Economía circular, una herramienta para la resiliencia climática que también es oportunidad de negocio

No hay necesidad de falsas dicotomías: las empresas pueden ser sostenibles y, al mismo tiempo, mejorar sus perspectivas de negocio. Esta es una de las principales conclusiones que ha arrojado este jueves la primera mesa de debate del Foro ReGenera, una jornada de reflexión en torno a la economía circular organizada por elDiario.es. Esta ha contado con la participación de Ana Puente, subdirectora general de Finanzas Sostenibles y Digitales del Ministerio de Economía, Comercio y Empresa; Renata Bárbara Kubus, profesora del Departamento de Administración Financiera y Contabilidad de la Universidad Complutense de Madrid y Macarena Ruiz-Quintana, directora de Sostenibilidad de BBVA en España. La charla ha sido moderada por Álvaro Celorio, jefe de Economía de elDiario.es.

“En un momento de aumento de temperaturas, incendios, danas y daños más que notables, no deja de ser el momento de tener la resiliencia climática como una prioridad para el tejido productivo y de lo que consideramos prioridades de financiación”, ha comenzado explicando Puente, quien ha subrayado que esta resiliencia medioambiental resulta imprescindible para una mejora a largo plazo. Dentro de este engranaje, la economía circular es una pieza más. Como muestra, por ejemplo, el Libro Verde de Finanzas Sostenibles en España, aprobado por el Gobierno a finales de 2024, y el Consejo de Finanzas Sostenibles, una herramienta de gobernanza público-privada que trata de impulsar la financiación en economía sostenible. 

Son iniciativas que encuentran apoyo desde la academia, como ha destacado Kubus: “Aunque resulte contraintuitivo, la economía circular es más importante que nunca porque nos permite por ejemplo reducir la dependencia de las materias primas, lo que nos trae más eficiencia”. No obstante, la idea se topa aquí con un problema: ¿qué es exactamente la economía circular? ¿Cuándo se puede considerar que un proyecto mejora de verdad el medioambiente? ¿Que una empresa recicle apenas un pequeño porcentaje de sus residuos le permite afirmar que contribuye a la economía circular? Para Kubus, la clave es poner la sostenibilidad negro sobre blanco: “La información y la transparencia son importantes para aplicar un lenguaje común en torno a qué es lo que se considera sostenible y qué es de verdad economía circular. 

En este camino, ha insistido la docente, no se trata tanto de encontrar proyectos que se definan como circulares y sostenibles, sino de demostrar que de verdad lo son. “Hay que pasar de las declaraciones de buenas intenciones a las evidencias. No se trata de acciones concretas, sino de implantar toda una filosofía. No actuamos en el vacío: tenemos ya una taxonomía medioambiental y unas regulaciones que marcan los umbrales de los proyectos circulares. Las cuestiones más importantes que tienen que ver con la circularidad están definidas. También hay toda una variedad de etiquetas y normas que permiten demostrar que somos circulares”. Estas etiquetas, ha subrayado Kubus, no son un brindis al sol ni una medalla inservible para la cuenta de resultados: “En algunas investigaciones, hemos visto que los certificados influyen de manera positiva en el desempeño económico de las empresas”. 

Ha coincidido Ruiz-Quintana, que ha recordado que BBVA se ha puesto el objetivo de canalización de negocio sostenible de 700.000 millones de euros desde 2025 hasta 2029 y el banco alcanzó un récord histórico al canalizar 134.000 millones de euros en negocio sostenible durante 2025. Solo en 2025, el banco invirtió 134.000 millones de euros en este tipo de iniciativas. “Queremos ayudar a nuestros clientes a hacer operaciones que garanticen sus márgenes y su competitividad a largo plazo. Creemos que la economía circular debería verse como una estrategia eficiente para las empresas, como algo que mejora sus márgenes operativos. Si una empresa reutiliza su energía, en realidad reduce sus gastos. Por eso, un banco debería apoyarles para convertir el gasto recurrente en ahorro o en nuevas fuentes de ingresos”, ha explicado Ruiz-Quintana. Esto, ha ahondado la experta, también protege los flujos de caja ante regulaciones o cambios de mercado. “Financiar la circularidad es una prioridad para BBVA en este contexto: una empresa más eficiente, más circular, en realidad tiene menos riesgos”. 

Logística inversa, ecodiseño e innovación en materiales: los sectores con hambre inversora

Algunos de los sectores que están mostrando más apetito inversor en economía circular, en opinión de Ruiz-Quintana, son la infraestructura de logística inversa, el ecodiseño y la innovación de materiales. Con todo y con eso, la economía circular todavía tiene un camino que recorrer hasta convencer a empresarios e inversores: “Tenemos un tejido de pymes que a veces ni siquiera es consciente de las oportunidades que le puede ofrecer parte de su actividad. Es ahí donde podemos ayudar. Intentamos aflorar esa demanda con educación financiera: trabajamos en materiales para que las empresas tomen sus decisiones sabiendo riesgos y oportunidades en base a información veraz”, ha explicado Puente, quien ha ahondado en la idea de que la financiación no puede caer solo en el sector público ni en las entidades financieras privadas: “Cada uno tiene que encontrar las piezas que hay que mover. La economía circular es difícil porque por un lado podemos identificar sectores muy críticos, pero por otro hay empresas de otros sectores que también llevan a cabo iniciativas. Hay dinero, pero cuesta que esas necesidades de inversión se traduzcan en proyectos que sean fácilmente financiables a través por ejemplo de préstamos. Y ahí estamos, en convertir lo que sabemos que tenemos que hacer en proyectos financiables”.

¿Cómo lo hace, por ejemplo, una entidad financiera como BBVA? Lo ha explicado Ruiz-Quintana: “Nos fijamos en el mercado de tendencias para ver dónde la sostenibilidad genera verdadero valor. Asesoramos de forma personalizada, y ahí es donde capturamos proyectos interesantes para estructurarlos ad hoc. Para ver si un proyecto es circular, más allá del análisis financiero tradicional, analizamos el modelo de negocio, la hoja de ruta y cómo ese proyecto encaja en la estrategia global del cliente. También miramos si el cliente está midiendo sus riesgos ambientales y si está adoptando medidas para mitigarlos. Ya no solo miramos cuestiones tecnológicas y técnicas o retornos y flujos de caja atractivos, sino que también vemos si ese proyecto puede impactar de forma positiva: reducciones de costes y de insumos, por ejemplo. Es una visión mucho más holística”.

Kubus es partidaria también de este enfoque: “Todos deberían pensar en cómo se alinean, con objetivos ambientales y de circularidad. Tanto empresas grandes como pymes, que no dejan de ser muchas veces proveedoras de las empresas grandes. Qué porcentaje emplean de gastos de capital, de gasto operativo… En cuanto a las entidades financieras, también se les pide una proporción de sus inversiones vinculadas a actividades sostenibles. Se trata de construir una arquitectura de confianza”. Para Ruiz-Quintana, se trata de un tren que hay que coger a tiempo: “Es una oportunidad para hacer una economía autónoma y resiliente”. Puente ha resumido la cuestión volviendo a la tesis de inicio, es decir, nada de elegir entre rentabilidad y medioambiente: “Hay que ver la economía circular como una reducción de costes en el medio y en el largo plazo”.