El sicario
Iñigo Sáenz de Ugarte
Qué tiempos aquellos. Cuando Mariano Rubio ya no era uno de los cerebros económicos de la España de Felipe González, un diputado socialista se erigió en una mezcla de fiscal y policía para proceder a un interrogatorio del ex gobernador del Banco de España en el que sólo faltaba el flexo iluminando la cara demacrada del reo. Hernández Moltó recibió el encargo y se aplicó con la furia del converso: “Señor Rubio, míreme a la cara. De frente. Me recuerda, ¿no?”. Ah, la sonrisa del policía torturador que se presenta en la celda. Su simple aparición hace que el delincuente se muera de miedo. Lo que uno imagina casi siempre es peor que lo que sucede.
Por los servicios prestados, Hernández Moltó recibió algunos cargos. El último fue el de presidente de la Caja Castilla La Mancha, ahora intervenida por el Banco de España.