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La comisión del 11-M, según Galbraith

Juan Carlos Escudier

En su dilatada vida, John Kenneth Galbraith, el que fuera economista de cabecera de Roosevelt, ha tenido tiempo hasta para dedicarse a la novela. El profesor de Harvard no es Madame Bovary pero sirve a Galbraith para desarrollar una singular teoría sobre la euforia financiera: las ilusiones autorreforzadas de la multitud hacen perder la inteligencia al individuo. La locura de las masas puede convertir a una persona en un genio financiero o elevar a los altares de la opulencia a una empresa o a una institución y, probablemente, a un país. Para hacerse rico a costa de esta corriente de demencia basta con invertir en su fracaso, que es perfectamente predecible.

Galbraith lo llama Índice de Expectativas Irracionales. Si la realidad aséptica equivale a 100, el optimismo desbordado y la embriaguez colectiva van multiplicando este valor. Cuanto más alto sea, más posibilidades existen de que el castillo de naipes se desplome. Con algunos retoques, el índice podría ser aplicado a otro tipo de irracionalidad, la política, una enajenación cada vez menos transitoria.

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