¿Estamos preparados ante el calor extremo?
La península Ibérica —y en ella, Euskadi— sufre desde hace más de una semana temperaturas propias del punto álgido del verano, lo que se conoce como canícula y que comprende entre mediados de julio y mediados de agosto. Se trata de un fenómeno anormal para la época del año, cuando técnicamente todavía es primavera.
Llevamos unos días hablando de calor en mayúsculas en la península Ibérica, pero no somos los únicos para los que el verano ha entrado de golpe. Así, en el Reino Unido se estableció un récord el 25 de mayo de 2026, con 34,8 ºC provisionales en Kew Gardens. Al día siguiente, 26 de mayo de 2026, la cifra se superó al alcanzar los 35,1 ºC en la misma estación. Romper un récord histórico por un margen tan amplio en plena primavera evidencia un cambio climático acelerado.
Y no solo de día. La marca de 19,4 ºC registrada en Kenley Airfield (sur de Londres) ya rompió el récord de la temperatura mínima diaria más alta en un mes de mayo, superando con creces la antigua marca de 18,9 ºC de 1947. Ese registro fue destrozado inmediatamente la madrugada siguiente, cuando los termómetros no bajaron de 21,3 ºC en la misma estación. Esto supuso la primera noche tropical registrada en la historia de Reino Unido en un mes de mayo (temperatura mínima sin bajar de 20 ºC).
Este calor no es normal en muchos países ni siquiera en verano. Estamos ante un episodio que afecta a muchas zonas de Europa y vuelve a poner sobre la mesa no solo la urgencia de mitigar peores escenarios de cambio climático, sino de adaptarnos a situaciones que son un auténtico peligro para toda la sociedad.
El Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III confirmó que el verano de 2025 dejó 3.832 muertes atribuibles a las altas temperaturas entre el 16 de mayo y el 30 de septiembre. Representa un incremento del 87,6% respecto al verano anterior. En este mes de mayo de 2026, ya son 36 las personas que han muerto con temperaturas más típicas del verano. Todos los fallecidos son del norte peninsular. De hecho, han muerto 15 personas en Euskadi, 13 en Asturias, cinco en Galicia y tres en Cantabria.
“Una ciudad que solo se puede habitar en verano si puedes pagar aire acondicionado no es una ciudad preparada para el cambio climático”, escribe en 'Agenda Pública' Isabela León Cesín, arquitecta y urbanista, que arroja luz sobre la brecha climática, donde barrios sin sombra, viviendas mal aisladas y hogares vulnerables no pueden protegerse del calor. La respuesta, sostiene, pasa por renaturalizar, rehabilitar y planificar la refrigeración urbana por una cuestión de salud pública.
Aproximadamente el 75% de la población de la Comunidad Autónoma del País Vasco (CAPV) reside en entornos calificados como urbanos, y muchas zonas y barrios en nuestras ciudades y municipios son particularmente vulnerables: el asfalto, el hormigón y la escasa vegetación crean islas de calor urbanas donde las temperaturas pueden ser entre 10 °C y 15 °C más altas que en las zonas rurales.
“Vivir con temperaturas extremas implica dormir mal, enfermar más, vivir peor y asumir riesgos que no deberían depender del código postal ni del nivel de ingresos”, viene a decir Isabela León Cesín. La pobreza energética también significa no poder protegerse del calor en primavera y verano. En Euskadi, unos 55.000 hogares y más de 100.000 personas sufren pobreza energética severa al tener dificultades para mantener una temperatura adecuada en sus viviendas.
Los municipios y sus ayuntamientos y demás entidades locales tienen una excepcional importancia en la lucha contra el cambio climático, especialmente en la adaptación climática: en su seno se determinan muchas cuestiones relativas al uso del suelo y las medidas y las prácticas con las que se puede reducir la vulnerabilidad. Entre otras cosas, pueden aumentar las zonas verdes —los árboles, a través de la sombra y la evapotranspiración, pueden reducir la temperatura del aire entre 2 °C y 5 °C y la de las superficies entre 10 °C y 12 °C en plena ola de calor—; utilizar pavimentos y materiales naturales para bajar la temperatura de los municipios —hasta más de 4 ºC—; transformar patios escolares asfaltados en espacios verdes —en París redujo las temperaturas del suelo en torno a 7 °C—; habilitar refugios climáticos….
Estos días tal y como se recogía en este diario, muchas familias han denunciado aulas de colegios de Bilbao a 30 grados, también en otros municipios vascos, y han solicitado la instalación de “soluciones de climatización, protección solar en ventanas y aulas y zonas de sombra en el patio”. Pero, además de estas medidas, es importante renaturalizar los centros educativos. Esta estrategia crea refugios climáticos, mejora la biodiversidad urbana y transforma los patios en zonas coeducativas, inclusivas y pedagógicas.
La evidencia científica sobre los efectos de las altas temperaturas en el aprendizaje y el desarrollo cognitivo de los menores están cada vez más claros según diversos estudios. De acuerdo con la evidencia científica, se trata de un grupo altamente vulnerable al calor porque tiene un sistema termorregulador todavía inmaduro, produce más calor por kilogramo de peso que los adultos, y tiene una menor tasa de sudoración. La evidencia muestra también que, a más días de calor, más problemas de salud y peores resultados educativos.
Otro tema muy importante son las temperaturas tan altas en los hospitales, hasta con 30 grados, que, si le sumas la fiebre de muchos pacientes, es un cóctel perfecto.
Algunas de las actuaciones enumeradas ya se vienen haciendo en Euskadi, incorporando las llamadas Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN), que son acciones o procesos que utilizan los principios de la naturaleza para dar solución a distintos problemas relacionados con la gestión territorial y urbana como la adaptación al cambio climático, la gestión de los recursos, del agua, la seguridad alimentaria o la calidad del aire y el entorno. Pero es vital, en la situación de emergencia climática en la que estamos, acelerarlas por la importancia y prioridad que tienen.