El justiciero
Raquel Diniz
“El justiciero somos todos. Todos y cada uno de los ecuatorianos que reclaman justicia. El Justiciero está en el corazón de todos. Los ecuatorianos aman a El Justiciero porque es el único que resuelve los problemas de la sociedad”. La voz surge de debajo de un pañuelo azul. Unos desconcertantes ojos verdes con lentillas rojas incendian de intriga los silencios. El enigmático Mauricio Montesdeoca me mira a los ojos. Como esperando las preguntas inevitables: ¿eres El Justiciero?, ¿has asesinado a más de 100 personas?
Se adelanta respondiendo: “Mira, El Justiciero es una leyenda urbana, un mito. Es un superhéroe. El pueblo le necesita”. Silencio. El cristal del salón de reuniones del lujoso hotel Oro Verde, en la ciudad de Manta, refleja a los acompañantes de Mauricio, un guardaespaldas y dos asesores. Hacen gestos con las manos. Al otro lado, el océano Pacífico.
El encapuchado mira nervioso a Redway Velasquez, jefe del Movimiento de Justicia Libertaria Alfarista de Manabí, el partido político que Mauricio encabeza como candidato provincial para las elecciones de mañana. Ahora me mira a los ojos. De nuevo a Redway. Y pierde los nervios, gritando: “¡Dejadme en paz! Ya soy mayorcito, no me hagas señas, sé lo qué contestar”. Silencio denso. Una carcajada rompe la tensión. La entrevista, de nuevo, avanza con sosiego.
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La historia de El Justiciero comienza el 28 de diciembre de 1997. Tres encapuchados entran en la casa de la familia Montesdeoca, en la ciudad de Portoviejo. Y masacran a los hermanos de Mauricio. Nicola (35 años) y José (30) mueren acribillados. Milagrosamente, Mauricio consigue escapar.
La familia Montesdeoca, que siempre tuvo una buena condición económica, huye a Estados Unidos por razones de seguridad. La tragedia, en palabras del propio Mauricio, deja su corazón “lleno de un dolor incomprensible”. Y de una indómita sed de venganza.
Mauricio decide prepararse. Entrenarse con los mejores. Algunos rumores aseguran que se formó en Israel. Otros, con paramilitares en Colombia. Nadie lo sabe a ciencia cierta. Para aumentar el halo de misterio, el nombre de Mauricio Montesdeoca figura entre los desaparecidos en las Torres Gemelas de Nueva York en el 11-S.
Tras los atentados, aparece en Ecuador. Poco tiempo después, comienzan a aparecer personas muertas. Cadáveres de traficantes, de mafiosos, de secuestradores. Cuerpos acribillados. Y un pequeño cartel con el nombre de cada difunto. Chani. El chico del millón. Xavier Bravo Pico. Víctor Hugo. Los principales criminales de Manabí van cayendo. Y muchas veces, con una firma misteriosa al lado: el Justiciero. A finales de julio de 2006, aparecen cuatro cadáveres con un cartel inequívoco: “Ha llegado el tsunami para los secuestradores. El Justiciero”.
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