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Cuando Aznar mandó en 1997 al alcalde de Paterna y otros cientos de reclutas del Ejército para controlar la valla de Ceuta

Sagredo, junto al Land Rover del Ejército de Tierra, en la misión de control de la valla de Ceuta.

Sergi Pitarch

València —
3 de agosto de 2026 22:29 h

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La fotografía llevaba años guardada en un cajón hasta que la actualidad la rescató. En ella aparece un joven Juan Antonio Sagredo, hoy alcalde de Paterna, uniformado junto a un Land Rover del Ejército de Tierra durante el servicio militar en Ceuta. Corría 1997 cuando el Gobierno de José María Aznar ordenó desplegar a cientos de soldados de reemplazo para apoyar a la Guardia Civil en el control de la frontera ceutí ante el aumento de los flujos migratorios.

El alcalde socialista de Paterna recuperó la instantánea para contextualizar la crisis fronteriza entre España y Marruecos en el campo de batalla en que se han convertido las redes sociales. Según explica en una conversación con elDiario.es, la difundió para recordar que el asunto que ocupa los titulares y las tertulias televisivas desde el pasado viernes no es un fenómeno inédito. Hace casi treinta años, él mismo, con apenas 20 años y mientras cumplía el servicio militar, fue enviado junto a otros reclutas a custodiar una de las fronteras más sensibles de la Unión Europea. “Este problema lleva casi tres décadas enquistado, si no más. Ceuta y Melilla no son solo un problema de flujos migratorios; es una cuestión geopolítica mucho más compleja de lo que puede explicarse en un vídeo de 20 o 30 segundos”, resume.

Las crónicas periodísticas de la época reflejan que la situación en la frontera de Ceuta —y también en Melilla— fue especialmente complicada para el Gobierno de José María Aznar. Entonces, la Delegación del Gobierno en Ceuta estaba reforzando la valla que separa Marruecos de España, lo que había provocado altercados y, sobre todo, un incremento del número de personas migrantes en el campamento de Calamocarro, en su gran mayoría argelinas. Ante la insistencia de los medios de comunicación, el Ejecutivo tuvo que justificar por qué enviaba reclutas a una misión tan delicada. Estos hombres, aseguraba el Ministerio de Defensa, “nunca intervienen de forma directa sobre los posibles inmigrantes ilegales” y se limitan a avisar a los agentes de la Guardia Civil “en los casos en los que se produzca cualquier conducta anómala”.

En 1997, Sagredo formaba parte del tercer reemplazo del año y estaba destinado en el Regimiento de Artillería de Campaña número 30 (RACA 30), integrado en la Comandancia General de Ceuta. Su trabajo habitual poco tenía que ver con la vigilancia fronteriza. Era cabo instructor y enseñaba a conducir camiones militares a los nuevos reclutas para las maniobras de artillería.

Hasta que llegó la orden del Ministerio de Defensa.

“De repente nos dicen que tenemos que ir a la frontera para controlar todo el tema de la inmigración y dar apoyo a la Guardia Civil”, recuerda. Los distintos regimientos de la comandancia fueron desplegados a lo largo del perímetro fronterizo. “Cada ciertos metros estábamos por parejas, dentro de los Land Rover que aparecen en la fotografía”.

Sagredo, con otros reclutas, posan junto a un camión militar en la costa de Ceuta.

La escena, vista con la perspectiva de casi tres décadas, le sigue impresionando. “Éramos unos chavales de 20 años con un rifle cetme vigilando la frontera”, dice. Sagredo había pedido una prórroga del servicio militar para terminar sus estudios y después solicitó ir voluntario a Ceuta. Lo hizo atraído por la experiencia militar, pero nunca imaginó que tendría que vigilar la frontera. “Una cosa es querer conocer cómo es el Ejército y otra muy distinta es que te pongan en una frontera con un cetme”, afirma.

El arma formaba parte del equipo con el que patrullaban, aunque el protocolo era estricto. “La llevábamos descargada, pero con la munición en el Land Rover. Si hubiera sido necesario utilizarla había un procedimiento muy claro”. Aun así, reconoce que aquella fue la única etapa de su vida en la que tuvo un arma y que nunca ha dejado de preguntarse cómo habría reaccionado en una situación límite. “No sé cómo hubiera respondido si hubiera tenido que utilizarla”, admite.

Pese a ello, guarda un buen recuerdo de aquella etapa. “No tengo un mal recuerdo ni de la mili ni de aquella misión. La convivencia fue buena y la situación se fue estabilizando con el paso de las semanas”. Porque, según explica, la crisis de entonces siguió un patrón parecido al actual. El momento de mayor tensión se concentró en los primeros días y después el flujo migratorio fue descendiendo. “Al principio hubo mucho escándalo y luego la situación rebajó bastante. Ahora parece que todo es mayor porque existen las redes sociales y hay muchísima más atención mediática que hace treinta años”, señala.

Precisamente esa amplificación del debate público fue lo que le llevó a compartir la fotografía en sus redes sociales. Considera que las redes sociales y parte del debate político presentan la situación como si fuera un fenómeno inédito cuando, desde su experiencia, responde a una dinámica que se repite desde hace décadas. “Cuando yo estuve en la frontera había un tal José María Aznar, que no era precisamente un presidente socialcomunista”, ironiza. “Estas cosas han pasado siempre”.

Para el alcalde, reducir la situación a un debate exclusivamente migratorio supone ignorar el trasfondo diplomático que históricamente ha acompañado a Ceuta y Melilla. “Este es un problema geopolítico que otros Estados utilizan en determinados momentos. Ceuta no es solo una frontera española, también es una frontera de la Unión Europea”, sostiene. Por eso rechaza los análisis simplistas que proliferan cada vez que aumenta la presión sobre la frontera. “La soberanía española no es una cuestión ideológica”, afirma. Y añade que quienes opinan desde la distancia deberían tener presente la complejidad de lo que ocurre sobre el terreno.

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