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OPINIÓN

Sucede Extremadura

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'Sucede Extremadura'. Ese es el lema que este año eligió la Junta de Extremadura para conmemorar el Día Oficial de Extremadura, ya saben ustedes que el día popular, el día que está en muchos corazones es el 25 de marzo. Un lema que, además de rendir homenaje al poeta y cantante más grande que ha parido esta tierra, Roberto Iniesta, nos ofrece una oportunidad que quizá el propio Gobierno de Extremadura no había previsto: hablar de lo que sucede realmente en Extremadura.

Porque sucede Extremadura. Y mucho.

Sucede que mientras la Junta se empeña en construir una postal de nuestra tierra a golpe de escaparate, propaganda y grandes titulares, hay una Extremadura que no sale en las fotografías oficiales. Una Extremadura que espera, que reclama, que se preocupa y que empieza a estar cansada de que le digan que todo va bien mientras sus problemas se hacen cada vez más grandes.

Sucede que nuestro sistema sanitario se deteriora. Que las listas de espera siguen situándonos entre las peores comunidades del país. Que faltan profesionales y que hay servicios que funcionan al límite. Sucede, por ejemplo, que en el Hospital de Mérida, el servicio de oncología está al límite para atender una enfermedad tan sensible y tan devastadora como es el cáncer. Y eso no es una estadística. Son personas. Son pacientes. Son familias que necesitan que su sistema sanitario esté a la altura cuando más lo necesitan.

Sucede también que nuestro medio rural afronta una nueva amenaza. Después de décadas soportando el expolio de nuestros recursos naturales para producir energía que además, desgraciadamente, termina beneficiando a otros, ahora quieren convertir Extremadura en territorio de plantas de biogás. Proyectos que se presentan como modernidad y progreso, pero que pueden suponer más presión sobre nuestros recursos, más contaminación y más cargas para nuestros pueblos.

Y sucede algo que resulta especialmente indignante: mientras nuestros servicios públicos se debilitan, este Gobierno decide perdonar impuestos a grandes multinacionales energéticas que llevan décadas haciendo negocio con los recursos de Extremadura.

Nos dicen que no hay dinero suficiente para reforzar la sanidad, para garantizar servicios públicos de calidad, para cuidar nuestros pueblos o para dar oportunidades a quienes quieren quedarse y construir aquí su proyecto de vida. Pero sí parece haberlo cuando se trata de aliviar la factura fiscal de quienes más tienen.

Sucede Extremadura.

Sucede una Extremadura que no quiere convertirse en la colonia energética de Europa. Que no quiere que sus tierras sean el lugar donde se acumulan los residuos o se instalan las industrias que otros no quieren tener cerca. Que quiere aprovechar sus recursos para generar riqueza aquí, empleo aquí y oportunidades aquí.

Sucede una Extremadura que quiere servicios públicos fuertes, pueblos vivos, agricultura y ganadería con futuro, una sanidad que no abandone a sus pacientes y una economía que no dependa de seguir poniendo nuestro territorio al servicio de intereses ajenos.

Y sucede, también, que Extremadura está cansada.

Cansada de la política entendida como postureo. De los actos cuidadosamente escenificados. De las fotografías. De las campañas de propaganda. De esa obsesión por construir una realidad paralela en la que todo parece funcionar mientras quienes viven aquí conocen perfectamente las grietas.

El pasado 7 de septiembre, cientos de personas se concentraron a las puertas del Teatro Romano de Mérida para reclamar otra cosa. Para decir que esta tierra no se resigna. Que hay otra manera de hacer política. Que queremos otro futuro.Y quizá eso sea, precisamente, lo más importante que sucede hoy en Extremadura. Que hay una Extremadura que no se resigna.

Una Extremadura que quiere oportunidades y no resignación. Que quiere desarrollo y no contaminación. Que quiere derechos y no propaganda. Que quiere servicios públicos y no recortes encubiertos. Que quiere que la riqueza que generan nuestros recursos se quede aquí y sirva para mejorar la vida de quienes viven aquí.

Por eso, este 8 de septiembre, nosotros y nosotras hemos querido hablar de lo que Sucede. 

Sucede Extremadura.

Sucede su gente. Suceden sus pueblos. Suceden sus problemas. Suceden sus luchas. Sucede su cansancio.

Pero también sucede su esperanza.

Porque Extremadura no está condenada a ser la tierra de la resignación. Puede ser la tierra de las oportunidades, de unos servicios públicos dignos, de un medio rural vivo y de un modelo de desarrollo que respete nuestro territorio y ponga en el centro a quienes lo habitan.

Y eso también sucede.

O, mejor dicho, eso está por suceder.