Pitis
Enric Juliana
Pitis es una estación de metro que conduce a la Nada. Arriba no hay ni un alma. Unas calles apenas esbozadas, unas farolas sin luz, unos semáforos sin párpados y diez o doce bancos de madera mal envueltos por unos plásticos negros que están cediendo al hastío. El plástico transmite una gran tristeza cuando ya no sirve para nada. En Pitis, noroeste de Madrid, estación término de la línea 7 del metro y extraño punto de engarce con los ferrocarriles de cercanías, sólo hay una persona atenta al más solitario de los transbordos. Una chica de gesto vivaz espera en la taquilla de Renfe la avalancha de pasajeros que nunca llegará. Aparentemente ajena al vacío existencial, muy profesional, muy en su sitio, fiel al reglamento como un agente de aduanas del imperio austro-húngaro en el puesto más olvidado de Galitzia y Lodomeria, la muchacha indica con sonriente presteza cuál es la escalera que conduce a la Nada.