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Daos un besito y haced las paces

Si no fuese porque hablamos de los dos dirigentes del PP que más presupuesto público gestionan, las andanzas de don Carnal Gallardón y doña Cuaresma Aguirre no darían más que para la letra de una canción de Pimpinela. Ayer, un mes y tres días después de que el choque entre la ambición de ambos provocase un agujero negro en Génova, Mariano Rajoy consiguió que se diesen un besito, que no es poco. Con suerte, en unos años, los madrileños tendremos un alcalde y una presidenta autonómica con una relación más cordial entre ellos. Como si fuesen de partidos rivales. Como si se hubiesen divorciado por lo penal.

El que se mueve no sale en la placa

El beso, qué ironía, llegó en la inauguración del nuevo intercambiador de Moncloa. El texto de la placa tiene su aquel, pues Esperanza aparece y Alberto no. Gallardón no sale en la placa de la inauguración más que como “alcalde de Madrid”, sin el nombre ni los apellidos. Según dicen en el Ayuntamiento, Gallardón siempre se inmortaliza así, en plan modesto. Esperanza, por su parte, sólo se olvida del correo electrónico: pone el cargo, el doña, el nombre y hasta el Gil de Biedma de los Gil de Biedma de toda la vida.

El beso y la zanahoria

Tras el numerito del beso durante la inauguración en Moncloa, Mariano Rajoy premió a Gallardón con una galletita. En un acto rodeado de deportistas, el candidato del PP agradeció al alcalde de Madrid “sus esfuerzos” y le prometió todo el apoyo del Partido Popular para la candidatura olímpica de Madrid 2016. Es todo un gesto. Aunque cabe preguntarse qué tendría que pasar para que su propio partido negase al alcalde de Madrid su respaldo para luchar por el sueño olímpico. Con Esperanza, ¿es posible?