La mitad de los pacientes con diabetes tipo 2 no logra controlar su enfermedad en España

Gonzalo Garzón

Hay enfermedades de las que, pese a su elevada incidencia, se habla poco. Es el caso de la diabetes, que en España afecta al 13,1% de la población adulta. Cerca de cinco millones de personas que, en su mayoría, sufren diabetes de tipo 2. Un problema de salud pública de primer nivel que no solo tiene que ver con el control del azúcar en sangre, sino también —y muy especialmente— con la prevención de complicaciones graves que afectan al corazón y a los riñones.

Entre los principales desafíos que presenta la diabetes tipo 2 destaca el hecho de que puede desarrollarse durante años sin síntomas claros. Y eso tiene consecuencias: muchas personas no saben que la padecen hasta que una analítica rutinaria detecta niveles elevados de glucosa o, en el peor de los casos, cuando ya aparecen daños en órganos. En este escenario, la Atención Primaria se convierte en la primera línea de defensa: es ahí donde se registran de forma continuada datos clave como el peso, la tensión arterial o los hábitos de vida, lo que permite detectar señales de alerta de forma precoz. El médico de familia tiene un papel esencial en la prevención.

Controlar los síntomas

El papel del médico de familia va mucho más allá del diagnóstico. En enfermedades crónicas como la diabetes, la relación cercana y continuada con el paciente permite anticipar problemas, ajustar tratamientos y acompañar en los cambios de estilo de vida. Además, es el profesional que coordina la atención cuando surgen complicaciones o cuando la enfermedad se presenta con otros factores de riesgo cardiovascular frecuentes, como la hipertensión o el colesterol alto.

Y es que la diabetes rara vez aparece sola. En la consulta es muy habitual encontrar pacientes que, además de la enfermedad, presentan sobrepeso u obesidad, presión arterial elevada o dislipidemia, un desequilibrio de los lípidos en la sangre. Este conjunto de factores multiplica el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y deteriora la función renal. Por eso, cada vez más expertos recomiendan un enfoque “cardio-renal-metabólico”, que propone tratar la diabetes de manera integral y no como una enfermedad aislada. 

Pese a que ese enfoque integral ha demostrado su eficacia, la realidad asistencial demuestra que aún no está plenamente implantado. Y así lo demuestran los datos. Un estudio reciente, basado en datos de más de 5.000 pacientes atendidos en 70 centros de salud de toda España, revela que aproximadamente la mitad no alcanza los niveles recomendados de control glucémico. Es decir, uno de cada dos pacientes convive con un mayor riesgo de complicaciones a medio y largo plazo.

A ello hay que añadir los problemas derivados del sedentarismo: la mayoría de los pacientes presenta sobrepeso u obesidad, lo que guarda una estrecha relación con la diabetes tipo 2. Y aunque existe evidencia de que el peso influye directamente en el control de la enfermedad, en la práctica clínica los objetivos terapéuticos siguen centrados principalmente en reducir la glucosa, sin integrar de forma sistemática otras variables como el índice de masa corporal.

Una brecha en el sistema

Esta desconexión entre las recomendaciones de las guías clínicas y lo que ocurre en la consulta refleja una brecha relevante en el sistema sanitario. 

En este contexto, distintos proyectos buscan reforzar el papel de la Atención Primaria como eje del sistema. Es el caso de la empresa farmacéutica AstraZeneca, que ha puesto en marcha iniciativas como Carabela AP, en la que participan cientos de centros de salud y miles de profesionales y que pretende mejorar la coordinación asistencial y facilitar un seguimiento más eficiente de los pacientes crónicos. A ello se suman herramientas digitales y programas formativos orientados a mejorar la detección precoz de complicaciones, especialmente en el ámbito de la enfermedad renal.

De manera paralela, también han surgido plataformas de divulgación dirigidas a pacientes, que intentan explicar de forma accesible la relación entre la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y los problemas renales. El objetivo es doble: por un lado, aumentar el conocimiento sobre la enfermedad y, por otro, reforzar la importancia de la prevención.

El verdadero reto de la diabetes tipo 2 no pasa únicamente en tratarla, sino en prevenir sus complicaciones, evitando sus consecuencias. Y ahí, la Atención Primaria sigue siendo la pieza clave: el lugar donde se detecta, se acompaña y, en muchos casos, se puede frenar su avance antes de que sea demasiado tarde.