¿Dónde estaba Zapatero?
Manolo Saco
Como no tengo alma de profeta del Apocalipsis, me encanta fracasar en mis predicciones catastróficas. O quizá la reunión de marras no salió tan mal como vaticinábamos los pesimistas gracias a que Mariano Rajoy es capaz de cualquier cosa con tal de llevarnos la contraria. Gracias, jefe de la oposición por llevarme la contraria. Que dios te guarde muchos años como jefe de la oposición.
Si la reunión entre Rajoy y Zapatero nacía con muy malos presagios bajo el brazo, reconozcamos que terminó de manera muy rara. Mariano Rajoy se largó a dar la rueda de prensa a su refugio madrileño de Génova 13, y no abrió la boca sin antes consultar con sus colaboradores lo que tenía que decir. Aunque el encuentro se desarrolló sin testigos, necesitó de sus asesores de imagen y estrategas en la sombra para conocer qué le había parecido la reunión a él mismo. Fantástico. ¿Y qué dijo al final? Pues se atuvo a un guión medido, escrito muchas horas antes, sin duda. “Ahora toca actuar” (...) “La prioridad es la derrota de ETA” (...) Así que “yo apoyo al gobierno para derrotar a ETA”. Esa ha sido la muletilla diseñada por el gabinete de imagen del PP, el apoyo para derrotar a ETA, que repitió media docena de veces, como dando a entender que al gobierno socialista no le interesó nunca derrotar a ETA.
Rodríguez Zapatero, el otro contertulio, estaba en paradero desconocido. En vez de salir a dar la cara y que todos pudiéramos leer entre líneas su lenguaje corporal, además del escrito por sus correspondientes asesores, envió para hacernos un resumen de sus impresiones, como hizo dios con Moisés (cito a dios por segunda vez, ¡voto a dios!), a su vicepresidenta primera, quien, al igual que los asesores de Rajoy, tampoco había estado en la reunión. ¿Cómo habrá sido este encuentro que ni ellos mismos se atreven a explicarlo en caliente, de forma espontánea, sin notas manuscritas, sin antes consultarlo y meditarlo con sus intermediarios y asesores?