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¿Confluimos o no?

Desde que Ada Colau y otros representantes de partidos y movimientos sociales presentaron Guanyem Barcelona con la idea de crear un frente electoral común para llegar al Ayuntamiento y cambiar así las políticas que han propiciado los recortes que están afectando sobre todo a las capas más desfavorecidas de nuestra sociedad, los Ganemos han ido tomando forma en muchas ciudades españolas. En Euskadi no somos ajenos a este proceso de confluencia y ya se han presentado varias iniciativas, tanto en capitales como Bilbao o Donostia, como en diferentes pueblos de los tres territorios históricos.

En estos agitados tiempos, la idea resulta muy atractiva: dar voz a la ciudadanía, sumar esfuerzos para cambiar las ciudades, transparencia frente a la opacidad que promueven los partidos mayoritarios, democracia participativa, horizontalidad, un código ético como base para la confluencia, etc. La idea es “recuperar” las ciudades para la ciudadanía, para los barrios, para aquellos que se han visto excluidos con la excusa de la crisis. Una idea evidentemente atractiva para aquellas personas que se consideran progresistas y que llevan años (o décadas) militando en partidos, asociaciones, ONGDs o colectivos sociales para intentar cambiar la sociedad hacia un modelo más justo e igualitario.

Pero claro, pasar de la teoría a lo tangible siempre es complicado en política. Y me atrevería a afirmar que en Euskadi lo es más. Lo que le queda a los procesos de confluencia en Euskadi es ese famoso “quinto espacio” que no vota a los partidos tradicionales, que siguen moviéndose en sus ejes derecha-izquierda y nacionalismo vasco o español. Ese espacio que un día fue prácticamente patrimonio de la antigua Ezker Batua y que, tras su catarsis, ahora intentan llenar Ezker Anitza, como referente de Izquierda Unida en Euskadi, o nuevos partidos como Equo, Ikune, y más recientemente, Podemos. Este espacio electoral, al que habría que sumar gente que antes se abstenía o que votaba a otros partidos, es el que pretenden capitalizar los movimientos de confluencia que se están formando en diferentes localidades vascas.

Así, ya se han presentado diferentes iniciativas, como la abanderada por Ikune y que pone el acento en la participación ciudadana a ultranza y que pretende que los partidos se diluyan dentro de la plataforma y que solo se presenten personas, algo prácticamente utópico en este país. También se ha presentado Irabazi-Ganemos, plataforma impulsada por Equo, Ezker Anitza y Alternativa Republicana, partidos que pretenden poner en marcha iniciativas inclusivas en cada localidad para después pasar a un segundo plano y que sean las gestoras las que tomen las decisiones desde la participación, la transparencia y la horizontalidad. Irabazi-Ganemos ya ha confirmado que se presentará en más de 30 localidades vascas y los procesos de confluencia se hallan más o menos avanzados en cada una de ellas.

En cuanto a las capitales, en Bilbao se ha formado Bilbo Irabaziz-Ganemos Bilbao, una candidatura ciudadana plural en la que también participan los impulsores de Irabazi-Ganemos, en Donostia ya hay una iniciativa Irabazi-Ganemos en marcha, mientras que en Vitoria-Gasteiz, el tema está más verde y aún continúan las conversaciones entre partidos y organizaciones sociales para ver si es posible presentar un frente común en la capital alavesa, aunque se esperan pasos importante en los próximos días.

La gran incógnita es que harán los representantes recién elegidos de Podemos en cada una de las localidades vascas. Evidentemente, al ser el “partido de moda” y el movimiento al que las encuestas otorgan unos buenos resultados, la decisión de apoyar a una plataforma o no será posiblemente determinante para el éxito electoral de la misma, aunque en política vasca es muy complicado hacer apuestas sobre seguro. En teoría, Podemos no se va a presentar a las municipales con su marca, pero lo más probable es que lo hagan en algunos lugares con su marca y en otros mediante otras fórmulas, entre las que pueden encontrarse o no las plataformas arriba mencionadas.

La impresión que da este resumen es el de un panorama complicado. Y aún no hemos hablado de las forales, de la elección de candidatos, de elaboración de programas, de primarias abiertas o de formas jurídicas. Y ya estamos casi en febrero. Es cierto que cada día se va avanzando un poco más para presentar estos proyectos destinados a llenar este quinto espacio de la política municipal vasca, del que está por demostrar su flexibilidad. Veremos si somos capaces de dejar a un lado lo que nos separa y potenciar lo que nos une para cambiar el rumbo que hasta ahora han marcado los partidos tradicionales. Es una oportunidad que hay que aprovechar para introducir muchos cambios que la ciudadanía está demandando. Durante los próximos meses veremos si la confluencia es una vía real en Euskadi o si somos incapaces de sumar para proponer proyectos alternativos en nuestras ciudades.

Desde que Ada Colau y otros representantes de partidos y movimientos sociales presentaron Guanyem Barcelona con la idea de crear un frente electoral común para llegar al Ayuntamiento y cambiar así las políticas que han propiciado los recortes que están afectando sobre todo a las capas más desfavorecidas de nuestra sociedad, los Ganemos han ido tomando forma en muchas ciudades españolas. En Euskadi no somos ajenos a este proceso de confluencia y ya se han presentado varias iniciativas, tanto en capitales como Bilbao o Donostia, como en diferentes pueblos de los tres territorios históricos.

En estos agitados tiempos, la idea resulta muy atractiva: dar voz a la ciudadanía, sumar esfuerzos para cambiar las ciudades, transparencia frente a la opacidad que promueven los partidos mayoritarios, democracia participativa, horizontalidad, un código ético como base para la confluencia, etc. La idea es “recuperar” las ciudades para la ciudadanía, para los barrios, para aquellos que se han visto excluidos con la excusa de la crisis. Una idea evidentemente atractiva para aquellas personas que se consideran progresistas y que llevan años (o décadas) militando en partidos, asociaciones, ONGDs o colectivos sociales para intentar cambiar la sociedad hacia un modelo más justo e igualitario.