Tiroides y obesidad, ¿qué ocurre realmente en nuestro cuerpo?
El ámbito de la endocrinología ha evolucionado de manera significativa en los últimos años. Un progreso que ha permitido cambiar el abordaje de la obesidad y las patologías tiroideas gracias a la medicina de precisión e individualizada y a terapias dirigidas. Existe una relación compleja entre la enfermedad tiroidea y el peso corporal. Si bien ambas condiciones clínicas influyen en el metabolismo del individuo, se trata de dos entidades patológicas distintas, con causas, mecanismos y tratamientos independientes.
La obesidad, reconocida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una enfermedad crónica y multifactorial, se caracteriza por una acumulación excesiva de tejido adiposo. Las enfermedades tiroideas, en cambio, representan trastornos endocrinos concretos, como hipotiroidismo. El origen de ambos trastornos a menudo se confunde, algo que puede retrasar el diagnóstico y el abordaje.
En palabras de la Doctora Nerea Aguirre Moreno, jefa asociada del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario Rey Juan Carlos, con motivo de la Jornada de Actualización en Endocrinología y Nutrición, obesidad y patología tiroidea, “tanto las enfermedades tiroideas como la obesidad cuentan hoy en día con herramientas diagnósticas y tratamientos cada vez más eficaces”. ¿Cómo funcionan realmente estas dos condiciones? ¿Por qué es importante tratarlas como dos entidades médicas separadas?
Tiroides, una especie de termómetro del cuerpo
Para entender un poco cómo funciona la tiroides, podemos imaginar esta pequeña glándula en forma de mariposa que se sitúa en el cuello como una especie de horno que produce hormonas y que le indica a las células cuánta energía deben usar. La hormona estimulante de la tiroides (TSH), por ejemplo, producida por la glándula pituitaria, le indica a la tiroides que trabaje más o menos; la tiroxina (T4) es la forma de almacenamiento de la hormona que viaja a través del torrente sanguíneo; y la triyodotironina (T3), el combustible activo que permite obtener energía celular. Cuando este sistema no está sincronizado, el horno puede atascarse en alta potencia (hiperactivo) o apagarse bruscamente (hipoactivo).
Interpretar bien cualquier tipo de fallo es fundamental. En este sentido, una de las dudas más frecuentes que suelen aparecer es qué hacer si se detecta un bulto en el cuello durante un autoexamen. Si bien muchos nódulos tiroideos son benignos e inofensivos, cualquier cambio físico en la glándula requiere una evaluación médica profesional, que puede incluir una ecografía o un examen físico realizado por un médico. Actualmente, los sistemas de clasificación ecográfica permiten valorar el riesgo de malignidad de forma precisa y decidir qué pacientes necesitan estudios adicionales o seguimiento.
“El abordaje multidisciplinar, especialmente en la coordinación entre Radiodiagnóstico, Endocrinología y Nutrición y el resto de especialidades implicadas, es importante”, afirma la Doctora Ana Alonso Torres, del Servicio de Radiodiagnóstico y la Sección de Neurorradiología del Hospital Universitario Rey Juan Carlos.
Obesidad, una enfermedad multifacética
A menudo la obesidad se malinterpreta y se asocia a comer demasiado o no hacer suficiente ejercicio. Sin embargo, se trata de una enfermedad metabólica compleja y multifacética, impulsada por la predisposición genética, las influencias ambientales y los desequilibrios energéticos a largo plazo que afecta en España a uno de cada cinco adultos y uno de cada diez niños y adolescentes, según datos de la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO).
Este reconocimiento como enfermedad allana el camino hacia una mejor comprensión de cómo abordarla. Se trata de identificar signos, síntomas, causas y complicaciones ya que su carácter multifactorial es capaz de ocasionar y desencadenar distintas patologías clínicas como la diabetes tipos 2, la hipertensión arterial o la enfermedad cardiovascular,
Precisamente por su carácter multifactorial, es necesario contar con herramientas que vayan más allá del exceso de peso. Y aquí es donde las nuevas terapias farmacológicas juegan un papel clave ya que han permitido abrir las opciones de tratamiento, gracias a las cuales se han conseguido logros importantes, como pérdidas de peso de entre el 15% y el 20%. Una opción que debe estar siempre supervisada, dirigida y valorada por profesionales sanitarios y que debe complementarse con cambios de hábito de vida.
La obesidad, además, debe tratarse como algo más complejo que unos kilos de más en la báscula porque está estrechamente ligada también con la menopausia, la enfermedad metabólica o el riesgo cardiovascular, cada una de ellas con particularidades específicas que deben abordarse de forma individualizada.
Control de la obesidad, más que perder peso
La pérdida de peso mejora de manera significativa el control glucémico, la presión arterial y la calidad del sueño, a la vez que reduce el riesgo de diabetes tipo 2, eventos cardiovasculares y mortalidad. Sin embargo, el verdadero reto es mantener este peso a largo plazo ya que, en muchos casos, las adaptaciones fisiológicas favorecen la recuperación del peso perdido.
La obesidad, por tanto, es una enfermedad crónica y recurrente que requiere atención multidisciplinaria e individualizada de por vida. Los avances en la comprensión de sus mecanismos y modalidades de tratamiento permiten a los profesionales contar con un abanico cada vez mayor de herramientas para ayudar a las personas a tener mejores resultados.
Una perspectiva que pase de la culpabilización a una atención basada en criterios biológicos es clave para reducir el estigma y mejorar los resultados, de la mano de unos hábitos de alimentación saludable, actividad física regular, buenos hábitos de sueño, un tratamiento eficaz de los factores emocionales y el apoyo sanitario.