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Donostia fue capital del motor en 1926: Alfonso XIII, Primo de Rivera y 100.000 aficionados en el Circuito de Lasarte

Iker Rioja Andueza

Vitoria —
5 de abril de 2026 21:32 h

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Este 2026 se cumplen cien años desde que Donostia se convirtiera en capital europea del motor. En julio de 1926, con presencia del jefe del Estado, el rey Alfonso XIII, y del jefe del Gobierno, el dictador Miguel Primo de Rivera, el Circuito de Lasarte, inaugurado tres años atrás, acogió el Gran Premio de Europa de velocidad y otras pruebas durante toda una semana. Aunque finalmente solamente corrieron seis pilotos en la carrera principal, todos extranjeros, asistieron más de 100.000 personas de todo el mundo —cuando la ciudad no llegaba a los 65.000 habitantes— y se estima que llegaron unos 6.000 automóviles, más de los que había matriculado la provincia de Gipuzkoa en toda su historia hasta ese momento. Además de motor, hubo toros, fiestas y todo tipo de celebraciones.

El Circuito de Lasarte no era un autódromo. Se trataba de una ruta de 17 kilómetros y 315 metros que recorría la capital —entonces Lasarte era parte del término municipal de Donostia—, Oria, Urnieta, Andoain o Hernani, donde hubieron de hacerse algunas obras antes del campeonato. En diversos puntos había tribunas para los espectadores y para los medios de comunicación, así como “garages” y 'boxes' y hasta una zona de pesaje y control en la plaza de Okendo, en pleno centro de la ciudad. Asimismo, había dispuestas varias cabinas telefónicas para ir transmitiendo los tiempos de paso y las incidencias. Gipuzkoa era en la época la zona con mayor proporción de líneas por habitante de España, ya que su gestión era aún local y no del recién creado monopolio estatal (Telefónica, 1924).

El Gran Premio de Europa consistía en 45 vueltas a ese recorrido, es decir, 779 kilómetros y 315 metros en total. Era solamente la cuarta edición. Se estrenó en 1923 en Monza, el legendario circuito a las afueras de Milán. Siguió en 1924 en Lyon; y en 1925 se disputó en otro autódromo muy popular aún ahora, Spa, en la Valonia belga. El Circuito de Lasarte también fue ideado en 1923 y se habían celebrado eventos en los años anteriores aprovechando el tirón estival elitista de la ciudad. En toda su historia acogió diez ediciones del Gran Premio de España.

Pero en 1926 se fue un paso más allá. El Real Automóvil Club de Gipuzkoa, tras adelantarse a sus homólogos catalanes, que tenían unas instalaciones muy populares en Sitges, logró para Donostia el gran evento, que pronto atrajo portadas en España y fuera de ella. Como añadido a la semana automovilística hubo corridas de toros, fiestas en el casino Gran Kursaal y otras celebraciones.

El diario matritense 'La Libertad' contaba que “por encima de los resultados técnicos y deportivos” tocaba hablar del “gran éxito de San Sebastián”. “La Bella Easo es, de todas las capitales de España, la más bella y más europea, la más cosmopolita. En ninguna otra hubiera sido posible una organización de tan gran empeño [...]. Dediquemos a San Sebastián los elogios que merece”, se podía leer.

Estas crónicas indicaban que “todos los puntos estratégicos del circuito estaban repletos de público”. Y eso que ese 18 de julio, exactamente diez años antes del inicio de la Guerra Civil, fue una jornada bochornosa, desde luego también para los conductores. “Los detalles todos de una organización tan compleja y formidable fueron cuidados y atendidos con esmero. Y si el estado de las carreteras del circuito era magnífico, no menos elogiable fue el trazado, su vigilancia y la instalación de los servicios”, se añadía.

Y contaba más el corresponsal de 'La Libertad': “En la tribuna de la prensa se da uno cuenta del cosmopolitismo de la carrera. Es una Babel en pequeño. Allí se habla francés, inglés, alemán, vasco, catalán y hasta un poquito de español. Pululan los tipos raros, las perillas, las barbitas, los trajes extravagantes, los sombreros inefables. Hay chalecos fantasía, gafas, monóculos, varias máquinas de escribir”. Estaba, por ejemplo, Charles Faroux, reportero especializado francés, que tomaba notas a mano con la ayuda de un cronómetro. Otro alemán tenía “tres cuadernos, dos plumas estilográficas, unas tablas de logaritmos, dos cronómetros y un tintero”. Y un caricaturista hacía dibujos.

Siendo la prueba en domingo y no habiendo prensa los lunes, salvo la de guardia, fue 'El Noticiero del Lunes' el que recogió la primera crónica. Su edición de Madrid llevaba a portada “la gran prueba automovilística de Europa” con siete fotografías del evento. La Kutxateka tiene centenares de imágenes de esa jornada, así como de otros eventos en el Circuito de Lasarte.

Ese periódico informaba de que las 9.30 horas llegó a la salida el jefe del Estado, Alfonso XIII, bisabuelo de Felipe VI. La familia real veraneaba en Donostia. “Minutos después” apareció el dictador Primo de Rivera. Y, finalmente, la reina María Cristina, favorita de la ciudad. A las 10.00 horas “en punto” se dio la salida. Era de 'tipo Le Mans', es decir, con los pilotos fuera del coche y con el motor parado. Los bólidos eran “inmensos”. Aunque a última retirada se retiraron algunas escuderías -años atrás habían corrido el campeonato casas como Fiat o Alfa Romeo-, sí había en la parrilla máquinas de Bugatti o Delage.

Con el paso de las vueltas, los coches se iban parando para “aprovisionamiento” y reparaciones. Se destacaba que los mecánicos eran capaces de cambiar una rueda en solamente 43 segundos. El público aplaudía a rabiar al paso de los coches mientras se refrescaba con bebidas. Las máquinas eran de 1.500 centímetros cúbicos y un mínimo de 700 kilogramos de peso

Tras varios cambios en cabeza, conveniente documentados por teléfono y con los cronómetros, un francés llamado Jules Goux, a los mandos de un Bugatti, fue el ganador final. Superó al italiano Bartolomeo Constantini, también con el mismo coche. Con la retirada de 16 conductores, solamente compitieron en 1926 Robert Benoist, francés, Edmond Bourlier, francés, Ferdinando Minoia, italiano, y André Morel, también francés. El ganador hizo una media de 113 kilómetros por hora, pero la vuelta rápida llegó a superar los 130.

El ganador se llevó una gran copa en nombre de la Corona, el trofeo del Gran Premio de Europa y 50.000 pesetas en metálico. En comparación, el Ayuntamiento había puesto 300.000 para la organización, según la prensa. El segundo se quedó con 20.000 pesetas de compensación. El Real Automóvil Club de Gipuzkoa dio las gracias al jefe del Estado y a su familia por la asistencia, así como al general Primo de Rivera, “al que en medio de grandes aplausos llamaron salvador de España” los donostiarras, según la prensa.

El callejero de la actual Lasarte-Oria recoge dos recordatorios de esta época. Uno es el paseo del Circuito y el otro la calle de las Tribunas. El circuito celebró sus últimas carreras en 1935. El verano siguiente ya fue de Guerra Civil y nunca se retomó esta actividad. En 1928 compitieron por vez primera allí dos mujeres, Janine Jennky y Anne-Cécile Rose-Itier.