Una neuropsicóloga explica cómo aceptar las críticas: “El objetivo realista es que nos afecte en su justa medida, ni más ni menos”
Es probable que nuestro jefe nos haya dicho que tenemos que mejorar algo, o que un amigo, medio en broma, diga que nuestro hogar está desordenado. Son críticas que, a quien más quien menos, pueden afectarle. La crítica es una parte natural de la convivencia con otras personas, algo habitual cuando trabajamos en grupo, vivimos con amigos o publicamos contenido en redes sociales.
La crítica es inevitable, no podemos pasarnos la vida recibiendo solo opiniones de cinco estrellas, por mucho que intentemos ser perfectos, así que es importante aprender a gestionarlas para mitigar su impacto y encontrar valor a las palabras que no gustan. Independientemente de las intenciones de la persona, puede sentirse como un rechazo. Y aquí es donde radica buena parte del problema.
El poder de la crítica
Como nos explica Claudia Molpeceres Gómez, neuropsicóloga sanitaria en Centro Crece Torrevieja, “las críticas no sientan bien porque, en el fondo, no estamos diseñados para encajarlas con neutralidad”. Dado que es humano querer pertenecer a un grupo, no contar con la aprobación y aceptación de alguien se puede percibir como algo terrible. “Somos una especie profundamente social: durante miles de años, sentirnos aceptados por el grupo no era cuestión de autoestima, sino de supervivencia. Quien quedara fuera del clan corría peligro, y ese mecanismo sigue activo en nuestro cerebro, aunque hoy el ‘clan’ sea la oficina, la familia política o un comentario en redes sociales”, afirma Molpeceres.
La crítica significa o implica que nos hemos desviado de alguna manera. Y, en el peor de los casos, ser rechazado por el grupo significa estar solo. Que nos digan que nos hemos pasado con algo puede hacernos sentir incapaces y, como somos seres sociales, no queremos que los demás nos vean mal por decepcionarlos o equivocarnos, solemos ponernos a la defensiva cuando nos critican. “De hecho, sabemos que el rechazo social activa zonas cerebrales muy parecidas a las del dolor físico: una crítica, literalmente, duele”, afirma Molpeceres.
Por qué a unas personas las críticas les afecta más que a otras
Es verdad, no a todo el mundo le afectan de igual manera. Y esto se debe a aspectos como “la autoestima de base, los aprendizajes tempranos —quien creció en entornos hipercríticos suele estar más en alerta— y la famosa necesidad de agradar, especialmente en personas perfeccionistas o con miedo al conflicto. Así que no es una sola causa, sino una mezcla de biología, historia personal y carácter”, matiza Molpeceres.
La reacción a una crítica, en realidad, a menudo es algo un poco complejo. Porque lo que nos hace reaccionar a ella muchas veces no corresponde a lo que el otro dice “sino a lo que interpretamos que dice; entre el comentario y nuestra emoción siempre hay un pensamiento intermedio, muchas veces automático: ‘lo ha dicho con segundas’, ‘piensa que soy un desastre’, ‘me lo dice para fastidiarme’. Esta interpretación es la que dispara el malestar, no las palabras en sí”, explica Molpeceres. Porque cuando la crítica va más allá, “toca una inseguridad propia, escuece mucho más”, afirma la experta.
La sensibilidad a la crítica describe no solo la reacción ante la retroalimentación crítica, sino también la capacidad de comprenderla e interpretarla. Y muchas veces, “si alguien me señala un error y yo ya dudaba de mi competencia, su comentario aterriza en una herida abierta. Y, si encima estoy cansada, estresada o he tenido un mal día, mi capacidad de filtrar racionalmente lo que recibo se reduce y reacciono de forma más defensiva”, reconoce Molpeceres.
Puede surgir cuando no se desean ni se esperan, lo que suele propiciar una reacción defensiva que, en general, resulta contraproducente. Incluso cuando se solicita esta retroalimentación, la crítica recibida puede no ser la esperada y a algunos les puede resultar difícil aceptarla sin sentir que se trata de un ataque personal o injustificado.
Relativizar el impacto de una crítica
¿Cómo podemos actuar cuando recibimos una crítica? Irremediablemente, una crítica nos afecta, de alguna manera u otra. De lo contrario, habríamos “desconectado emocionalmente, y esto tampoco es sano”, advierte la experta, que reconoce que “el objetivo realista es que nos afecten en su justa medida, ni más ni menos”. Y para ello es fundamental protegernos por dentro. “Si mi valor depende de la aprobación ajena, vivo en una montaña rusa permanente. La autoestima sólida se construye sobre coherencia personal: actuar en línea con lo que uno valora, cumplir los compromisos con uno mismo y reconocer los propios logros sin necesitar que otros lo validen”.
Vivir conociéndonos a nosotros mismos y evaluar los acontecimientos según nuestros propios valores nos lleva a una vida más equilibrada. En este contexto, lo más probable es que las críticas de los demás sean, en el peor de los casos, una sorpresa y, en el mejor, una valiosa lección. Porque “no podemos gustar a todo el mundo; tampoco todas las críticas merecen nuestro tiempo, sobre todo en entornos como redes sociales”.
Como indica Molpeceres, “lo primero que podemos hacer ante una crítica es ganar tiempo y pasar la primera oleada emocional, que apenas dura un par de minutos si no la alimentamos con pensamientos”. Por tanto, aquí nos puede ayudar “respirar, no responder en caliente y darnos un momento para evitar actuar desde la reactividad y que luego nos arrepintamos”, afirma Molpeceres. Mantener la calma y posponer la conversación nos ayuda a alcanzar un estado de calma.
Muchas veces la crítica se centra en lo que no se desea de nuestro comportamiento, como llegar tarde o contestar de mala manera. Puede ser útil, pero señala problemas percibidos, no soluciones. Y aquí entra en juego otro aspecto fundamental: separar el contenido de la forma. “En ocasiones, la crítica está mal expresada pero contiene información útil, quedarnos solo con el tono nos hace perder el aprendizaje”, matiza Molpeceres.
Un siguiente paso al enfrentar críticas es hacerse preguntas sobre de dónde proceden. ¿Quién nos critica? ¿Es alguien a quien respetamos? ¿Cómo es nuestra relación con esa persona? Para Molpeceres, “la opinión de alguien con criterio sobre el tema no pesa lo mismo que la de un desconocido en redes”. Tampoco es lo mismo recibir una crítica del tipo “’esto que has hecho no está bien’ o ‘eres un desastre’, porque el error es puntual, pero nuestra valía, no”, advierte Molpeceres.
Reconocer qué es lo que sentimos cuando recibimos una crítica es algo fundamental: podemos estar molestos o decepcionados, pero no es normal darle demasiadas vueltas, debemos ser capaces de retomar la actividad diaria para que la emoción se regule sola.
“Si una crítica deja huella, genera ansiedad sostenida o nos hace evitar situaciones, detrás puede haber una vulnerabilidad emocional que merece atención profesional”, concluye Molpeceres.