El desplome del marisco en Galicia: cae a la mitad en una década
El sector marisquero lleva varias campañas de pesadilla en Galicia. En cuestión de diez años, las cantidades de bivalvos –almeja, berberecho, mejillón o navaja– que han llegado a las lonjas se han desplomado. Si en 2015 se vendieron 7.795 toneladas, en 2025 fueron solo 3.742. Es decir, menos de la mitad. Hay tres especies que sobresalen por la caída a mínimos en su producción en este periodo: la almeja babosa, con una bajada que roza el 90%; la fina, con un descenso por encima del 87% y el berberecho, que se ha hundido casi un 81%.
Si se analiza la evolución de las ventas en las lonjas –los datos de Pesca de Galicia, una plataforma puesta en marcha por la Xunta, empiezan en 1997–-, se aprecia un comportamiento irregular, con un máximo de producción de bivalvos en 2008 –11.259 toneladas– y ejercicios flojos, como el de 2014, algo por debajo de las 6.000 toneladas, pero nunca aparecen unas cifras tan bajas de marisco como las anotadas en 2024 y 2025.
Lo que ocurre –porque las perspectivas para este año siguen siendo malas– empezó a fraguarse muchos meses antes, con las intensas lluvias del otoño de 2022 y el invierno de 2023. El motivo inmediato del desplome hay que buscarlo en la bajada de la salinidad provocada por la llegada de grandes cantidades de agua dulce a los bancos marisqueros, ubicados en los esteros y en las rías y en los que se registró una mortalidad masiva de bivalvos. Liliana Solís, la bióloga encargada de la asistencia técnica para la Confraría de Noia (A Coruña), lleva 20 años trabajando en la zona y asegura que en este tiempo no había visto una producción tan baja como la que se registra desde 2023. En noviembre de 2022 empezaron a encontrarse con episodios prolongados de bajada de la salinidad, que se fueron repitiendo.
Solís explica que, por los ciclos de estas especies, no les ha dado tiempo a recuperarse porque han vuelto a afrontar el mismo problema. Asegura que estos años se han encontrado tanto en diferentes tipos de almejas como en el berberecho que se han reproducido –algo que ocurre en primavera y verano– y hay incluso una densidad elevada, pero no llegan a crecer hasta la talla comercial. Por una parte, la bióloga se ha encontrado con que no avanzan al ritmo habitual, algo que asocia a una falta de fitoplancton, su alimento. Y por otra, no superan el invierno y las bajadas de salinidad asociadas a la sucesión de temporales. Un berberecho necesita un año o un año y medio para llegar al tamaño suficiente, mientras que algunas almejas necesitan algo más, entre otras cuestiones, porque la talla comercial es más grande. Es decir, los que se han encontrado este año, en la revisión realizada en agosto y principios de septiembre, no se recogerán –si llegan– hasta el año que viene, en el caso de los berberechos. En el de las almejas habrá que esperar a 2028.
La bióloga anticipa que, tras un arranque de año en el que los temporales fueron acompañados de una mortalidad masiva y de toneladas de moluscos muertos, la próxima campaña va a volver a ser “muy mala”. La intención en Noia es, si la Xunta lo autoriza, empezar a mariscar en octubre, pero es pesimista sobre el resultado. En la memoria está la campaña del otoño de 2023, que con apenas 10 días, se convirtió en la más corta de la historia en esta zona. Entonces las críticas de la cofradía noiesa y de agrupaciones como la Plataforma en Defensa da Ría de Arousa (PDRA) señalaron no solo a las lluvias, sino a la liberación de grandes masas de agua dulce del embalse del Tambre sobre la ría de Noia e Muros, de Naturgy. Los efectos de estos desembalses son una drástica caída de la salinidad, el arrastre de materiales y la turbidez de las aguas, señalaron.
La PDRA incluye más elementos para explicar la crítica situación del marisqueo en la ría de Arousa, la más productiva de Galicia: acusa a la Xunta de incrementar las presiones sobre unas aguas ya contaminadas con medidas como verter los lodos del dragado del Lérez en el entorno de Sálvora o la reactivación de la mina de Touro - O Pino. Reclama desde hace años un plan urgente de regeneración de los bancos marisqueros y un saneamiento integral de la ría.
Caídas de hasta el 90%
Los datos de las lonjas muestran que el impacto se está notando especialmente en algunas de las especies de mayor valor comercial. La peor situación es la de la almeja babosa, que pasó de una producción de 1.079 toneladas en 2015 a 116 en 2025, es decir, se ha desplomado un 89,2%. La almeja fina, que ya era menos abundante, pasó en ese mismo periodo de 548 a 70 toneladas, un 87,2% menos. Resiste mejor la japonesa, que ha caído un 21,26%, desde 1.835 a 1.445 toneladas. El berberecho también se ha hundido: ha pasado de 2.649 a 507 toneladas, lo que significa que hay un 80,9% menos.
También bajan los ingresos de los mariscadores, aunque no en la misma medida en la que ha caído la producción. En 2015 el importe total de la primera venta de bivalvos en la lonja llegó a los 64,1 millones de euros, mientras que 2025 cerró en 47,7 millones de euros. El descenso es del 25,6%. El producto, más escaso, se ha encarecido. El precio medio hace una década era de 8,22 euros por kilo, frente a los 12,76 de 2025.