Vitoria acumula ya diez años sin toros en fiestas, aunque Euskadi vivirá en 2026 el primer repunte de corridas desde 2012
Vitoria, este 2026, ha tomado dos decisiones que ponen en evidencia que no tiene ninguna intención de recuperar las corridas de toros para sus fiestas de La Blanca. Por un lado, ahora que se cumplen diez años desde el fin de la feria taurina, se ha modificado el recorrido del 'paseíllo' de las cuadrillas de blusas y de 'neskak', que hasta el pasado año se mantenía como una ida y una vuelta a la plaza de toros. Ahora ya solamente animan las calles del centro en un recorrido único. Y, por otro lado, se ha presentado un proyecto de reforma millonaria del Iradier Arena, el nombre del coso, que le haría perder el ruedo y quedaría reconvertido ya en espacio exclusivo para espectáculos culturales.
“Nada es irreversible en la vida. Nunca se puede decir del todo que es un camino de no retorno y más con los retrocesos que ya asoman en otros temas ambientales o de protección animal, pero, sí, somos la única ciudad grande del entorno donde no se celebran toros en fiestas y no ha pasado nada”, se congratula Andrés Illana, de Ekologistak Martxan. Para Illana, el final de las corridas en 2016 fue “un hito importante, sin duda”. “Los toros no están prohibidos en Vitoria. Simplemente, el Ayuntamiento decidió no subvencionarlos”, cuenta. Aquello coincidió con el final de los elefantes o los leones en el circo o con el cambio de borricos por barricas, es decir, con la desaparición de la carrera de burros del programa del 25 de julio.
El Iradier Arena es una infraestructura relativamente nueva, de 2006. Con Alfonso Alonso (PP) como alcalde, se estrenó una nueva plaza de toros próxima a la antigua, de 1880 pero reformada en 1941 tras ser usada como campo de concentración en la Guerra Civil. Durante diez años se programaron festejos taurinos, pero la asistencia de público era cada vez menor. Las cuadrillas de blusas y 'neskak' hacían el 'paseíllo' pero, en muchos casos, se quedaban fuera de la plaza. Había protestas en la puerta. La última corrida en la historia de una ciudad que en el pasado estuvo muy vinculada a la tauromaquia fue el domingo 7 de agosto de 2016. Dos tercios de los asientos estaban vacíos, según la crónica de 'El Mundo'. Saltaron al ruedo los matadores Miguel Ángel Parera, Joselito Adame y Ginés Marín, sustituto de última hora de Cayetano Rivera Ordóñez.
La empresa gestora de la plaza en 2015 y 2016, llamada Coso de Badajoz, no ejercitó su derecho a una prórroga para 2017 y el siguiente concurso quedó desierto. Nunca más se volvieron a programar toros y nadie lo ha intentado tampoco. Los datos de asistencia hablaban por sí mismos. Desde que se inauguró el nuevo coso, los espectadores a las corridas habían caído en una década un 70%. Los festejos apenas reunían una media de 2.000 asistentes para un aforo próximo a los 10.000. El 7 de agosto de 2014, justo dos años antes de la última corrida, se batió todo un récord negativo, apenas 873 personas.
Por el contrario, Carlos Aísa, tesorero el Club Taurino de Vitoria, mantiene la “esperanza” de que vuelvan los toros a la ciudad. Recuerda como “muy bonita” la época de Vitauri, un grupo de promotores locales. “Era gente comprometida. Luego lo dejaron, vinieron otros, se mezcló el tema político y hasta ahora”, cuenta. Sostiene que “en Vitoria sigue habiendo afición”.
Esa afición es “ínfima”, replica el edil de la oposición Óscar Fernández, de Berdeak Equo, y que era ya concejal hace una década. “La sociedad ha evolucionado. Se ha sensibilizado y concienciado. Y ya no comparte que se pueda someter a semejante tortura a los animales como mero divertimento o espectáculo, apelando a la tradición taurina. Afortunadamente, ese sentimiento de rechazo y desaprobación hacia la violencia contra los animales se ha extendido”, defiende en 2026. “Lo que entonces fue un hito histórico, hoy ya es una normalidad asumida por la inmensa mayoría de la sociedad”, agrega Fernández.
