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Gallardón calla y espera

Arsenio Escolar

A medida que de la gran cloaca madrileña fluye más y más mierda, crece entre algunos miembros cualificados del PP la sensación de que están asistiendo a los últimos días o a las últimas semanas de los dos líderes del partido: Mariano Rajoy, el presidente, y Esperanza Aguirre, la lideresa de la oposición interna. Eso de que Rajoy es hoy un poco más cadáver político que ayer, pero menos que mañana, ya lo aplican también algunos a Aguirre, presidenta del Gobierno regional donde nació y creció la trama de los espías y presidenta también del partido en el que campaba a sus anchas una nutridísima trama de corrupción.

Los dirigentes políticos suelen tener una gran capacidad de aguante, por lo general mayor cuanto más arriba se ha llegado en el escalafón, y aún es posible que tanto Rajoy como Aguirre (o uno de los dos) sepan gobernar la crisis y salvar su pellejo. Lo tienen difícil, porque no dependen de sí mismos y tienen demasiados flancos abiertos: flancos políticos (internos y externos), flancos judiciales y fiscales, flancos mediáticos (también internos y externos). Si Rajoy cae (tras las elecciones vascas y gallegas, por ejemplo) y Aguirre aguanta, ésta probablemente quedaría tan tocada que no tuviera fuerzas ni crédito para pugnar por el liderazgo nacional del partido.

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