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Como una ola

Vuelve Francisco Álvarez-Cascos, y el pobre lo hace contra su voluntad, porque Asturias le necesita, por aclamación popular. “Es evidente que hay una marea creciente de personas que consideran oportuno mi regreso”, dijo ayer en la COPE, como apenado por ese tsunami popular que le arrastra otra vez al mar de la política. Cascos no se tira a una piscina sin agua. En Génova conceden que su candidatura a la presidencia del Principado es bastante probable, lo cual demuestra otra vez que en el partido incompatible con la corrupción los escándalos no sólo no matan, sino que incluso engordan. Álvarez-Cascos era el secretario general del PP durante los años dorados de la trama Gürtel, cuando Correa y sus cuates subían y bajaban por todas las plantas de Génova 13 del Percebe con las llaves de los mejores despachos en la mano. “Ya te he dicho que yo le he llevado a Bárcenas, a su casa y a Génova, 1.000 millones de pesetas por adjudicaciones de la época de Cascos”, asegura el honesto Correa en una de las grabaciones de la Gürtel, un sumario del que el próximo lunes se conocerán muchos más detalles.

Sin ánimo de ofender –que Cascos, a la que se ofende, te puede poner una querella criminal, como ya ha hecho con algún periodista–, resulta obsceno escucharle hablar a él, justo a él, sobre su ex compañero de Consejo de Ministros, el honrado Jaume Matas. “Ningún partido tiene inspectores de hacienda ni policía para investigar el patrimonio de sus militantes”, dice Cascos, como si el plusmarquista nacional de fianza carcelaria fuese un pobre concejal de un pueblecito de Burgos al que le hubiesen pillado robando dos gallinas. Aunque le doy la razón en una cosa: hay una marea creciente, sin duda. Pero es otra marea negra.