de la propuesta de los científicos que la asesoran. Así, la apuesta de Bruselas es reducir un 90% las emisiones respecto a 1990 -frente a la propuesta de recortar entre el 90 y el 95% que hizo el consejo asesor-.

“Vincular la ambición con el arte de lo posible”

Algunos borradores del texto recogían que la reducción fuera de “al menos” el 90%, para darle una mayor ambición. Y así lo había defendido el comisario de Acción Climática, Wopke Hoekstra. ¿Por qué se ha retirado? “Hemos hecho una elección deliberada en el Colegio de Comisarios de ir a por un porcentaje exacto para dar claridad y hacer algo que siempre se hace en política: vincular tu ambición con el arte de lo posible. Es lo que estamos haciendo”, ha explicado en una rueda de prensa Hoekstra. El texto no hace alusiones concretas al uso de los combustibles fósiles ni a la desaparición de las ayudas destinadas a esas energías, tal y como le han reprochado Los Verdes en un debate en la Eurocámara.

Lo que también desaparece del texto es la alusión concreta a la reducción de un 30% de las emisiones por parte del sector agrícola, aunque sí figura una mención genérica al “margen para reducir más rápidamente las emisiones del sector y aumentar la absorción de carbono en la tierra, los suelos y los bosques”.

La revuelta del PPE

La cesión de Von der Leyen con la 'relajación' de las normas no es sólo a los países, como Francia o Bélgica, que lo habían solicitado sino que es fundamentalmente un acercamiento a su partido, el PPE, que lleva cerca de un año marcando distancias con la política ambiental del gobierno comunitario por la presión que ejerce la extrema derecha. Además de oponerse a la regulación de los pesticidas, el grupo que pilota Manfred Weber trató de tumbar la ley de restauración de la naturaleza, que finalmente salió adelante, pero descafeinada respecto a la intención inicial. Esos fueron los primeros pasos que el PPE pretende culminar en su programa electoral en cuyo borrador apuesta incluso por revertir la prohibición de la venta de los coches de gasolina y diésel a partir de 2035.

Las protestas agrícolas presionan a los gobiernos europeos y han provocado tensiones entre ellos, como las acusaciones de competencia desleal que Francia ha hecho sobre España. Pero fundamentalmente el malestar llega de las diferencias competitivas respecto a los productos que llegan fuera del continente en un momento en el que, además, el proteccionismo se ha ido imponiendo en la UE para competir en lo tecnológico fundamentalmente con el resto de potencias. Los gobiernos han recogido esas críticas y países como Francia e Irlanda aprovecharon para poner en cuestión las negociaciones del acuerdo comercial con Mercosur, que lleva dilatándose décadas y cuyos últimos escollos giran precisamente en torno a la legislación ambiental.

El consumo de combustibles fósiles cae a mínimos históricos en la UE

No todo son malas noticias para el medio ambiente. El consumo de combustibles fósiles cayó a mínimos históricos en 2023 gracias a la reducción de la demanda de electricidad y al despliegue de las energías renovables. Según un informe del think tank Ember, “la generación fósil se desplomó un 19% en 2023, representando menos de un tercio de la energía de la UE por primera vez”. 

Así, hubo un descenso “récord” del carbón (-26%) y del gas (15%). De hecho, la producción de energía eólica (18%) superó por primera vez a la de gas. “En conjunto, las energías renovables aumentaron hasta alcanzar una cuota récord del 44% de la electricidad de la UE en 2023”, señala el documento.

No obstante, también advierte de que tendría que aumentar las renovables para alcanzar el objetivo de que el 55% de la energía proceda de la eólica y solar en 2030 (actualmente esas dos suman un 27%). “La energía solar aumentó en 56 GW de capacidad adicional en 2023, frente a 41 GW en 2022. Pero no logró igualar su crecimiento interanual de generación de 2022. Y, aunque la eólica fue fuerte en 2023, con un 13%, debe aumentar un 15% cada año hasta 2030 para cumplir los requisitos de REPowerEU”, apostilla el informe. 

“El carbón está a punto de desaparecer y, a medida que crezcan la eólica y la solar, el gas será el siguiente en entrar en declive terminal. Sin embargo, no es el momento de dormirse en los laureles. La UE necesita centrarse en el rápido despliegue de la energía eólica, la solar y la flexibilidad para crear un sistema libre de los riesgos de los combustibles fósiles”, expresa Sarah Brown, directora del programa europeo de Ember.