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No a la complicidad, no a la represión

Melisa Pérez García y Bego Oleaga Erdoiza

Global Sumud Euskal Herria —

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Hace un año, alrededor de 4.000 personas procedentes de más de 80 países nos desplazamos hasta Egipto con un objetivo claro: llegar a Rafah, romper el bloqueo que sufre el pueblo palestino y situar en el centro de la agenda internacional la denuncia del genocidio que Israel está perpetrando en Palestina. La respuesta de las autoridades fue la represión. Cientos de personas fueron deportadas, otras detenidas y retenidas arbitrariamente. Sufrimos agresiones, amenazas, intimidaciones y vulneraciones de derechos fundamentales por el simple hecho de intentar ejercer la solidaridad internacionalista.

Sin embargo, no haber conseguido llegar a Rafah supuso frustración, pero no una derrota. La rabia que nos dejó aquella experiencia se transformó en organización, en compromiso y en movimiento. De aquella determinación nació la primera Global Sumud Flotilla, una acción de desobediencia civil internacional frente al genocidio y el bloqueo.

Durante este último año la solidaridad con Palestina ha seguido creciendo en todos los rincones del mundo. Millones de personas han salido a las calles para denunciar la masacre, exigir el fin de la ocupación y reclamar justicia para el pueblo palestino. Pero paralelamente también hemos asistido a un preocupante aumento de la represión contra quienes se organizan y denuncian. Los tentáculos del sionismo y de los intereses que sostienen la ocupación llegan mucho más lejos de las fronteras de Palestina. La criminalización de la solidaridad, las detenciones arbitrarias, la violencia policial, las agresiones físicas, las torturas y las agresiones sexuales contra activistas evidencian que quienes sostienen este sistema pretenden silenciar cualquier voz crítica.

Por eso afirmamos que Palestina es la causa de la humanidad. Lo que ocurre allí no es un conflicto lejano ni una tragedia ajena. Nos interpela directamente. Nos obliga a pensar globalmente y actuar localmente. Nos obliga a señalar a las instituciones cómplices que se lucran, miran hacia otro lado o incluso blanquean el genocidio. Debemos señalar a las empresas que obtienen beneficios de la ocupación y de la industria de la guerra, como CAF, ITP Aero, Sener, SAPA, Aernnova... Denunciar también las colaboraciones y relaciones mantenidas por centros tecnológicos y universidades como por ejemplo la EHU. Y exigir responsabilidades a instituciones públicas como el Gobierno vasco, Osakidetza o la Ertzaintza, reclamando el fin de toda colaboración con el sionismo y que ni un solo euro de dinero público sea destinado a sostener la industria de la guerra ni a quienes se benefician de la ocupación, el apartheid y el genocidio contra el pueblo palestino.

Asimismo, es fundamental reforzar una herramienta de lucha cotidiana que está al alcance de todas: el boicot. Tenemos en nuestro bolsillo un arma muy poderosa, el boicot económico, cultural y político. Cada decisión de consumo, cada vínculo que se rompe con empresas, instituciones o productos implicados en la ocupación, es una forma concreta de presión. El boicot no es simbólico: es una estrategia histórica de resistencia civil que busca aislar a los responsables del apartheid y del genocidio y debilitar sus estructuras de poder.

Los hechos que hemos presenciado durante estos meses demuestran hasta dónde está dispuesto a llegar el ente sionista para acallar las denuncias. En Palestina estamos asistiendo a una escalada extrema de violencia contra la población civil, con bombardeos indiscriminados, ataques a infraestructuras sanitarias y civiles, y escenas insoportables de personas quemadas vivas, lo que evidencia la magnitud del castigo colectivo que se está ejerciendo sobre el pueblo palestino. Si son capaces de detener, golpear, torturar y encarcelar a activistas internacionales cuyo único “delito” es denunciar los crímenes que se están cometiendo, debemos imaginar qué sucede cada día con miles de palestinos y palestinas sometidos a un régimen de ocupación y encarcelamiento.

El boicot no es simbólico: es una estrategia histórica de resistencia civil que busca aislar a los responsables del apartheid y del genocidio y debilitar sus estructuras de poder

Por ello exigimos la liberación inmediata de todos los presos y presas palestinas, muchas de ellas encarceladas sin cargos ni juicio bajo el régimen de detención administrativa. Estos días hemos visto imágenes devastadoras del doctor Hussam Abu Safiya, detenido desde 2024 por el simple hecho de haber ejercido su profesión bajo asedio, intentando salvar vidas en medio de los bombardeos. Las imágenes muestran un evidente deterioro físico y graves signos de maltrato, generando una enorme preocupación por su estado de salud y por las condiciones en las que permanece encarcelado.

Asimismo, denunciamos la detención ilegal de compañeras de la Global Sumud Flotilla en Túnez y de compañeras del convoy terrestre en Libia. La persecución contra quienes defienden los derechos del pueblo palestino no cesa, pero tampoco cesará nuestra solidaridad.

Frente al genocidio, la ocupación y el apartheid, nuestra respuesta debe ser más organización, más presión política y más solidaridad internacionalista. Porque mientras Palestina resiste, nuestra responsabilidad es seguir denunciando, seguir movilizándonos y seguir construyendo un movimiento capaz de acabar con la impunidad de quienes sostienen esta barbarie.

La solidaridad no es un delito. El silencio, ante un genocidio, es COMPLICIDAD.