El Pacto de La Moncloa, dos
La definición no es mía. Es la que usa en privado el presidente Zapatero para referirse a ese posible pacto de Estado del Gobierno con los sindicatos, la patronal y el PP: un superacuerdo anticrisis que englobe las pensiones, la energía, los flecos de la reforma laboral..., el sentido de la vida, el universo y todo lo demás. El optimismo va por barrios; también era optimista Zapatero hace menos de un año, cuando fracasó el anterior intento de negociar la paz social. Pero desde entonces muchas cosas han cambiado y parece que esta vez sí hay margen para que el “Pacto de La Moncloa, dos” se haga realidad.
Para empezar, ha cambiado muchísimo la patronal. Joan Rosell no tiene ni los pufos ni tampoco la actitud perdonavidas del moroso Díaz Ferrán. Rosell lleva diciendo desde que se presentó que hace falta un acuerdo, que está dispuesto a “quemarse a lo bonzo si hace falta” con tal de pactar.
También han cambiado los sindicatos mayoritarios, aunque sus líderes sigan siendo los mismos. Tanto CCOO como UGT creen que el margen que deja la UE es estrecho: temen que, si ahora no pactan, lo que venga después será peor. ¿Resistir el embate? Ojalá. Hay bastante cabreo entre los trabajadores y parados. Pero hay muchísima más resignación.
Tampoco es el mismo Gobierno. Zapatero, el de “la crisis no la pagarán los más débiles”, se transformó en el “cueste lo que cueste y me cueste lo que me cueste” tras la semana negra contra el euro de mayo de 2010. Estamos, además, a unos meses de unas elecciones autonómicas y municipales en las que las perspectivas para el PSOE no pueden ser peores.
¿Y el PP? Bien, gracias. Esperando a heredar, con muy poquitas ganas de negociar. Pero si los demás pactan, les costará encontrar excusas para seguir en el no.