Lo que ayer no conté
“Algo muy malo ha pasado”, me dice ella con acento brasileño. La periodista que se sienta junto a mí en el autobús no me conoce de nada, no hemos cruzado antes palabra ni tampoco entiende muy bien el castellano, pero no hacen falta idiomas para interpretar mi cara. Llevo media hora colgado del móvil, conteniendo las lágrimas, llamada tras llamada. Algo muy malo ha pasado. Mi abuela Maxi, la madre de mi padre, ha fallecido hace unas horas: un derrame cerebral, algo injusto, fortuito e inesperado. Me acabo de enterar, poco después de pasar el primer control de seguridad del G20, a primera hora de la mañana, al minuto de mandar el primer SMS de ayer a este blog.
“Me queda un consuelo”, le cuento a la desconocida: “Al menos pudo conocer hace unos días a su primer bisnieto, mi hijo”. Ella me mira y me dice: “Siempre que uno viene, otro se va”. No supe qué responder.
Alguien preguntaba en los comentarios si me había dejado algo sin contar de la cumbre, algo importante. Y sí, me había dejado esto dentro. Supongo que ayer me volqué tanto en el blog para evadirme de ello. Supongo que por eso hoy no he escrito nada. Mi abuela no sabía qué era el G20 y tampoco manejaba Internet. Pero estoy seguro de que le habría encantado que yo le leyera todo lo que ayer escribí.