La realidad es que la ciudad es una excepción. En Pamplona, el toro sigue siendo el eje de la fiesta. Y es un modelo que parece intocable. Por la mañana, encierros; por la tarde, corridas. Los tendidos se llenan y hay relevo generacional, porque los jóvenes siguen acudiendo en masa a esos festejos, algo impensable en la sociología vitoriana. En Donostia, hubo un cuatrienio con EH Bildu en el Ayuntamiento en que no hubo corridas, un criterio contrario al que mantienen en la capital de Navarra, pero Juan Carlos I mediante, regresaron con Eneko Goia del PNV en 2015.
Y en las primeras fiestas de Jon Insausti, iniciadas este sábado, se han programado tres corridas que se celebrarán la próxima semana. Bilbao, igualmente, abrirá Vista Alegre a final de mes, con seis eventos anunciados, una corrida de rejones y cinco a pie. Azpeitia, otro municipio gobernado por EH Bildu, ha tenido tres festejos por San Ignacio.
Primer incremento de corridas desde 2012
Si las previsiones se mantienen, en Euskadi se cerrará la temporada de 2026 con once eventos en total sumados los de Bilbao, Donostia y Azpeitia. Son muchos menos que los 25 de la temporada 2012, por ejemplo, pero es el primer repunte desde entonces. Fueron 20 en 2018, 16 en 2026 tras el parón forzado por la pandemia de la COVID-19, 13 en 2023, 11 en 2024 y cayeron al mínimo de 9 en 2025. Son datos de la Comisión Vasca Asesora para Asuntos Taurinos, que elabora memorias anuales sobre los festejos.
En Euskadi, además, el Gobierno de PNV y PSE-EE ha presentado y aprobado en el Parlamento Vasco hace solamente dos meses una ley que, textualmente, destaca la “larga y documentada tradición en Euskadi” de la tauromaquia. La norma, apoyada por PP y Vox en la Cámara, buscaba regular y retomar los denominados festejos “de fomento”, es decir, sueltas de reses pequeñas para que participen menores, “perpetuando esta práctica que forma parte del patrimonio cultural y favoreciendo la integración de las personas jóvenes en las festividades populares”. Los ganaderos y organizadores se mostaron muy contentos de este cambio normativo, mientras que los ecologistas alzaron la voz, aunque solamente tuvo el voto en contra de Sumar, con un escaño de 75 en el Parlamento. EH Bildu se abstuvo. “Efectivamente, hemos visto que se ha favorecido que los menores puedan participar, también en temas de caza”, dice Illana sobre esta ley y sobre otra para garantizar el relevo generacional en las batidas.
Vitoria, a pesar del final de las corridas en 2016, mantuvo en el Iradier Arena las sueltas de vaquillas. Se están haciendo también este 2026, de hecho. Pero no podrán continuar en 2027 en la misma ubicación. A finales de julio, la edil local de Cultura, Sonia Díaz de Corcuera, del PNV, presentó la reforma del recinto, anunciado en su día como “multiusos” pero que apenas ha podido acoger algunos eventos más allá de su diseño como plaza de toros. Sí fue casa del Baskonia durante la última reforma del Fernando Buesa Arena, allá por 2011, pero no ofrece los mínimos acústicos para conciertos, por ejemplo.
El recinto circular pasará a tener dos salas de conciertos independientes, una con un aforo de hasta 1.500 personas y otra mayor, de 6.000. La inversión estimada para las obras es alta, de entre 42 y 50 millones de euros. “Después de diez años sin toros en Vitoria, era una muerte anunciada. Ahora ya con certeza sé que no podré hacer el paseíllo en la plaza de mi ciudad”, escribió en Facebook Daniel Ollora, novillero vitoriano, al interpretar que era ya la estocada definitiva a la plaza de toros. En Donostia también se ha anunciado la reforma de Illunbe, pero allí sí se mantendrá la posibilidad de que pervivan los eventos taurinos además de los deportivos o culturales.
Desde el Ayuntamiento de Vitoria confirman que “en el futuro Iradier Arena no se podrán realizar” ni corridas ni otros festejos. Tampoco las vaquillas. Como alternativa, el Gobierno local entiende que “se pueden realizar en lugares que no sean plazas de toros”, aunque por el momento no se concreta dónde o cómo. “Como es un acto que funciona, se buscaría otro emplazamiento en la ciudad”, sostienen desde el equipo de Díaz de Corcuera. Tocará esperar a 2027.