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Guateque para dos

Jesús Maraña

La escena es perfectamente imaginable. Mañana domingo, a las doce del mediodía, Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón suben al escenario del pabellón Madrid Arena como teloneros del líder, Mariano Rajoy, en la clausura de la Conferencia Política del Partido Popular. Y en lugar de ceñirse al guión previsto, les da un ataque de sinceridad ante el micrófono. Entonces podríamos escuchar un par de lindezas al estilo de las que se dedicaban lady Astor y Winston Churchill en los años treinta. La diputada conservadora le gritó un buen día en el Parlamento al primer ministro: “¡Si yo fuera su mujer le pondría arsénico en el café!”. A lo que él, con sus mofletes sonrientes color coñac, respondió: “¡Si yo fuese su marido, me lo bebería!” .

No puede disimular Esperanza Aguirre el regocijo que circula por sus liberales venas cada vez que ve a su íntimo adversario Alberto Ruiz-Gallardón metido en un charco. Y el escándalo de corrupción destapado esta semana en el Ayuntamiento madrileño no es un charco pequeño, más bien un pantano de aquellos que inauguraba su suegro, Utrera Molina, acompañando a Franco para salir en el Nodo.

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