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Réquiem por Rajoy o por Zapatero

Juan Carlos Escudier

Han dicho Rajoy y Zapatero, en lo que ha sido su único punto de coincidencia en la campaña, que si pierden las elecciones no piensan tomar de las de Villadiego y que, salvo debacle, en el caso del primero, o petición expresa del partido, en palabras del segundo, no habrá quien les apee del burro ni a empujones. Se trata, sin duda, de una refinadísima broma, conocido es el carácter chancero de ambos candidatos y su afición por las cuchufletas. ¿O no?

En el PP el chiste se empezó a contar antes de que se iniciara oficialmente la cuenta atrás hacia el 9 de marzo y de que el propio Rajoy en persona nos matara de risa. Tal y como se explicaba en el círculo de confianza del líder del PP una derrota no tendría por qué implicar su dimisión, sobre todo si se mejoraban los resultados obtenidos en 2004. En definitiva, que si el PP conseguía, pongamos por caso, 147 escaños, uno más de los que tenía hasta ahora, el resultado debía ser considerado un éxito de crítica y público, un avance incontestable y, en consecuencia, ni gatopardo ni leches, nada tendría que cambiar para que todo continuará exactamente igual.

El último argumento de peso miraba directamente al carismático predecesor. ¿Acaso Aznar no había necesitado concurrir a tres elecciones antes de poder cambiar las cortinas de Moncloa? Irrefutable. Y si el mejor presidente que vieron los siglos había necesitado tanto tiempo, ¿iba a exigírsele a Rajoy que batiera un récord?

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