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3 de marzo: memoria obrera y democracia

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Estoy segura de que gran parte de las personas de más de 60 años de Vitoria-Gasteiz recuerdan perfectamente dónde estaban el 3 de marzo de 1976. Aquella fecha quedó grabada en la memoria colectiva por su tremendo impacto social y su trascendencia histórica. Y en este 50 aniversario de aquel miércoles negro es esencial reivindicar y poner en valor el papel de los movimientos obreros, sociales y vecinales que levantaron la voz en un momento en el que no había derechos políticos, sindicales y de reunión, con asambleas en iglesias y un contexto que ponía en jaque a los enemigos del movimiento predemocrático en todo el país.

En la capital alavesa, la brutal respuesta de la Policía Armada creada por el franquismo, con el desalojo de la iglesia de San Francisco de Asís y el letal resultado de cinco muertos y más de cien heridos, decenas de ellos de bala, exige reconocer lo sucedido, garantizar una memoria pública digna y reforzar nuestro compromiso con la memoria democrática.

Si hablamos de memoria es necesario recordar que entre 1974 y 1975 la izquierda española se movilizó para reclamar libertad y activar un movimiento huelguístico que pasaría a la historia. Tras la muerte de Franco, la oposición democrática incrementó la presión y en los tres primeros meses de 1976 se convocaron más de 17.000 huelgas en España, una ola que resultó determinante para avanzar en el proceso democrático. Algunas movilizaciones, como las de Madrid, Cataluña, Asturias o el País Vasco, destacaron como ejemplos del hartazgo popular en pleno tardofranquismo. 

Aquel clima confluyó el 3 de marzo en Zaramaga. Pero nada justificaba la reacción de la Policía Armada. Un salario digno, descanso, conciliación familiar, acabar con la discriminación y, por supuesto, solidaridad con compañeras y compañeros. Por cuestiones de este tipo se reunieron aquel miércoles de ceniza en Zaramaga miles de personas que también soñaban con recuperar la libertad.

Gran parte de los asistentes a la asamblea plenaria número 241 desde que inició el conflicto en enero eran llegados de otras provincias españolas y solo querían trabajar dignamente. Personas que pusieron su granito de arena para levantar la Vitoria-Gasteiz que hoy conocemos. Que se enfrentaban a la cerrazón de la patronal y de los herederos de la dictadura. 

La desproporcionada actuación policial hizo el resto. En la ciudad tranquila “donde nunca pasa nada”, como dice el título del libro del historiador Carlos Carnicero que regalé a los Reyes de España el pasado enero en Madrid, de repente se acumulaban los peores acontecimientos imaginables. 

La memoria es algo muy delicado. Y por eso debe ser rigurosa y vincularse a conceptos como verdad, justicia y reparación. He dicho en más de una ocasión que tengo la sensación de que el independentismo se ha adueñado a lo largo del tiempo del recuerdo del 3 de marzo. Ha sido un proceso en el que se ha intentado ‘vampirizar’ la memoria. Y desgraciadamente hay mucha gente que vivió aquel día que lógicamente rechaza las interpretaciones posteriores que se han realizado. Por eso mismo esas personas ni se acercan a Zaramaga cada 3 de marzo porque consideran que el recuerdo se ha politizado.

La memoria es algo muy delicado. Y por eso debe ser rigurosa y vincularse a conceptos como verdad, justicia y reparación

Por eso es esencial dar nuevos pasos en materia de memoria. Uno de ellos ha sido la declaración de la iglesia de San Francisco de Asís como Lugar de Memoria Democrática, recién publicada por el Gobierno de España en el BOE del 23 de febrero en respuesta a la petición que realicé en nombre de la ciudad hace dos años. El siguiente objetivo es convertir el templo en el Memorial de las Víctimas del 3 de marzo lo antes posible, porque Vitoria-Gasteiz se merece un lugar para explicar lo que pasó con el máximo respeto a las víctimas y a sus familias.

No podemos cambiar el pasado, pero sí hacer una lectura razonable de lo sucedido. La herida del 3 de marzo sigue abierta y nos recuerda la necesidad de defender los derechos laborales, la justicia y la paz.