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¿Dónde quedamos?

Del centro comercial al VIPS: dime de dónde eres y te diré qué clase de ocio marcó tu juventud

Lucía Taboada

12 de marzo de 2026 22:16 h

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En la Facendera (Anagrama) del escritor Óscar García-Sierra, los chavales quedan todos los domingos en el parking de la gasolinera del pueblo para ver derrapar coches tuneados, como un León amarillo con llamas tribales en las puertas, el tubo de escape trucado y un alerón rollo WRC. Es un ejercicio de ficción, pero está basado en hechos reales porque el ocio de los jóvenes diverge tremendamente de la época y el lugar en el que naces o la clase social a la que perteneces. 

“La segregación residencial y escolar tiene su contrapunto en la segregación lúdica. Cada sector social tiende a encontrarse en determinados espacios, con la salvedad de que el capital económico y cultural de las familias ofrece a la clase media/alta opciones más diversas, mientras que la clase trabajadora y/o de origen migrante tiene como únicas opciones el ocio comercial y el ocio no reglado (léase botellones o la reunión en la calle, objeto de persecución)”, describe Carles Feixa, catedrático de Antropología Social en la Universitat Pompeu Fabra y coordinador del Informe Juventud en España 2024 de INJUVE.

“La desigualdad en el acceso al ocio es una expresión más de la desigualdad estructural. Cuando una familia dispone de recursos económicos y capital cultural, puede ofrecer actividades deportivas, idiomas, música, viajes o intercambios. Cuando no los tiene, las opciones se reducen drásticamente”, apunta Laura Bosch, responsable del Área Intervención Social de YMCA. Desde la organización desarrollan programas de ocio juvenil educativo, fundamentales para la integración, generando oportunidades donde no las hay. Hay que reconocer “el ocio como un derecho, no como un lujo”, dice Bosch.

Cualquier identidad juvenil se ha forjado las últimas décadas entre descampados, plazas, parques, bancos, portales, cines, máquinas recreativas, franquicias o centros comerciales. “La apropiación de los espacios de ocio ha sido históricamente la forma de vinculación de los jóvenes con la ciudad, y también una estrategia de emancipación parcial, ya que supone un espacio intermedio entre el familiar y el institucional”, apunta Freixa, para quién “en la medida en que el periodo juvenil se extiende en el tiempo, dichos espacios dejan de ser algo transitorio y pasan a ser más duraderos y por tanto aumentan su importancia en la construcción de las identidades juveniles”.

La apropiación de los espacios de ocio ha sido históricamente la forma de vinculación de los jóvenes con la ciudad, y también una estrategia de emancipación parcial, ya que supone un espacio intermedio entre el familiar y el institucional

Algo cambió con la llegada de los centros comerciales

En una escena icónica de la película Chicas Malas se retrata la entrada de las protagonistas al centro comercial, su espacio por antonomasia. El director Kevin Smith también insertó en Mallrats la trama de un grupo de jóvenes con mal de amores perdidos en una macrogalería comercial mientras trataban de poner orden en su vida. O, en la más reciente y nostálgica serie de Netflix, Stranger Things, el propio centro comercial juega un papel importante en la trama. Para los jóvenes de la Generación X, que crecieron antes de Internet, y para muchos millennials, el centro comercial fue un lugar donde se hacía mucho más que comprar. Para un observador externo, las reuniones de jóvenes en estos lugares podían parecen un 'no hacer nada'. Pero para ellos era una forma de estar juntos forjando la construcción de la identidad grupal con una forma de socialización espontánea.  

Los padres podían dejar durante horas a sus hijos en estos espacios porque allí se formaba un ecosistema propio, relativamente seguro, aunque supeditado al consumo. “Los centros comerciales facilitan un espacio de relación social, que se vincula con la extensión de la cultura de consumo y con nuevas prácticas recreativas (como los locales de videojuegos o los multicines). La sociabilidad no varía, aunque queda subordinada al consumo. Con un matiz importante: el fenómeno se da solo en las grandes ciudades, donde hay centros comerciales, no se da en las ciudades pequeñas ni en el mundo rural”, asegura Feixa. 

Para los jóvenes de la Generación X, que crecieron antes de Internet, y para muchos 'millennials', el centro comercial fue un lugar donde se hacía mucho más que comprar

En Vigo los jóvenes se reunían en el Centro Comercial La Elíptica, el primero que abrió en la ciudad. En Coslada (Madrid) el rey de la fiesta era el Centro Comercial La Rambla. En Vallecas (Madrid) se estilaba mucho ir al Eroski a pasar la tarde, como en Málaga donde “el Eroski” (el Centro Comercial Larios) era lugar frecuente de quedada. O en el barrio de Hortaleza (Madrid) los jóvenes orbitaban en torno a El Colombia, el centro comercial abierto en 1989, en la calle Bucaramanga. Por supuesto, todo confluía en torno a las salas de recreativos, templos de exuberancia juvenil. Adolescentes, rebosantes de dopamina, metían moneda tras moneda en máquinas adornadas con personajes de Pac-Man, Mortal Kombat, NBA Jam o Street Fighter. En Villarrobledo (Albacete) los chavales se reunían en los Recreativos Aroca, que en realidad se conocían simplemente como “los recreativos” porque no había ninguno más en todo el pueblo, o en Palma quedaban en los recreativos de Porto Pi.

En el centro de Madrid, las quedadas confluían en torno a los VIPS, un fenómeno sociológico propio, inaccesible para jóvenes sin dinero

En el centro de Madrid, las quedadas confluían en torno a los VIPS, un fenómeno sociológico propio, inaccesible para jóvenes sin dinero (aunque con el paso de los años la franquicia se extendió hacia el extrarradio ‘democratizándose’). La cadena madrileña suministraba tortitas y sándwiches club, pero también un despliegue lustroso de libros —la mayoría, de la editorial Taschen— y revistas a toda una generación que orbitaba en torno a sucursales como la de Julián Romea, el primer local de España que cerraba en 2025 o el anuncio recientemente del cambio de localización del 'VIPS de Lista' causando gran conmoción generacional. 

La expulsión actual hacia las periferias

En la década de los ochenta y de los noventa, el centro comercial era Internet y ahora Internet es el centro comercial. “El ámbito digital para los jóvenes no está separado del presencial. Puede ser un refugio para la creciente marginalización del ocio nocturno. Más que generar desigualdad, lo digital encapsula y polariza a los grupos y dificulta el ocio interclasista”, describe Feixa.

Como consecuencia de fenómenos como la gentrificación o la privatización, la desigualdad en el acceso a espacios de socialización juvenil ha aumentado los últimos años

El problema en cuanto a la socialización juvenil no es TikTok en sí mismo: es la falta de espacios físicos donde los adolescentes puedan confluir, desahogarse y aprender las reglas de interacción. En este sentido, apunta Bosch que “la creciente privatización de espacios ha reducido aún más los lugares accesibles y seguros para la juventud. En el caso de nuestro centro de Barcelona, además, el turismo en el barrio de Gràcia impacta en el uso del espacio y el coste de los recursos, entre otras cuestiones”. 

“Por desgracia”, concluye Feixa, “las políticas urbanas han tendido a ser adultocéntricas, sin tener en cuenta las necesidades de la juventud”, así que como consecuencia de fenómenos como la gentrificación o la privatización, la desigualdad en el acceso a espacios de socialización juvenil ha aumentado los últimos años, con el resultado de laexpulsión de la juventud hacia las periferias urbanas”.