Últimas voluntades
Manuel Saco
El Papa era incapaz de pronunciar una palabra inteligible desde hace una semana o de sujetar un bolígrafo para garabatear algo semejante a una firma. Y sin embargo, la camarilla regente nos hizo creer que reunió fuerzas para firmar una quincena de nombramientos de obispos o que pronunció un imposible mensaje de despedida. Un intento estúpido de escribir el final de un gran mito.