Gobiernos al sol
Palabrita de Zapatero: “El crédito de España es muy alto en el mundo, fruto de lo que hemos hecho todos durante 30 años. El que menos ha hecho, fíjese, le puedo decir, es este Gobierno, estoy dispuesto a admitirlo”. La declaración, tan comentada, ha sido interpretado por unos como un desliz, por otros como una confesión; como una exhibición inconsciente del sentimiento de culpa de Zapatero ante la gravedad de la crisis. Algo de ambas hay, pero me apunto a una tercera vía: lo que el presidente dijo anteayer en el Parlamento es también una enorme obviedad. Responsabilizar en exclusiva a los gobiernos del gran éxito histórico de la economía española, a pesar de los últimos fracasos, es tan ridículo como culpar a Zapatero de que la selección haya perdido en Sudáfrica.
El modelo de crecimiento que ha seguido España apenas se ha movido en 25 años: turismo, ladrillo y Unión Europea. Los distintos cambios en el Ministerio de Economía han sido matices del mismo color; ningún Gobierno se inventó otra rueda. Siempre que surge el debate sobre qué queremos ser de mayores, apostamos por convertir esta península en la California de la UE: tecnología, coches eléctricos y energías renovables. Y está bien esa ambición, aunque esta península se parece mucho más a Florida: sol, turistas y jubilados del norte.
La opinión de Zapatero sobre el papel secundario del Gobierno al menos contrasta con el oportunismo de Rajoy, cuya gran propuesta para salir de la crisis consiste en que sea él quien mande. O con esos dos jarrones chinos que andan con su ego de gira: con el agrio Aznar, aquel que decía que el milagro económico era él y que parece buscar que España quiebre para que así la historia le reivindique; o con Felipe y su pico de oro, al que se le agradece el optimismo, pero que se podía ahorrar esas recetas de la Coca-cola que tan chispeantes suenan y que él, cuando pudo, no aplicó.